
Este es el premio ARTE Y PICO creado por Eseya y tiene por objeto reconocer la creatividad, el diseño, material interesante y aporte a la comunidad bloggera, sin importar su idioma. Parece una especie de cadena destinada a incrementar las visitas a Eseya, pero me lo mandó mi querida Natiz con unas palabras tan hermosas, que no puedo menos que continuarla.
Un millón de gracias, Natiz, por elegirme. Como te dije en tu blog, sos una verdadera Superpoderosa y estoy segura que si mirás bien por tu telescopio, vas a ver un montón de estrellas matándose por formar parte de tu cielo. Te mando un abrazo.
Las reglas:
1) Se debe elegir a cinco blogs que se consideren sean merecedores de este premio.
2) Cada premio otorgado debe tener el nombre de su autor y el enlace a su blog para que todos lo visiten.
3) Cada blog premiado, debe exhibir el premio y colocar el nombre y enlace al blog de la persona que la ha premiado.
4) Tanto el premiado como la persona que otorga el premio, deben exhibir el enlace de Arte y pico, para que todas sepan el origen de este premio y exhibir estas reglas.
5 blogs...
* Y PARIO KATANA, porque su tristeza no empaña su arte de escribir...
* LOS MESES SE DIVIDEN EN QUINCE DIAS, porque es fuerte como el roble, aunque a veces no quiera...
* SO CLOSE, Tertia is such an amazing woman, full of life, and projects and generosity...
* LOS ARBOLES MUEREN DE PIE, porque la sensibilidad y el sentido del humor de Deyanira nunca la van a dejar morir de pie...
* MIS DIAS FELICES, porque Moni siempre esta ahí, con una palabra de aliento...
Uff... que difícil... ¡Premios a todas y a todos! quienes se levantan cada mañana, a pesar del sueño, del frio, de las inyecciones, de los negativos y de las ganas de llorar; quienes, a pesar de todo, se toman el tiempo de pasar por mi casa y dejarme un saludo...
Abrazos!
14 de febrero de 2008
Premio Arte y Pico
11 de febrero de 2008
La infertilidad no tiene edad
Sigo sorprendida con los resultados de la encuesta que aparece a la izquierda de este blog. Después de más de doscientos votos, el setenta por ciento de los lectores corresponde a menores de treinta y cinco años, estando el treinta y tres por ciento en el rango de las personas de veinte a treinta años. Dado que no puedo imaginar que el mundo de las fértiles disfruta de escuchar los quejidos de quienes pateamos piedritas por los rincones cada mes, con cada inyección y cada análisis de sangre, solo puedo concluir que la clásica asuncion de que la infertilidad se debe a las fallas que el tiempo produce en el cuerpo humano, es incorrecta.
Si bien posiblemente haya una correlación entre la edad y la facilidad para producir óvulos y esperma sanos, tal como la hay entre los fumadores y el cáncer de pulmón, no necesariamente todos los fumadores mueren de cáncer ni todos quienes tienen cáncer han sido fumadores empedernidos. Hay casos de endometriosis en niñas de diez años, fallas ováricas prematuras, menopausia precoz; me pregunto si son estos casos un fenómeno actual.
La infertilidad no es novedad de estas épocas; la Biblia, por ejemplo, dice que las tres primeras matriarcas del pueblo judío, Sara, Rebeca y Raquel, lucharon contra la infertilidad. Sara tuvo finalmente su hijo, Isaac, a los noventa y uno; Rebeca, tuvo mellizos después de veinte años de casada y Raquel tuvo dos hijos, también después de muchos años. Y eso que las mujeres en esa época se casaban casi de niñas pero claro, no había inseminaciones, Clomid, Puregon, laparoscopias ni manera de adivinar como andaban las cosas por ahí adentro (ahora que lo pienso, tampoco hemos avanzado tanto, porque la tecnología aun no nos ilumina demasiado). Tampoco había espermogramas, y la historia solo habla de la falta de fertilidad de la mujer.
Pero lo mas peligroso en el mensaje de la Biblia, que aun hoy se encuentra en la mente de muchos, es creer que si se tiene fe y se reza, Dios les dará un hijo, aunque se tenga noventa y un años. Como si el hijo fuera un premio y la familia, un sistema de recompensas. Y me pregunto que clase de dios podría asignar hijos por merito y si así fuera, quien seria merecedor de alguno.
A todos nos llega la infertilidad por sorpresa; somos la excepción y no la regla. Pero nunca hay que olvidar que esa sorpresa se basa en dos falsas premisas: “la naturaleza es perfecta” y “cada cual tiene lo que se merece”. Asumir ambos conceptos podría ser correcto en un mundo ideal, que, hasta donde yo se, aun no ha sido creado. Mientras tanto, es importante no olvidar que el valor del ser humano no se basa en su capacidad para procrear sino en su habilidad para crecer y ser mejor persona.
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7 de febrero de 2008
Calculadora de Embarazo
Esta calculadora te da las posibilidades de embarazo de forma natural... Hay que tomarlo, obviamente, con el valor cientifico de los test de personalidad de la revista Cosmopolitan, pero es curioso que mis oportunidades aumenten en lugar de disminuir, con el paso del tiempo. Es hasta refrescante la idea...
http://www.lainfertilidad.com/default.asp?seccion=77
5 de febrero de 2008
Para las que tienen endometriosis
Este es un servicio a la comunidad. Les paso este artículo que me pareció muy interesante, donde habla acerca de un extracto llamado "Pycnogenol" que parece ayudar a reducir la endometriosis: http://www.medicalnewstoday.com/articles/64791.php (está en inglés pero lo pueden pasar a cualquier pagina web que lo traduzca).
Pycnogenol es un poderoso antioxidante y en el mundo de la infertilidad es conocido por ayudar al esperma en temas de morfología. No tiene efectos secundarios excepto el del bolsillo (es caro).
Soy una entusiasta de los remedios naturales ya que a nosotros nos han servido, así que se los paso.
4 de febrero de 2008
Válvulas de escape
Un día de retraso y ya nace una módica esperanza. De corta vida la sonrisa, porque la blancura del test que me hice esta mañana y el tampón que me coloqué a la tarde, se encargaron de borrármela. En fin, “nunca es triste la verdad; lo que no tiene es remedio…”
A veces me he preguntado si valdría la pena ir a ver a un psicólogo para ventilar todas estas emociones, en lugar de atosigar a mis lectores. Lo último, más barato que lo primero, dicho sea de paso, pero cuando veo en los foros de infertilidad a las mujeres tan contentas con sus psicoanalistas, pienso que quizá debería debatir mis entrañas y revolverlas un poco más, en busca de respuestas, o quizá hacerlo con el sólo objeto de cultivar mi salud mental, como quien cuida sus dientes o sus uñas.
Confieso que la psicología me aburre casi más que ir a misa. No digo que tenga razón; soy seguramente demasiado simple y apuesto que mi cerebro sólo tiene una capa delgada, parecida al manto de una cebolla pero diferenciándose de ésta en que por debajo, no hay nada más que sólida argamasa. Nada de capas ni vericuetos; una simple pista de patinaje.
Dos veces fui a terapia, por razones distintas, pero mis experiencias nunca han sido muy fructíferas. La primera fue al acabar de leer el libro “Muchas Vidas, Muchos Sabios”, de Brian Weiss, hace como diez años. Estaba embobada con la idea de las reencarnaciones y ahí salí corriendo a la oficina del autor, en el sur de Miami, para que me hablara de mis fascinantes vidas pasadas. Weiss era un renombrado psiquiatra ya antes de sacar el libro, era jefe del Departamento de Psiquiatría de una conocida clínica de Miami y no tomaba pacientes nuevos. En especial si traían escrito en la frente “Mujer-Aburrida-Buscando-Pasatiempo”. Pero había una doctora de su equipo disponible, cuyos honorarios estaban, además, cubiertos por mi seguro médico, por lo que ahí me planté, dispuesta a aprender las lecciones de mi pasado. La doc me vio venir de lejos y suave pero firmemente, me explicó que las terapias de regresión son herramientas médicas que se utilizan para sanar determinados trastornos mentales pero que si estaba dispuesta a comprometerme a una terapia completa, podíamos ir viendo por el camino cuáles eran mis necesidades.
- ah… -dije, con las cejas arqueadas, en actitud pensativa- ¿Y cómo es una terapia?
- Bueno, empezás contándome tu vida, tus cosas, tu pasado. Por ejemplo, cómo fue tu niñez…
- Ay, mi niñez fantástica; mis padres son divinos, los adoro.
- ¿Y tu trabajo?
- Fenomenal, no me puedo quejar; me respetan, viajo por muchos países, me pagan bien, me gusta lo que hago.
- Muy bien –dijo, con un gesto de impaciencia en su lapicera- A ver si encontramos algo con qué trabajar...
- Usted pregunte nomás, con confianza, que yo le cuento.
Pensé por un segundo en inventar un poco, para no desilusionarla, pero temía meterme en camisa de once varas por lo que así seguimos un rato mientras la mataba del aburrimiento y yo miraba el reloj porque se me iba la hora, la mujer no se decidía a hipnotizarme y por ende, no aparecía ninguna de mis pasadas vidas. No volví mas, a riesgo de que me echaran, y al final nunca supe si alguna vez fui o no una princesa rusa, como me dijo un día una gitana.
La segunda vez fue hace como un año, a otra doc que supuestamente, estaba especializada en infertilidad. Fui toda ilusionada, buscando resolver finalmente los bloqueos que estaban impidiendo embarazarme y salir de ahí con una barriga más grande que un sapo. Hablamos un buen rato cordialmente, me contó los problemas de infertilidad de su hija, le dí algunos consejos y me fui, para no volver. Sospecho que el único bloqueo lo debo tener con el destino, porque me convencí que hablar no resuelve nada. Y si no, que se lo pregunten a los de la ONU...
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31 de enero de 2008
Brujas eran las de antes
Este primero de año mi suegra nos llevó a ver una curandera que, según ella, es maravillosa. Y como buena desahuciada que se precie y dado el magro éxito de la medicina moderna, no me hice mucho de rogar.
La mujer me cayó bien; tenía unos ojos azules de alma clara y hablaba con acento alemán. Vivía en una linda casa, con rejas en el frente y más se parecía a una abuela en día de descanso, que a la bruja Morgana. Era mi primera visita a una curandera y me ilusionaba la idea de encontrarme en una de las páginas de Harry Potter, así debo admitir que su casa limpia y con olor a eucalipto me defraudó un poco al entrar.
No sacó un libro antiguo de tapas negras ni realizó conjuros mágicos. Nos escuchó, tomó su rosario y me miró con sus ojos profundos; lo primero que dijo fue: “vos no tenés problemas para tener hijos”. Lamento desilusionarla, abuela, pero si seis años de infertilidad no califican para la categoría de “problemas”, entonces no sé como definirlo.
Pero como no hay nada mejor para los que ya nos estamos quedando secos de opciones, que escuchar las palabras que una quiere oír, cada vez que mi corazón se cierra con los porcentajes estadísticos de mi próxima transferencia de embriones, yo recuerdo sus palabras y las repito como un mantra.
Alguien me dijo una vez que si no creía, hiciera como si creyera; que el cerebro no nota la diferencia. Así que acá me ven, recitando oraciones y aireando mi casa con ruda e incienso.
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29 de enero de 2008
¿Sirve para algo el pudor?
Varias veces he contado anécdotas de enfermeras y es que después de tantos años de ir al ruedo, si bien el toro se resiste, una termina haciéndose amiga de los banderilleros.
Debo aclarar que tengo un gran respeto por esa profesión, que puede hacer tanta diferencia en el estado físico y emocional de los enfermos, siendo, a la vez, mucho menos valorada que la profesión médica.
En Sudáfrica, me tocó una enfermera de dulce trato; pasados sus cuarenta, calculo, y de voz muy suave, tanto que a veces me costaba oírla. Quizá era el acento pero las voces etéreas y mis oídos torpes no se llevan nunca muy bien. O. dice que soy mas sorda que una tapia pero yo le argumento que, si bien es posible que sea cierto, al menos, duermo como un ángel, mientras el se despierta con el roce de un pañuelo de seda contra el suelo. Debe tener cruza con Doberman. Pero me estoy saliendo del tema.
Después de seis años de camillas y visitas a una docena de ginecólogos, la verdad es que una casi se va sacando los calzones por el pasillo nomás, para ir adelantando tiempo. Después de todo, una está en horas de trabajo y los horarios de los turnos con los médicos son, normalmente, meras estimaciones de recepcionistas alegres, por lo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Muchos ultrasonidos atrás quedaron el pudor o el bochorno.
No es que alguna vez haya tenido mucha cantidad de vergüenza; siempre he pensado que es una emoción inútil ya que no proporciona ningún resultado fructífero, pero un siglo atrás, por ejemplo, buscaba ginecólogos que fueran mujeres. Por otra parte me gusta mi cuerpo; nunca he sentido motivos para avergonzarme de él, excepto, quizá, por su incapacidad evidente de sostener un embrión en su lugar.
En resumen, desnudarme de la cintura para abajo es totalmente irrelevante para mí y es más bien un reflejo automático cada vez que piso un consultorio ginecológico. Normalmente, las imágenes de mis folículos o las instrucciones de alguna enfermera son suficientes para desviar mi atención de la liviandad de ropas y taparse o no deja de ser una prioridad para nadie.
El día de mi última transferencia, la enfermera revoloteaba alrededor mío para que yo me sintiera cómoda y para mantenerme tapada todo el tiempo. Algún comentario al pasar me hizo saber que no sospechaba mi entrenamiento de veterana y me dio pena contradecirla, así que la dejé que hiciera lo que quisiera con las cobijas. Al fin y al cabo, yo tenía cosas más importantes en que fijar mi atención, como por ejemplo cruzar los dedos mientras traían la cánula con mis embriones. Poco faltó para que la enfermera le tapara la vista al doc, en su empeño por tirar de las mantas hacia abajo y no pude menos que sonreir cuando, después de la transferencia, con los ojos cerrados y mientras agarraba fuerte la mano de O., escucho que me dice candorosamente:
“Yo te sigo tapando; es importante mantener la decencia”
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24 de enero de 2008
Preparativos
Ya los preparativos están en marcha. Aún faltan dos meses pero un viaje de esta calaña no se puede preparar en dos días, si una quiere aprovechar buenos precios. Debo admitir que este viaje me está tomando más tiempo que preparar mi boda, cosa que hice (exitosamente, debo aclarar, a juzgar por los comentarios de los comensales) en una semana.
El vuelo será con South African Airways, vía Washington y Johannesburgo; muy largo y aburrido, pero sobreviviré con películas, novela, Ipod y mi habitual tendencia al sueño. El hotel será mi refugio, con sus jardines coloridos y su maravilloso spa. Pienso llevarme la computadora para mantenerme en contacto con mi media naranja o sea que podré ir actualizando el blog e ir transmitiendo en directo, cual guerra del golfo del 2001.
Estaré saliendo el día 24 o 25 de marzo así que en unas semanas más empezaré a tomar pastillas de estradiol, a fin de engordar mi endometrio para recibir a mis chiquitos. Aún estoy a la espera de la receta. Los medicamentos no pueden ser comprados en Estados Unidos, ya que la receta no está firmada por un médico local, con lo cual debo ordenarlos desde una farmacia de Londres que, no sólo tiene un acuerdo con la clínica sudafricana sino que además, tiene precios mas baratos que aquí. Cosas de este negocio internacional de la fertilidad.
El médico chequeará personalmente mi endometrio (no espero sustos, siempre lo tengo bien gordito cuando lo necesito) y si todo está bien, descongelarán los embriones y se transferirán al tercer día. Tengo cuatro esquimalitos, no sé cuantos sobrevivirán al proceso pero es la primera vez que descongelo algo que no sea pollo, o sea que pongo todas mis apuestas a que por lo menos tres se podrán transferir. Las probabilidades de éxito son más bajas en estos casos de criopreservacion, según el doc, pero yo no quiero escuchar hablar de porcentajes. Como decía mi médico de Miami, quien no era amigo de las estadísticas, “todo es relativo; para el que le toca, es un cien por cien; cada caso es distinto”.
En fin, este mes se cumplen seis años desde que dejé de usar pastillas anticonceptivas. Un largo y sinuoso camino hemos recorrido, y a juzgar por el tiempo que está tardando en prepararse, por el dinero que hemos tenido que gastar y por su comportamiento antojadizo (hoy estoy, mañana quien sabe) hasta la fecha, podría asegurar casi con seguridad que este bebé que viene en camino para nosotros, va a ser mujer.
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21 de enero de 2008
El Proceso
Está visto que el proceso de concepción toma tiempo y es más complejo de lo que a una se lo pintan cuando es joven. La mayoría de la gente desconoce que exista un “proceso” y no es sino hasta que una se estira patas para arriba en la camilla del médico una docena de veces, que una se da cuenta que la concepción no es instantánea. Que los planetas no se alinean automáticamente para traer un hijo al mundo. Que estamos metidas en un “proceso”. Que unos hechos deben suceder a otros. Que debemos desarrollar paciencia para activar ciertos mecanismos físicos, mentales, espirituales o vaya una a saber de que medio, que nos permitan avanzar.
En los esquemas mentales actuales, las tareas a largo plazo son difíciles de digerir. No es que no tengamos paciencia; al fin y al cabo, mal o bien, hemos aguantado el tirón por más de seis años; sin embargo, vivimos en una época en la que no se construyen catedrales ni pirámides, ni ninguna obra milenaria, sino plástico descartable y mensajes instantáneos. La gente se mide por resultados en esta generación, no en la siguiente. Y una esperaría que, analizando el problema, poniendo el esfuerzo suficiente y dirigiendo la energía y los recursos necesarios, el objetivo fuera relativamente sencillo de alcanzar.
Si mi jefe me pide un reporte para el final del día, a mí no se me ocurre decirle que tenga algo más de paciencia, ni que debe tener en cuenta el ritmo natural de las cosas; mi respuesta es “por supuesto”. Y una moviliza lo que sea necesario para que ese maldito reporte esté donde debe estar a última hora. Si tengo alguna alergia que mis médicos no detectan o mi cámera tiene un mensaje de error, voy a San Google y seguro que en alguna parte del mundo, en algún huso horario, tengo la respuesta; de inmediato. No conozco otra manera de resolver problemas. Problema, más esfuerzo, más ingenio es igual a solución. Cuando eso no funciona, estoy desorientada como rata de laboratorio a la que le cambiaron el camino a casa.
Sé que tener un hijo no es igual que un proyecto de trabajo, pero sólo tengo una manera lógica de entender las cosas; y cuando todas las fibras de mi ser me dicen “estoy lista, el entorno es el correcto, ésta es la largada”, no puedo llegar a comprender por qué diablos no quedo embarazada. Eso crea grandes sacudidas de energía en la boca del estómago (los mas verdes dirían “en el tercer chakra”) que no saben para qué lado disparar. Normalmente sale mal dirigida y alguno en el camino se la tiene que comer. Y vuelta a empezar en un proceso tenso, emocional, frustrante y desgastante: pongamos todo el esfuerzo posible en una serie de actividades que pueden resultar inútiles y que requerirán de más tiempo de lo acostumbrado. Nunca he visto un proceso más ineficiente en mi vida y mi mente práctica da vueltas carnero para entenderlo.
Quisiera creer que el mundo tiene universos paralelos o que existen más de tres dimensiones, para que mi esquema mental tuviera más alternativas. Desde un punto de vista físico e intelectual, no creo poder buscar más caminos; sólo me quedar entrar a investigar el mundo espiritual, del que me siento tan ajena y tan atraída a la vez. Quizá si pudiera volver la vista hacia mi alma, en el caso de tener una, pudiera buscar la salida a este laberinto.
Me pregunto con qué ojos hay que mirar o qué lentes hay que ponerse.
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14 de enero de 2008
Al ataque del freezer
Ya estoy planeando mi expedición rescate de congelados a la otra punta del planeta. Décadas atrás, cuando aun existía el romanticismo viajero y se organizaba una travesía de esta envergadura, se necesitaban brazos fuertes, un buen barco, sogas, brújulas, hechizos, comida seca, patas de conejo y mucha pero mucho agua dulce. Ahora, y según National Geographic, sólo es necesario introducir tus datos en las casillas correspondientes y enviar un depósito de $500 para reservar tu espacio en la expedición. Si Magallanes hubiera sabido que era tan fácil, seguro que esperaba unos años para darse la vuelta al mundo.
La cuestión es que con la clínica pasa lo mismo: mándeme el depósito y los retira usted cuando quiera por ventanilla. Los vuelos están tan caros que estoy a punto de pedirles que me los manden a vuelta de correo. De todas formas, hemos decidido que viajaría sola, básicamente porque el hecho es que la incubadora portátil debo ser necesariamente yo (y no es una frase feminista ni quiero dejar plantada mi postura filosófica, sino que es una cuestión de diseño físico), y porque es difícil estar todo el tiempo de “vacaciones” y seguir manteniendo el trabajo. Que yo aún lo conserve es un milagro.
La opción mas barata que he visto hasta ahora incluye viajar en avión charter (puajjj, diría Mafalda) de Martinair, hacer escala en Holanda y dormir allí una noche en el vuelo de ida. Mientras yo entro rápidamente en Google para ver hoteles en Amsterdam, recuerdo una ciudad de gente joven, con sus canales, sus casas altas, gente circulando en bicicleta y muchos puestos de venta de tulipanes. Mientras yo miro distraídamente mi jardín y pienso en lo hermosos que quedarían unos bulbos rojos, ahora que viene la primavera, escucho una voz atrás que dice “¡Yo también quiero ir a la Zona Roja!”. Lo importante es tener claro las prioridades, nada de ir a visitar la casa de Ana Frank o el Museo Van Gogh, el tipo (no digo nombres, pero empieza con O) nunca pisó Amsterdam pero sabe que si algún día va, quiere ir primero a la Zona Roja. Hombres...
Seguiremos mirando ofertas y veremos que pasa. Mientras tanto, me ocupo en poner mi cuerpo a punto para recibir a mis huéspedes, con comida sana, vitaminas, tés, caminatas, masajes uterinos, acupuntura, meditación y otras hierbas. O. se ríe y, mientras yo masajeo entusiastamente mi panza con una mezcla de aceite de castor, alcohol y alcanfor, me dice: “mi amor, con vos, siempre hay alguna cosa rara…”
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9 de enero de 2008
Sobrevivimos las fiestas

Todavía no saqué el árbol de Navidad y ya está empezando a emitir un ligero tufo que no se parece al del pino sino más bien al de un trapo húmedo enrollado y escondido detrás de la puerta desde hace una semana. En mi casa, además de comprar un pino natural cada año y de pasarme más de cuatro horas de orgulloso esfuerzo en su decoración (O. dice que el nuestro es el árbol mas lindo que conoce; acá están las fotos para que vean que no miente), seguimos la tradición argentino-europea de tirar el árbol después de Reyes y como este año cayó en domingo, no me queda más que aguantar su olor y los trescientos millones de agujas verdes que deja caer cada día, hasta el próximo fin de semana, hacia donde quedan relegadas las tareas extraordinarias (definidas como aquellas que no son comer, dormir, bañarse y trabajar).

No dejan de causarme gracia las continuas defensas de los Reyes Magos que andan últimamente por Internet y la verdad es que me caen mejor que el gordo, pero debo reconocer que están perdiendo terreno. Es que contra la maquinaria de Hollywood no hay quien pueda. En Argentina, como somos tan políticamente correctos, recibimos a los cuatro con los brazos abiertos, aunque sospecho que más que por simpatía o tradición, lo hacemos por puro y capitalista interés. Aunque tengas cinco años, nadie es tan tonto como para cerrar la mano y volverle la espalda a cualquier ente que venga cargado con bolsas de juguetes, así se llame Terminator.
En otra de mis tradiciones navideñas, me compré un calendario para el escritorio, de esos que quedan abiertos en forma de triángulo y que te muestran un día a la vez, para que no te empaches. Casi todos los años opto por Mafalda, un clásico; pero este año, imbuida tal vez por los aires de Cambio que tienen en su plataforma TODOS los candidatos presidenciales de este país (si Cambio fuera un postulante, ganaría por varios cuerpos; seguido de Esperanza), pensé que “Yo, Matías”, “Clemente” o algún otro, podría alegrarme las mañanas. Resultó que el kiosquero sólo tenía Mafalda y Maitena.
- ¿Y quién es Maitena? – dije yo, inocentemente
- ¿Maitena? ¡Es muy buena! Es famosa y tiene un libro publicado. – respondió ofendido el kioskero, como si de su hermana se tratara e intentando adivinar dónde había estado yo viviendo en los últimos años, para ostentar tamaña falta de conocimientos.
- Famosa y con libro… - susurré, pasando la mano por encima del plástico que envolvía el calendario, como intentando adivinar su contenido por ósmosis y pensando que esas dos palabras no son, usualmente, ningún indicativo de calidad. Al fin y al cabo, Paris Hilton es famosa y mucho pelagato ha escrito libros.
Estaba en el aeropuerto y no tenía más opción. O. me apuraba. Maitena o Mafalda. Elegí Maitena. Me equivoqué.
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4 de enero de 2008
Las fiestas en verano

Con algún kilo extra, regresamos ayer a la oficina y a un inesperado frío miamense de cuatro grados centígrados.
No sé que manía nos ha dado en Argentina por respetar las tradiciones navideñas de nuestros antepasados europeos, y servir, con cuarenta grados de calor a la sombra, lechón frío con ensalada rusa, arrollado de palmitos y matambre de pollo. De entrada. Para abrir el apetito. Luego, asado y parrillada completa, con budín de pan, papas con perejil y treinta y cuatro clases de ensaladas, especialidad de cada comensal, quienes insisten en “llevar algo para la cena”, incluyendo esa que la tía Chola hace todos los años de zanahoria y manzana, aunque todos le huyan como a la peste. Y por si quedó un poco de hambre, luego vienen la ensalada de frutas (con sidra y trescientas toneladas de azúcar), los turrones, mantecol, maníes con chocolate, garrapiñadas, nueces, almendras y el nunca olvidado pan dulce o “panettone”, parte de nuestra herencia italiana. Ni alquilando un estómago prestado por el día, somos capaces de terminar la comida y no queda más remedio que volver al día siguiente con los mismos platos y bandejas de plástico, a terminar el festín, ya recalentado y con los bordes secos.
Y como si en el juicio final nos fueran a juzgar por la abundancia generada al final de cada año, empezamos a destapar botellas desde que llega el primer invitado; como cortesía y para refrescarlo del acaloramiento de traer puesto los zapatos de vestir y venir arrastrando a sus niños, ataviados de domingo y abrazando una cantidad de explosivos y fuegos artificiales suficiente como para volar la Casa Rosada. Y basta descorchar el primer tinto para que aparezcan las sucesivas y, a veces, coexistentes, botellas de Torrontés, Pinot Noir, champagne, clericó, sangría, fresita, vinos espumantes, dulces, secos, brut, rosados, de moda y de tapa de rosca.
El asunto es que cuando te vas a levantar para brindar, se te duplican los comensales y el brindis se extiende más de la cuenta porque, inexplicablemente, chocar una copa con otra no es tarea tan fácil como se suponía.
Me pregunto si todo el hemisferio sur tendrá costumbres similares, en lugar de limitarse a un pollo con ensalada, como nuestra bikini ordena, o si estas tradiciones serán solo parte de nuestra acostumbrada exageración argentina.
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21 de diciembre de 2007
¡Bienvenido 2008!

Ya le mandé mi carta habitual al gordito, a ver si este año se digna traerme algo más que un pan dulce (y no me refiero al lente Nikon 1.8 50mm, que ya le pedí a mi marido).
Nos vamos a pasar las fiestas con nuestra familia y amigos, porque estamos convencidos que el cariño tiene cualidades sanadoras; así que nos veremos después de entrado ya el nuevo año.
Quiero desearles mucha paz; pero no la paz mundial que, si bien hace falta, siempre resulta algo ajena, sino esa paz de corazón, la que trae una sonrisa de satisfacción y nos acuna el alma. Con hijos, sin hijos, al final y como dice el Dalai Lama, todos buscamos ser felices. Identificar el camino, el tren que nos lleve o la estación correcta, pareciera ser lo difícil y sin embargo, esta fórmula sencilla pudiera tener la clave:
“…en términos generales, uno empieza por identificar aquellos factores que conducen a la felicidad y los que conducen al sufrimiento. Una vez hecho eso, es necesario eliminar gradualmente los factores que llevan al sufrimiento mediante el cultivo de los que llevan a la felicidad. Ese es el camino.”
Evidentemente, mil quinientos años de austera meditación, practicada en sucesivas reencarnaciones, deben tener algún tipo de impacto a la hora de aplicar dicha receta, y ser un líder espiritual debe también facilitar un poco el asunto, pero puesto así y mirándolo bien, el que no es feliz, es porque no quiere.
Así que ése es mi deseo para todos, en este nuevo año: que encontremos el camino a la felicidad. No digo que la alcancemos, pero que al menos sepamos o no si estamos en el camino correcto. Debo reconocer que una gran parte del tiempo estoy segura de estar en la senda apropiada, pero de vez en cuando me resbalo, caigo en algunas veredas con baches y me desoriento. Pido al nuevo año la sabiduría para reconocer que estoy caminando hacia donde debiera, pido que me conserve el amor de O. y mantenga la habilidad de mi cuerpo para enfrentar a los años.
Pidan amigas y amigos, que las palabras escritas parecen más reales.
Que por pedir no quede…
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20 de diciembre de 2007
Las fiestas son para corazones fuertes
O. es mi espina dorsal; es quien me mantiene derecha cuando se me entumecen los sentidos. De todas formas, el pobre hombre, a veces, debe pensar que estoy lista para atar al árbol, como si mi apellido fuera Buendía.
La infertilidad es para mí, usualmente, una forma de vida, un mundo paralelo a ese otro, fértil, en el que vive el resto de la gente. Yo vivo relativamente tranquila en mi burbuja y camino mirando, de vez en cuando, de lado, viendo cómo les va a los otros. Debo reconocer que la vida del otro lado tampoco parece fácil; por un problema que yo tengo, otros tienen quinientos y como la vida no es una carrera de competencia sino de obstáculos, cada uno carga con sus miedos y sus inseguridades.
Mis momentos de crisis se producen cuando, por alguna razón, ambos mundos se cruzan; cuando me veo obligada a salir de mi burbuja para rodearme de padres, hijos, fiestas familiares, vacaciones de colegio y todos esos conceptos, extraños a mi piel. O. no puede creer que, repentinamente y por asistir a una mera cena navideña, me haya agarrado un ataque de envidia, tan extraño a mi carácter. Y yo intento explicarle que no es envidia, es un duro recordatorio de lo que no tengo y tanto anhelo. Si me sacan de mi burbuja de oxigeno y me tiran de pronto al agua, salvo que desarrolle cualidades anfibias a la velocidad de la luz, lo más probable es que las convulsiones me lleven a la más mísera asfixia.
- Pero tenés que enfocarte en lo que tenés, no en lo que te falta
- Yo veo todo, lo que tengo y lo que no tengo. Lo que tengo me pone contenta, lo que no, me pone triste.
- Pero no te podés poner triste por eso
- Sí, puedo, mirá como lloro.
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18 de diciembre de 2007
No hay que subestimar los beneficios de la ira
“No te des por vencido, ni aun vencido,
No te sientas esclavo, ni aun esclavo;
Trémulo de pavor, piénsate bravo,
Y acomete feroz, ya malherido.”
Algunos indicios para saber si una lleva algo de rabia acumulada:
- tener una marcada inclinación por las palabras profanas, en los casos en que dicha tendencia no es parte del comportamiento habitual;
- tener intensos deseos de eliminar a todas las embarazadas que pululan por los lugares públicos, comenzando con las que van cruzando la calle, enfrente del propio auto, cuando el semáforo esta en rojo;
- tocar bocina y hacer gestos con la mano al resto de los conductores, cuando los mismos no se comportan de la forma que una estima apropiada;
- hacer comentarios en blogs algo subidos de tono, de manera insensible a las emociones del autor;
- responder un email de una amiga que tuvo la feliz idea de utilizar un cliché, de la siguiente manera: “No me hables de Dios, que con ése estoy peleada hace tiempo. Seguro que se está cagando de risa allá arriba.”
Reconozco que la indignación y el enfado tienen un efecto más energizante que la depresión y opto por recibirla con los brazos abiertos. Cierto es que quizá sea una energía un tanto negativa pero ¿quién se pone exquisito en momentos como éstos?
Ya habrá tiempo para ponerse más galantes. Por el momento, ¿quién se anima a jugarme una pulseada?
“¡Que muerda y vocifere vengadora,
Ya rodando en el polvo tu cabeza.”
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13 de diciembre de 2007
Estuvimos tan cerca…
Parece que es imposible sacar callos en el alma para amortiguar este tipo de cachiporrazos. Cada vez duele igual que la primera. Sólo me consuelan los brazos de O. y su voz susurrándome al oído: “nosotros podemos pasar todo esto, porque somos fuertes y nos queremos mucho”.
El doc catalogó este suceso como embarazo químico pero en cierto modo, y como dijeron en los comentarios, siento que estuvimos tan cerca… Lo que más rabia me da es la falta de imaginación que tiene la vida últimamente. Todo se ha vuelto rutinario y predecible; cada tratamiento es igual que el anterior y hasta los médicos parecen sacar los guiones de los mismos escritores. No soy de las que buscan cuentos de hadas y más bien prefiero una buena taza de chocolate en la tierra que un festín en el cielo, pero me gustaría, algún día, dar vuelta a la esquina y sorprenderme. Quisiera saber si los milagros existen y si es cierto que se puede vencer al Destino, quien por cierto sigue desarmado de risa en suelo.
Estoy pensando en serio en comenzar de una vez a escribir un libro con toda esta historia. Necesito un proyecto para recuperar la ilusión. Por otra parte, ¿quién quiere leer un libro sin final feliz?
Cada uno la lucha como puede. O. va a jugar a la Lotto este fin de semana porque parece haber unos veintipico millones de premio. Según el, sacarse el premio mayor le parece muchísimo mas fácil que lograr un embarazo, así que quien te dice que no terminemos millonarios, con una casa gigante, mayordomo y cuatro gatos siameses, haciendo FIVs hasta la menopausia. En fin, solo nos salva el humor negro…
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11 de diciembre de 2007
Se acabó
Beta del día de la fecha: <2.
Gracias a todos por estar ahí, escuchando mis quejidos. Gracias por prestarme el optimismo que yo ya no tengo.
Estoy algo mareada. Me voy a acostar.
10 de diciembre de 2007
Lo más probable es quién sabe…
Fragmento de la conversación telefónica con la enfermera:
- Tengo los resultados de tu beta.
- Aha…
- Es positivo pero muy bajo
- ¿Cuán bajo?
- 13
- ¿TRECE?? ¿Uno-tres??
- Sí, tienes que volver a hacerte otro análisis de sangre
Merde. Merde. Merde.
Google me contesta rápidamente con algunas historias de esperanza que comenzaron con betas bajas pero el Miedo se está haciendo un festín. Yo sé que lo que importa es que se vaya duplicando, pero trece me suena peligrosamente bajo. Imágenes de ectópicos, sacos embrionarios vacíos y otras películas similares, pasan delante de mis ojos mientras trato de mantener la compostura.
Después de hablar con O., corro al consultorio médico a hacerme otro análisis. Mientras la enfermera me acribillaba ambos brazos para sacarme un chorro de sangre, el doc, que cruzaba rápidamente por el pasillo se paró, me tomó la mano y me dijo “no te preocupes, esto es muy reciente; el número no significa nada, lo que importa es que vaya creciendo. Vamos a darle algo de tiempo.” Debo reconocer que sus palabras me sentaron como una taza de chocolate caliente en un día de frío.
Mañana veremos de nuevo que número sale en la lotería. ¿Será posible que no pueda tener siquiera una mínima oportunidad de ser normal?
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9 de diciembre de 2007
Aun no hay humo blanco
No soy capaz de explicar lo bien que me hace leer esos comments en estos momentos. Parece increible tener a todas tan cerca en este mundo virtual. Hasta a O. se le humedecieron los ojos mientras las leia... Es un tierno. Gladiadores eran los de antes.
No puedo menos que ponerlas al dia pero la verdad es que no hay muchas novedades. La linea sigue muy tenue y no habra mas remedio que esperar al lunes. Pense que la espera seria mas facil pero debo reconocer que en algunos momentos del dia, hay que hacer esfuerzo para respirar profundo.
Estoy extenuada y no se debe al embarazo sino a la progesterona que O. me tiene que inyectar cada dia. Una buena excusa para dormir la siesta en este domingo sin sol...
7 de diciembre de 2007
11dp3dt
El titulo de este post no es el codigo de barras de las acelgas que compre anoche. En el sub-mundo de la infertilidad, por sus siglas en ingles, eso significa 11 dias despues de una transferencia de 3 dias (11-days-post-3-day-transfer). Y ahi es donde estoy hoy.
Dia de la Santa Beta.
Las mujeres tratamos a los endocrinologos especialistas en infertilidad como a los peluqueros o a los dentistas. Asi como no podemos ir a nuestro estilista de siempre con los reflejos hechos por otro, tampoco tenemos el coraje de ir a pedir una beta con embriones ajenos. Es un tema de cortesia profesional. Con lo cual, solo me queda ir a mi ginecologo, quien no tiene ningun sentimiento de competencia con un doc sudafricano que se dedica a criar embriones; a el ya le vienen armados.
Todo muy bien excepto por un detalle. Los ginecologos no tienen el sentido de urgencia que tenemos las infertiles ya que para las conejas, un dia mas o menos no tiene ninguna relevancia en el devenir de sus vidas y en el avance de un embarazo de nueve meses. La Beta es un tramite rutinario y casi burocratico que confirma sus ya seguras sospechas de embarazo y parto. Las infertiles medimos el tiempo como los corredores de formula uno: en fracciones de segundo. Por lo que el problema se plantea asi: mi ginecologo solo me puede dar los resultados del analisis de sangre a las 24hs., y como no trabajan el fin de semana, hay que esperar hasta el lunes. El LUNES!!!! Merde. Merde. Merde.
Es que no tienen un minimo sentido de compasion los muy hdp??
Hoy me desperte a las cinco de la mañana con unas incontenibles ganas de ir al baño y no encontré mejor lugar para orinar que encima de un test de embarazo. El resultado es inconcluso. No tengo mucha experiencia en rayas dobles ya que nunca he visto una, pero pareciera que quiza, tal vez, existe una ligera sombra de lo que podria ser una segunda linea. Tambien puede ser el fruto de mi jugosa imaginación. En mi defensa, debo añadir que O. tambien la vio. Pero claro, el es parte interesada y por lo tanto no esta cualificado como testigo.
En fin, les dejo un par de fotos para que saquen sus propias conclusiones. La camara es buena pero creo que no capta lineas imaginarias…
(Nota: el dia de hoy corren vientos moderados que arrastraron todos los acentos de mi escrito)
5 de diciembre de 2007
El que espera, desespera
Si bien tengo un cierto apremio por estar embrazada, como todo el mundo ya sospecha, no estoy absolutamente interesada en parecerlo. Sin embargo, esa es una de las desgracias que hay que soportar durante la maravillosa beta-espera. Caminar despacio, no levantar peso, no tomar vino, hablar bajito y tocarse las tetas cada cinco segundos para ver si están hinchadas.
La verdad que, como ha dicho la mayoría en la encuesta, lo mejor es trabajar y olvidarse de todo. Sobre todo, cuando una se encuentra a su regreso con setecientos cincuenta emails sin contestar. Sin embargo, como dice mi sabio padre, “el miedo es libre; cada cual tiene el que quiere” y yo parezco querer tener bastante últimamente. Mi corazón está ansioso y late apurado; y por más que lo froto con esponja de acero, no logro sacar las adherencias, cicatrices y nubes que lo recubren, fruto de anteriores tratamientos.
Yo sé que todo el mundo me desea lo mejor; también yo lo deseo. Pero también se que lo mejor, a veces, no sucede. Y lo mas trágico es que, independientemente del resultado final, la vida nunca más volverá a ser como antes, cuando no había visto el vacío, ni el dolor, ni el desamparo; mi corazón ya nunca volverá a ser rosado y brillante sino que por el resto de sus días no podrá hacer otra cosa que seguir arrastrando sus parches y sus lastimeras soldaduras.
Y eso es lo que, en mi pueblo, también se llama nostalgia.
(Nota: Por lo pronto, y para dar un toque de color al post, les dejo a la izquierda algunas fotos que acabamos de traer. Si ponen el cursor arriba, pueden ampliar la foto, retroceder o parar el show)
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28 de noviembre de 2007
Todo va bien
Ciudad del Cabo se esta transformando en una de mis ciudades favoritas. Buenas playas, ambiente cosmopolita, excelentes vinos, menus sofisticados, montanas, naturaleza... que mas se puede pedir? El otro dia le dije a O. "yo podria vivir aca".
Ya terminaron las visitas a la clinica, estoy en mi tercer dia de incubadora con dos preciosos embriones que hace dos dias tenian ocho celulas; al dia de hoy, quien sabe. Me quedaron cuatro mas en el congelador; le dijimos al doc que volveriamos por el hermanito para el mundial de futbol.
Ayer fue mi cumpleanos, y aunque estuve en cama hasta la noche, fue un dia muy especial. O. se levanto temprano y con el pretexto de ir a comprar algo, me trajo un hermoso ramo de rosas multicolores que aun tengo sobre mi mesita del hotel, despues me trajo torta y turron (le habia echado el ojo unos dias antes). Comimos entre risas, besos y leyendo los mensajes de familia y amigos en mi Blackberry.
Hoy comenzare a levantarme a ratos y a partir de manana vida normal, segun el doc. (Risas por detras del telon; y mas risas). Como si algo hubiera de "normal" en todo este circo de medicos y en necesitar un ejercito de especialistas para lograr que un bendito embrion se quede pegado donde debe. Eso si, si quedo embarazada, voy a poder asegurar que mi hijo fue "sin pecado concebido"...
15 de noviembre de 2007
Me ausento unos días, pero por una buena causa
Hay algunas razones que me podrían hacer pensar que este tratamiento no puede ser diferente a los otros. Y sin embargo, estoy tranquila. Tampoco puedo caer, bochornosamente, en el pecado de arrogancia y simplicidad en que caen las inexpertas, diciendo que “esta vez seguro que va a funcionar”, que “tengo el presentimiento que ahora si se nos va a dar”, que “los signos y los planetas se están alineando para que me embarace” o que “si me pongo el calzón al revés, doy tres vueltas en círculo en sentido contrario al reloj, me quedo sin respirar diez minutos y la luna llena aparece detrás de las nubes, entonces todo va a andar bien.” Eso es para principiantes y a mí hace rato que me colgaron el cartel de “pro”, muy a pesar de mis apetencias.
Miro al pasado sin arrepentimientos y al futuro sin impertinencia. Si alguna migaja de petulancia adolescente y argentina me quedaba, la infertilidad se encargó de quitármela de un sopapo. No me queda nada de orgullo, de impaciencia, de vanidad ni de inocencia; y ello, paradójicamente, me hace más libre. No estoy atada a los caprichos de mi voluntad y mis deseos, ni me dejo llevar por la férrea decisión de cumplir mis sueños a rajatabla, aún sabiendo que remar contra corriente nunca le trajo nada bueno a nadie; y si no, que se lo pregunten a los salmones. Ya comprendí que al Destino no le importa lo que quiera ni lo que merezca. Por mi parte, cumplo con colgar un cartel de mi útero, justo arriba del endometrio, que diga “Implantarse aquí” para dar un poco de sentido de dirección a algún embrión despistado.
Creo que por primera vez, me dejo ir con la corriente. Ya remé, tomé impulso y ahora me encuentro sentada arriba del barco, tomada de la mano de O., mirando el gorgoteo del agua y las lagartijas de la orilla. No sé dónde acaba el río pero me quedé sin remos y sólo me queda tirarme panza arriba y ver pasar las nubes. Después de todo, el día sigue estando soleado y acá sentadita, oliendo el perfume de los jazmines bajo el abrazo de O., tampoco se está tan mal.
PD: Dejo este blog por unos días. Si me es posible, mandaré alguna señal de humo desde Ciudad del Cabo y a la vuelta, seguimos con nuestras historias de cada día.
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9 de noviembre de 2007
¿Quién se quiere llamar Yosemattifa?
Cuando estábamos haciendo nuestro primer FIV en Argentina, hace más de una vida, compré un libro que listaba nombres de hombre y de mujer y que debo tener aún por ahí tirado, detrás de algún estante polvoriento. Me gustaba leerlo, cerrar los ojos e imaginarme si ése era o no el nombre de mi hijo. Pobre ilusa aquella que una vez fui; quien pensaba que la medicina y mi buena suerte todo lo podían. De todas formas y aun después de tantos años de infertilidad, seguimos jugando con nombres, en nuestros ratos libres. Por alguna razón desconocida, tenemos más opciones de hembra que de varón y con el pasar del tiempo, hemos ido descartando algunos y reviviendo a otros como “Julia”, “Sofía”, “Gabriela”, “Maximiliano” o “Valeria”.
Parece que este juego inofensivo esta a punto de ser restringido por Chávez, en Venezuela, a juzgar por su último impulso de ley, que limitará, de ser aprobado, los nombres de recién nacidos a una lista de cien.
En un país donde con frecuencia hay que pedirle a quien te da la mano que te repita su nombre, la idea no es de las más descabelladas que he oído en Venezuela. Pedirle a un hijo que soporte durante toda su vida nombres tales como John Kennedy, Hiroshima o Usnavy va mucho más allá de cualquier deber filial de obediencia. En Argentina, y salvo que las cosas hayan cambiado mucho en mi ausencia, se consagra la libertad de elección del nombre pero se imponen ciertas restricciones, que evitan que el nombre sea malsonante, ridículo o contrario a las costumbres, frente a las cuales nadie se rasga las vestiduras.
En un almuerzo distendido que tuve con dos abogados de Caracas, ambos no cesaron de comentar jocosamente las últimas ocurrencias del primer mandatario y con tono de preocupación, el contenido de la pretendida reforma a la constitución, en la cual no es sorpresa que Chávez apunta a un modelo socialista y totalitario, donde se crea, además de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial ya existentes, el Poder Popular; se elimina la autonomía del Banco Central; se eliminan los “latifundios”; se dan facultades extraordinarias al presidente que incluyen la eliminación del derecho a la información y a la debida defensa en caso de necesidad y se permite la reelección indefinida del mismo. Con tono de horror y sorna hablaron sobre el rumor de proyecto de ley, por el cual la patria potestad de todo niño mayor a tres años pasaría al estado venezolano; rumor que nadie ha confirmado a la fecha y que probablemente sea sólo el fruto de una imaginación asustada.
Cuando saqué el tema de la famosa lista de los cien nombres, ambos se silenciaron sobre el arroz con mariscos y uno de ellos dijo, revoleando lentamente un camaron con el tenedor, “bueno, esa sí es una buena idea…”. Y se largaron a contar cómo la hija de una amiga fue bautizada con una combinación del nombre de sus cuatro tías (palabra que recuerdo como “Yomalauni” o sonido similar) o de cómo alguna gente opta por utilizar sus propios nombres pero deletreados de forma inversa; por ejemplo, si el padre se llama Angel, la hija se llama “Legna” o si la madre se llama Yolanda, la hija se llama “Adnaloy”.
De ahí a “Toro Sentado” o “Gata Maullando al Sureste”, sólo queda un paso. No habrá nada de eso penado en la Convención de los Derechos del Niño?
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5 de noviembre de 2007
Parece que no me muero, después de todo
Y resultó que finalmente no me voy a morir. Por el momento. Aún tengo que pasar por trescientos cincuenta y cinco tratamientos médicos más, antes de verlo a San Pedro, incluyendo lavaje de intestinos, cirugía estética (no porque la necesite, obviamente) e implante de cabello (con el que estoy perdiendo con las inyecciones hormonales, ya estoy pidiendo presupuestos). No sea que por mí, vaya a entrar en recesión la economía del país, ya que es bien sabido que cuando los médicos ganan poco, dejan de comprar yates, mansiones en la playa, Ferraris y nos estancamos todos. Es una gran responsabilidad tener sobre los hombros el mantenimiento del sistema de salud mundial.
La radióloga que miró mi pecho a través del ecógrafo dijo que “qué lástima que no están acá mis estudiantes, porque lo que veo en la pantalla es de libro de texto”. No sé si eso es un piropo en el extraño lenguaje de hospital pero al menos me confirmó que no hay aneurisma. Y no me voy a morir. O tal vez sí, pero sólo si me agarra una de esas manifestaciones estudiantiles que hay ahora en Caracas y que ví hoy al llegar a mi hotel. Creo que no quieren la reforma a la constitución. O están a favor de la propiedad privada. O no les alcanza la leche. O se quejan porque nunca clasifican para el mundial de fútbol; no sé exactamente, pero se ven bien enojados.
Aún no tengo los resultados del análisis de sangre de la dos-dedos pero si logró sacarme algo, un día de éstos les cuento por dónde anda mi colesterol. Mientras tanto, llegaron la colorada y los remedios casi al mismo tiempo así que ahora sí, entramos en la cuenta regresiva.
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31 de octubre de 2007
Conjuro cuasi-celta de Halloween

Me dió la idea Ahoravaaserquesi hace unos días, me puse mi sombrero negro de pico y aquí voy:
“Búhos, lechuzas, sapos, endocrinólogos, andrólogos y brujas.
Demonios, diablos, conejas fértiles, espíritus de los ovarios poliquísticos.
Cuervos, abogados, vendedores de Puregon y otros hechizos de la Madre Fértil.
Galenos inútiles hinchados de ganar dinero, agujas subcutáneas.
Mal de ojo, implantación fallida, hiperestimulación ovárica, truenos y rayos.
Ladrido del perro tuerto, semen sin uso y pata del conejo.
Pecadora lengua de baja respondedora casada con hombre viejo.
Infierno de espéculos y murciélagos saltarines, enfermeras insolentes, gata negra preñada y en celo; punciones sin anestesia.
Ovarios inútiles, endometriosis severa, betas negativas, maullar de gato sucio.
Consejos inoportunos de parientes curiosos; ecógrafos y lagartijas.
En las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, los quemaré a todos sin piedad y huirán las brujas en sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas.
Oigan los rugidos que dan los que no pueden dejar de quemarse, quedando nosotras libres de los males de nuestra alma y de toda maldición.
Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, les hago esta llamada: si es verdad que tienen el poder de la Naturaleza, aquí y ahora, los invoco para que los espíritus de la Fertilidad no se despeguen de nuestra casa por muchos años y que a todas las mujeres de vientres vacíos, les lluevan niños con rostro de ángel.”
26 de octubre de 2007
¿Necesitaré una clínica de rehabilitación?
Es evidente que el período de rehabilitación de las drogas para la fertilidad es más largo de lo que pensaba. Haber sacado turno con un médico clínico para hacerme un chequeo general no puede ser otra cosa más que un agudo Síndrome de Abstinencia.
Resultó que parece que tengo unos latidos algo extraños, cosa que puede ser síntoma de aneurisma en la aorta (que puede provocar derrame y muerte instantánea) o una muestra de que simplemente soy una persona de latidos estentóreos. No tiene aún muy claro cuál de las dos opciones es la correcta. Por lo demás, todo bien. Por lo menos, hasta que vea los resultados de los análisis.
Ayer fui con mi orden médica a sacarme sangre a un laboratorio que queda cerca de mi oficina. Tercer piso de un edificio dudoso en el que O. ni siquiera hubiera puesto el pie; con mucho sentido común, por supuesto. En mi caso, mi sentido práctico venció fácilmente a mi instinto de buscar otro laboratorio más lejos. Mientras esperaba en la sala casi vacía, miraba tranquilamente mi receta, sabiendo que tardarían un buen rato en llamarme. Decidí, en un momento de inspiración médica, agregar un par de análisis a la orden médica, justo arriba de la firma del doctor. Una pareja de argentinos, desde la pared de enfrente me miraban con caras de aburrido asombro. Al fin y al cabo, la sangre es mía. Puedo imaginar la cara del médico cuando le manden los resultados de la vitamina B12 y el acido fólico a continuación de los triglicéridos.
Me hace pasar adentro una cubana muy simpática con guantes de látex quien, entre cháchara y conversación, me pide una serie de datos personales; hablamos del clima, como es de rigor en estos casos, y me pregunta si me asustan o no las agujas. Fíjese usted que me son totalmente irrelevantes, sobre todo cuando las enfermeras tienen buena mano, como seguramente usted tendrá, digo yo en un miserable intento de adular a mi verdugo. Mientras arremango mi brazo izquierdo, la enfermera se saca sus guantes para tirarlos a la basura y ponerse unos nuevos. Ahí veo, con horror, que su mano derecha (no la zurda, sino su mano mas competente) sólo tiene dos dedos. No los guantes, la mano. Sólo se movía el pulgar y uno de los del medio, que no me atrevería a identificar por el nombre. Pobre mujer, dije para mis adentros, pensando en mí. No tengo nada en contra de incorporar al mercado laboral a alguien con una discapacidad tan mínima, excepto cuando su trabajo incluye insertar un elemento altamente punzante en mis venas. Alertas rojas nuevamente en todos mis sistemas básicos de supervivencia pero ya la suerte estaba echada. Cerré los ojos, miré por la ventana a través de los techos de la cercana Calle Ocho y me encomendé al Supremo.
Creo que ya he tenido suficiente adrenalina por el momento. Con ésto y un par de antibióticos más para la infección urinaria, ya satisfago mi necesidad médica hasta arrancar el ciclo el mes que viene.
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22 de octubre de 2007
Domingo de madres
Algo bueno tiene que haber en el hecho de tener a la familia a ocho mil kilómetros de distancia. Uno de los beneficios es elegir dónde quiere pasar una el día de la madre. Por ejemplo, en mi casa, acurrucada en el hombro de O. y mirando la última carrera de Fórmula Uno del campeonato, en lugar de en casa de mi hermana, con mis padres y otras tantas personas, haciendo todo el teatro y la alharaca como si el día de la madre fuera el día de la llegada del hombre a la luna o como si no hubiera habido otro día idéntico hace exactamente un año. Nada mejor que una breve llamada por teléfono. Mamá, que tengas feliz día, estoy en un celular y no te escucho bien; te llamo durante la semana. Ya está, pienso con alivio; el mundo de las madres esta allá lejos y yo, feliz, acá, comprándome unos zapatos.
Para acabar el día, estuvimos en casa de unos amigos que nos tenían guardado un rico vino español y la sorpresa de estar esperando el cuarto hijo, concebido en los últimos cinco años. Mientras la Coneja decía que le había venido de sorpresa, yo largué una de mis sonoras carcajadas y le recordé que sus hijos siempre parecen llegar de incógnito. Es posible que te agarren desprevenida una vez, pero no cuatro. Tras tomar lo que restaba de mi copa de vino creo que terminé tomando también su ración, ya que las preñadas no la necesitan, mientras mis neuronas parecían bolas de cristal que chocaban entre sí en silencio.
Y yo que tan contenta estaba con el pulpo a la gallega que me había mandado de almuerzo. Ahora no sé si una ilusión insolente quiere llevarme a pasear por el Cabo de Buena Esperanza en noviembre o si debo ir a comprar un buen quitamanchas, que me quite esa sombra que hay en mi corazón, que no es más que el estigma de mi maldición.
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19 de octubre de 2007
Me suena...
Cada mañana National Geographic me saluda en mi computadora con una foto especial. Esta foto está tomada en algún lugar del Pacífico y muestra un pequeño pez cabezón deambulando entre corales.
No se si yo tendré ideas fijas pero yo juraría que esta imagen es una copia fiel de una inseminacion artificial... (con un alto nivel de estimulación, diría yo, a juzgar por el número de óvulos)
16 de octubre de 2007
Recién llego de Punta Cana
Que los humanos y los chimpancés compartamos el 98% de la secuencia de ADN no me sorprende demasiado y, de hecho explica con claridad el talante, y a veces el porte, de alguna gente que conozco. ¿Qué hay en ese dos por ciento restante? Para empezar y descartando las características anatómicas, el tamaño de la corteza cerebral, que parece influir en el desarrollo del lenguaje, el oído, y el sentido del gusto.
El desarrollo de un complejo sistema de emociones, que va más allá de la alegría, la tristeza, el stress y la depresión parece ser también nuestro sello característico. No soy una persona hartamente emotiva pero maravillo ante la expresión humana. Por eso me gustan los aeropuertos. Las separaciones y los encuentros parecen hacer brotar los sentimientos al desnudo, sin filtro. Los aeropuertos parecen estar llenos de la impaciencia del viajero avezado y cansado; los celos de los viajantes en clase turista al pispear hacia los cómodos sillones del frente del avión; las lágrimas de los que quedan; las risas de los niños; la frustración del que espera; la ilusión del que parte en busca de algo que probablemente haya dejado en casa; el aburrimiento de los retrasos; la cautela de los primerizos y la furia de las cancelaciones, sólo por nombrar unos pocos.
Ahora que las colas son largas y que la seguridad en los aeropuertos exige pasar desnuda y sin marcapasos por los detectores, una tiene que llegar con tiempo a riesgo de perder el vuelo, y el trabajo, en la volada. A pesar de ir cargada con mis tantas chucherías electrónicas, que un día de estos me dejaran electrocutada, ese tiempo me sirve para observar la humanidad, cosa que a veces una olvida, sentada en la oficina, mirando una pantalla y viendo como pasan los barcos por el río de Miami.
Imagino que con el vuelo que me espera de más de veinte horas con sus respectivos transbordos, O. y yo tendremos tiempo de analizar hasta la composición emocional de los pilotos y la estructura física del aeroplano. Bueno, en realidad, O. más que yo, ya que yo en los aviones duermo como santa sin complejos.
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10 de octubre de 2007
Porque entre bueyes no hay cornadas

Poco tengo en común con una mujer que gana y gasta millones al mes; que saborea públicamente sus abrigos de piel y que convierte en oro todo lo que toca. Ahora bien, con una mujer casada a los treinta y pico, que lucha desesperadamente por completar su familia, que visita los consultorios de médicos de fertilidad y que le toca aplicarse inyecciones cada mañana; eso si lo puedo entender. Las mansiones, la ropa de Lagerfeld, los anillos de diamantes, todo eso lo puedo ignorar; el quejido de una infértil, que además, tiene a media humanidad escudriñando a diario cada rincón de su vida y cada bulto de su panza, eso me llega al alma.
No suelo estar muy al día de lo que pasa en Hollywood pero pareciera que últimamente, no hay mayor preocupación en este país que saber si Jennifer López está o no embarazada. Cada vez que abro Internet, miro la tapa de un diario u ojeo las revistas en el supermercado, allí esta ella, con una sonrisa, negando, ocultando, evadiendo. Si en su último FIV se gestó e implantó un bebé, debe haber muchas risas cómplices en su casa; si por el contrario, su fotografiada panza sólo es el resultado de hinchazón hormonal y pinchadas múltiples, como la de todas nosotras, ¡ay, cómo deben doler todas esas notas estúpidas de prensa!
Esta es mi carta de apoyo a JLo:
“Estimada Jennifer:
No sé en realidad que me impulsa a escribir esta carta que nunca leerás. No espero respuesta, ni una foto ni un autógrafo sino que vengo a ofrecer una cálida mano de apoyo. De una mujer otra. De una mujer con problemas para concebir a otra.
Jamás he escrito una carta a alguien desconocido y ni siquiera estoy muy al día de lo que pasa en Hollywood; quizá no lo hubiera hecho sino fuera porque cada vez que abro alguna revista y leo que tú o alguien allegado a tu entorno tiene que desmentir rumores de embarazo, se me da vuelta el estómago. Este camino es lo suficientemente duro así como es; tosco, áspero, inagotable, como para tener que llevarlo con los faroles de la luz pública. Mis respetos por la gracia con que lo atraviesas.
Tengo cuarenta y un años, soy abogada, me casé hace seis años con el amor de mi vida y desde entonces estamos buscando un hijo que no encuentra el camino para venir. Comenzamos con muchos de los estudios con los que seguramente ya seas familiar; hemos pasado por seis fallidas fertilizaciones in vitro, inseminaciones, ultrasonidos, pergonal, follistim, lupron, HcG, repronex, exámenes hormonales, exámenes de sangre, exámenes genéticos, ICSIs, histeroscopia, eliminación de fibromas, inyecciones intramusculares de progesterona, cancelación de ciclo, embarazo químico, ausencia de fertilización, betas negativos, betas bajos, reposo, dieta, visualización y aun así, el bebé no llega. La casa sigue pulcramente ordenada y silenciosa, y las manos parecen cerrarse en el aire en cada intento. A veces me canso de todo este teatro, de esta puesta en escena, de esta preparación inútil para alguien que nunca llega; de poner mi corazón a la intemperie una y otra vez para que le den un par de martillazos y me lo manden de vuelta para reparación.
Y sin embargo, esta es una lucha que aunque cansadora, es imposible de abandonar por voluntad propia. Porque olvidar la idea de tener un hijo es más doloroso que las inyecciones, las desilusiones y el dolor en el pecho. Y porque sé que algún dia llegará el éxito.
“Si te postras diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas;
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.”
[Almafuerte]
Quisiera que perdonaras mi intromisión; mi carta indiscreta a ese rincón privado de emociones pero si los rumores de tu próximo IVF son ciertos, solo quería que supieras que somos muchas las que estamos en este barco y que estás en buena compañía. Quería desearte un tratamiento en paz y un niño que sin duda será hermoso.
Que Dios te bendiga.”
Si alguien la ve, se la hacen llegar?
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9 de octubre de 2007
Los resultados de mi anterior encuesta son curiosos. De cien respuestas, casi la mitad dijeron que no pararían de hacer FIVs hasta tener un hijo; tanto más interesante es la respuesta por cuanto yo no aclaré en la pregunta que debían asumir que los fondos eran ilimitados. Es decir, la pregunta apuntaba más al lado emocional de cuánto estarían dispuestos a aguantar a pesar de los pinchazos, las hinchazones, la presión social, la pareja y todas esas cuestiones, sin importar el tema económico. Cuánto puede resisir el entramado del que está hecho el alma? Aparentemente y a juzgar por esta pequeña encuesta, el tejido es bastante resistente.
En preparacion a mi próximo aterrizaje, les dejo acá un nuevo cuestionario; esta vez abierto, ya que admite la opción de "Others/Otros". Nuevas ideas son siempre bienvenidas...
3 de octubre de 2007
Buscando buen “karma” en Sudáfrica
Este es mi último proyecto. Para que nadie piense que sólo estoy pensando en jirafas, les voy a contar quien es Mel y su trabajo en Bosom Buddies.
Mel es una extraordinaria joven sudafricana quien, en su entrenamiento como partera (en realidad, ella es una “doula”, quienes van un poco más allá y proveen también apoyo emocional), encontró humillantes diferencias entre las clínicas públicas y las privadas para las mujeres que daban a luz. Resumiendo lo que ella misma relata en su sitio de Internet, estas mujeres africanas llegan a los hospitales estatales en taxi, solas, a punto de dar a luz y con mucho miedo. Gas y epidurales normalmente no existen. No hay privacidad ni dignidad. Luego se van, en taxi, con su bebé a cuestas, sin ropas y sin una manta que cubrirlo, a las villas de donde vinieron.
En su experiencia, en las clínicas privadas, por el contrario, les regalan a las madres bolsas de cosas para su bebé que ni siquiera necesitan.
Mel decidió cambiar esa situación y si bien la experiencia del parto aún esta fuera de su alcance, con la ayuda de su iglesia, donaciones y algunos voluntarios preparan actualmente unas preciosas bolsas para cada madre y su recién nacido. Las llenan con escarpines, un enterito, un piyama, un sweater, un gorro, una frazada y algunos artículos descartables. También incluyen algunos productos para el bebé, talco, cepillo y pasta de dientes para la madre, unas galletas y una hermosa tarjeta casera. Las bolsas son cosidas por una voluntaria y son repartidas tres veces por semana, llegando en estos momentos al setenta y cinco por ciento de las madres que dan a luz en un hospital de Ciudad del Cabo y teniendo la intención de llegar a la totalidad a fines de este año. Entregan unas cuarenta y cinco bolsas por semana, hablan con las madres y les prestan una cálida mano de la que agarrarse durante unos instantes.

Su trabajo me parece fabuloso así que, tan pronto comencé a preparar nuestro viaje, me puse en contacto con ella con la intención de donar algunos artículos de más necesidad. Necesitan piyamas para recién nacidos y enteritos; también aceptan ropa de segunda mano, así que, la semana que viene y contra todas las ironías del destino ¡iré a comprar ropa de bebé!. También tengo pensado circular un e-mail por mi oficina (y la de O., si se puede) para recolectar la mayor cantidad de ropa infantil posible. Estoy muy entusiasmada con este proyecto.
(PD: Mel es la rubia que sostiene a ese niño con tanta dulzura)
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1 de octubre de 2007
Cómo van mis planes de viaje
Otro mes que ya se fue y menos días que quedan para mi tratamiento. Mi mente ya está en cuenta regresiva. Esa vez no voy a transmitir cada aguja y cada ultrasonido en vivo y en directo desde los confines de este blog, no sólo porque estaré a miles de kilómetros de casa y con poco acceso a una computadora sino porque además soy supersticiosa y pienso que al mantener, por primera vez, un perfil bajo, voy a conseguir engañar al Destino al no ponerlo sobre alerta de mis intenciones. Resumiré la aventura a mi regreso.
Ya tenemos los boletos comprados, con escala en Londres. Aún no se cómo voy a entretener a O., quien duerme poco en los aviones (y si no tiene nada que hacer, me despierta a mí) pero por lo pronto me acabo de comprar un chirimbolo fantástico que permite cargar todos los aparatos electrónicos (dígase de mi Ipod, Nintendo, Blackberry y demás mata-tiempos) a través del enchufe para auriculares que tienen los asientos del avión, ideal para estos vuelos inacabables en aviones que no tienen enchufes eléctricos.
También encontré y reserve un hotel precioso para hospedarnos durante la primera semana. Está algo alejado del mundo turístico, cerca de la clínica, tiene algo así como tres hectáreas de jardines y un spa que es justo lo que me recetó el médico para descansar del largo viaje y de las burbujeantes hormonas. Los días restantes, Dios dirá. Le dejaré a O. que elija un barrio que le guste, seguramente al lado del mar. Cualquiera diría que en su vida pasada fue marinero…
Estoy ahora en una tarea difícil que es la búsqueda de un buen safari. Dado que no paramos en Johannesburgo, donde parecen estar casi todas las reservas, ni puedo tomar píldoras para la malaria, por razones obvias y debemos estar sujetos a los horarios de la clínica, eso me deja como alternativa única, una reserva cercana a Ciudad del Cabo, en un ambiente libre de malaria y que tenga una buena recepción para los celulares. Definición demasiado parecida a un zoológico para mi gusto. Seguiré buscando.
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27 de septiembre de 2007
Por qué desaparecí unos días
Hay algo de lascivo y decadente en el tiramisú. Esa crema espumosa con sabor a café derritiéndose entre el paladar y la lengua; la embriagada y húmeda firmeza del bizcocho que sobrevive milagrosamente al ímpetu de la crema y cuando ya una piensa que está en el cielo, aparece ese toque de cacao flotando en el aire para rematar la faena. Un buen tiramisú es una obra de arte.
Acabo de pasar un fin de semana con O. y sus hermanos en la Riviera Maya, en México. No sé si será la arena blanca, suave y templada al tacto de los pies; el ronroneo constante de un mar color verde o la variada cocina, pero traigo los sentidos a flor de piel. O debe ser, más bien, el tequila.
Lo único que me sobra es mucho sueño y algunos kilos que encontré por ahí. Mis cuñados me están matando lentamente...
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17 de septiembre de 2007
Busco un spray para monstruos
Estoy leyendo “Cartas a un joven novelista” de Vargas Llosa. Está bien escrito, aunque es demasiado genérico y se parece un poco al que fue escrito sobre poesía por Rainer María Rilke.
Hay algunos días en los que hay más humedad que en otros; algunos días más densos, con más nubes, con menos luces. Hoy me da vueltas por la cabeza la parte del libro que dice: “…en eso consiste la autenticidad o sinceridad del novelista: en aceptar sus propios demonios y en servirlos en la medida de sus fuerzas…”. Cuando lo leí, pensé que en eso debe consistir la propia autenticidad, incluso aunque nunca seamos capaces de poner una letra delante de otra.
Que lo tiró, si es difícil aceptar los propios demonios. Para empezar, hay que saber cuáles son. Tenemos demonios que vienen de afuera y que traen unas greñas de lo más variopintas; algunos miran con el ceño fruncido y se parecen al jefe; otros miran con ojos tristes y siempre tienen algo sombrío que decir, como “no me digas que te compraste una computadora Sony; si son de lo peor”; o “mañana se te acaban las vacaciones, ¿no?”; pero los peores son los que parecen ángeles, te toman del hombro, te dicen que admiran tu sentido del humor y te acercan dulcemente al acantilado.
Luego tenemos los demonios que vienen de adentro. Esos suelen ser más poderosos. Son ágiles, se cambian de equipo en la mitad del partido y les da igual si meten goles a favor o en contra. Al final del juego se acurrucan en un rincón del corazón la envidia, el miedo a la vejez, el afán de competencia con los hermanos, los sueños no cumplidos, las lágrimas no derramadas, los amores quebrados y los hijos por venir.
Vivimos gran parte de nuestra vida espantándolos y haciendo como que no los vemos. Aunque se vistan de color turquesa y bailen delante de nuestra pantalla con globos de colores, optamos por ignorar su existencia. No tengo miedo; voy a ser una buena madre; no soy vieja y no me duele el corazón cuando veo una cuna.
Y ahora resulta que no sólo debo abrazarlos, escucharlos, aceptarlos como son, con sus sonrisas retorcidas y sus malos modales a la mesa, sino que además debo servirlos en la medida de mis fuerzas. Tarea ímproba la que se nos impone. En este laborioso camino, las fuerzas cada vez son menos y los desafíos mas grandes.
Dicen que la recompensa es grande; dicen que cuando una es auténtica, el mundo resulta más fácil; dicen que si besamos a nuestros sapos, se convierten en príncipes. Dicen. Los Otros. Los Fértiles.
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13 de septiembre de 2007
Vacuna puesta
Ya me puse la bendita vacuna de la rubeola que estuve esquivando por años. La lista de posibles efectos secundarios es más larga que los beneficios, según el panfleto que me dieron pero todo sea por no estar cortando clavos durante nueve meses (¿vieron que positiva estoy? mi lado cínico esta desternillado de risa en el suelo). Quién diría que esas enfermedades todavía existen.
Por el otro lado del mundo y con seis horas de diferencia horaria, mi coordinadora de FIV me mandó un email un tanto escueto diciendo que me mandaría mi calendario esta semana. Eso fue en respuesta a mi mensaje de histérica paranoica del día anterior donde le preguntaba si no debería ya, quizá, tal vez, perdonando la intromisión y asegurándole que en realidad y en persona, soy bastante buena gente, comenzar a tomar las pastillas anticonceptivas de una vez, caray! Además de la promesa de agenda, me dijo: 1.- que aún me faltan dos ciclos y 2.- que dado que mis ciclos son muy regulares, no me van a dar anticonceptivos (esa es una nueva… bien, bien, me gustan los cambios).
Me voy al aeropuerto a llevar a mis padres. Sniff…
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10 de septiembre de 2007
Novedades de Ciudad del Cabo
Por culpa del Doctor, en cuya casa hubo una discusión sobre el tema hace un tiempo, he decidido subir el nivel gramatical de mi blog. Mi teclado no tiene acentos, ni diéresis, ni eñes, ni el signo de apertura de interrogación y exclamación y, bajo la excusa de ser escritura informal, le voy pegando patadas al diccionario en cada edición de mi bitácora. Tengo un profundo respeto por nuestro idioma y secretamente me jacto de tener un buen dominio del mismo así que, a partir de hoy, me voy a tomar el esfuerzo de dosificar correctamente las comas y corregir manualmente las deficiencias de mi teclado. No pienso llegar al punto de tratar a los e-mail como correos electrónicos y, dada la rapidez con que se hacen las actualizaciones, simpre habrá alguna pifia pero hay una diferencia entre cigüeña y ciguena y eso debiera notarse. La diferencia es aún más evidente en año y España. La niña escritora que llevo dentro se lo merece.
Y ahora, a lo que nos interesa y puebla nuestras noches de desvelo. Ya comenzaron los mensajes de la clínica. Ya estoy en contacto con la coordinadora de IVF y un amable Dr. H. que contesta los e-mails al día siguiente (aún no salgo de mi asombro). Revisaron todos mis análisis y me dijeron que todo estaba bien. Debo aclarar que tuve la cortesía de no inundarlos con mis cincuenta y cinco carpetas de historia clínica y de enviarles sólo la información relevante y escueta de nuestros exámenes médicos. Nada de betas siniestras, de túnicas rasgadas ni mucho menos, la direccion de este blog. Tenía miedo de que me dejaran de escribir.
Lo único que me pidieron fue que me vacunara contra la rubeola porque parezco no estar inmunizada. Ya me lo habían pedido aquí hace años pero cuando era joven inexperta y se me daba por correr delante del reloj, no quería ponerme una vacuna que me impidiera embarazarme durante uno o dos meses (según el médico, distintas versiones). A esta altura del partido, es más importante no correr riesgos y seguir la recomendación del médico. Solo voy a esperar a menstruar, para estar segura que no hay embarazo (ja!).¿Es normal que insistan con ésto? Nunca he conocido a nadie con rubeola.
Y me voy porque tengo que completar mi cuadro de Excel número II. Ahora estoy comparando los hoteles de ciudad del Cabo; precio, barrio, vista, categoría… Que les puedo decir, soy obsesivamente organizada (que no es lo mismo que ordenada, a juzgar por el estado de algunos de mis roperos) y lo peor es que lo disfruto.
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5 de septiembre de 2007
Por qué Sudafrica?
No esta mal alejarse un poco del mundo; flotar unos días disfrutando de mi burbuja familiar, llena de alfajores Havanna, asados, playa y películas hasta la madrugada, mientras dure. También hay algo de trabajo, pero solo lo necesario.
Sin embargo, el fondo de mi mente, aquella parte que sobrevive a la continua saturación de comida casera, esta plantado en Ciudad del Cabo.
Y, como me han preguntado muchos, por que Sudáfrica?
Por los leones, por supuesto. Por que otra cosa? No puedo afirmar que las manos del Dr. H., de Cape Fertility Clinic sean tan o mas fértiles que las del Dr. A. en Miami pero un buen safari lo hace todo mas llevadero en esta vida. Y si no, que se lo cuenten a los de National Geographic.
Cuando se ha pasado por seis FIVs, no solo se desencaja la mandíbula y el corazón sino también el bolsillo. Pasamos meses (usando el plural mayestático, porque en realidad podría usar el singular en esta frase) mirando alternativas, pidiendo folletos por correo, hablando por teléfono, participando en foros y llenando cada casilla de un artesanal cuadro comparativo de Excel. No había país que estuviera descartado en esta especie de licitación privada donde el mejor postor se llevaría la obra a ejecutar. Como en los concursos públicos (en aquellos donde no se pagan comisiones), el costo era la principal variable pero el prestigio del contratista y la calidad de los trabajos era primordial. Así, descartamos Asia y Republica Checa, a falta de referencias verificables; varias clínicas de Estados Unidos, por codiciosos y Europa, por… no se… aburrido.
Nos quedaba Buenos Aires y Ciudad del Cabo. Nos gusta Buenos Aires y la posibilidad de ver amigos, familia y comerse una buenas medialunas rellenas con crema pastelera (mis favoritas; el dulce de leche me empalaga) era muy tentadora pero esto

Y esto

Nos terminó convenciendo que necesitábamos unas vacaciones…
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