30 de diciembre de 2008

Semana Veinte

Oficialmente, estamos en la mitad del embarazo.

La gente nunca está satisfecha con lo que tiene. Cuando una está soltera, le preguntan cuando se va a casar; cuando está casada, para cuándo los niños; cuando una está embarazada, si es varón o nena; cuando saben el sexo, si ya se mueve. Siempre un paso más adelante que una. Y una, que tiene un gen paranoico en el área reproductiva, se pregunta si, de no haber llegado a esos parámetros, habrá algo que no este funcionando como debiera. He decidido que la expectativa humana es imposible de alcanzar.

(Suspiro)

Baby ya se empezó a hacer notar a lo largo del día. Sólo me preocupa que también se mueva a la noche. Debo empezar a calmarlo para que se duerma a horas decentes. Nunca es muy temprano para poner un poco de disciplina.

(Sonrisa)

No se que significa eso de “disfrutar” del embarazo, de lo que tanto se habla. Yo sólo disfruto de aquellos momentos en los que Baby hace acto de presencia; dígase de las ecografías, los dopplers, las recientes patadas. El resto del tiempo me pregunto que estará pasando ahí adentro. Lo mejor del embarazo es que, a diferencia de mis usuales experiencias reproductivas, es finito; y no me refiero a delgado, sino a que tiene un plazo perentorio e inaplazable. A más tardar en junio, nos vemos todos las caras. Y eso sí es hermoso.

(Mayor sonrisa)

¡¡Les deseo un feliz y maravilloso 2009!! Y me despido con Mafalda y una sonrisa,



¡¡HAPPY NEW YEAR!!!

24 de diciembre de 2008

¡¡FELIZ NAVIDAD!!


Les deseo, de todo corazón, mucha paz.
(Y un Papa Noel generoso.)

19 de diciembre de 2008

Semana Dieciocho (con foto)

El consultorio de mi obstetra ocupa todo el segundo y el tercer piso de un edificio de cinco pisos. En el piso cuarto se encuentra una conocida clínica de infertilidad. Para que no digan que dos mundos dispares no pueden convivir. Moros o cristianos. Demócratas o republicanos. Fans de los Beatles o fans de los Rollings. Alonso o Hamilton.

Quien ha estado de ambos lados de la escalera y ha subido y bajado esos pisos de forma intermitente durante años, puede reconocer a la legua quien va al segundo y quien va al cuarto piso, aún antes de que aprieten los botones anaranjados del ascensor. Las caras tensas, a veces vacías; la mirada al suelo; los pensamientos perdidos y la delgadez con frío de las de arriba contrastan con las caras complacientes y cuerpos redondos de las de abajo. Las de arriba, además, suelen ir en pareja; ambos serios, con las manos agarradas, buscando apoyo mutuo en un mundo que no para de dar vueltas. Las de abajo van solas y suben leyendo su Blackberry o mirándose las uñas, metidas en su burbuja de hormonas.

Yo miro a todas desde el fondo y recuerdo las veces que habré cortado la circulación de los nudillos de O. por agarrarlo tan fuerte. Mi corazón va hacia las de arriba, especialmente en estas fechas; cierro los ojos y les envío cálida luz blanca.

No se deja de ser infértil por haber ganado la lotería del embarazo, porque si para tener un hijo se necesitaron siete años, nueve tratamientos y treinta y cinco médicos, poco debo tener en común con el mundo de las conejas.

Y sin embargo... Sin embargo, toda mi piel me pide un descanso de la infertilidad. Mi mente quiere meter la cabeza en un hueco y vivir en el mundo de los pensamientos felices. Cuando la paranoia ataca, toco mi panza, ahora ya abultada, y las mandíbulas se aflojan. Es por eso que no puedo entrar en foros, ver libros o sumergirme más tiempo en la infertilidad. No por ahora. Todo mi ser me pide un descanso. Pido gancho.


PD: Editado a petición del público con foto en bikini. La calidad deja mucho que desear porque está sacada con mi teléfono, enfrente del espejo; pero la idea se entiende...




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9 de diciembre de 2008

Semana Diecisiete

A veces una no quisiera tomarse vacaciones, sólo para no sufrir al regreso. Pero como dice aquella canción antigua y cursi, “es mejor querer y después perder, que nunca haber querido”; así también es mejor disfrutar de la vida y la amistad, aunque eso signifique bostezar en la oficina unos días mas tarde.

It’s a boy!”; varoncito, dijo la ecógrafa hace unos días, mientras le medía la cabeza, el corazón, el bazo, el fémur y otras internidades varias. Todo parece dar las medidas apropiadas, siempre y cuando la vista de la técnica haya sido lo suficientemente avezada como para distinguir el bazo del estómago, cosa que parecía, a todas luces, un trabajo más digno de una bruja con poderes psíquicos, que de un científico.




Varios nombres rondan en aire, siendo por ahora el ganador, Maximiliano. También tienen buenas chances Federico y Alvaro. ¿Alguna otra sugerencia? Nos gustan los nombres largos y con peso (el apellido es corto y alemán).


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21 de noviembre de 2008

XIII EDICIÓN DEL CONCURSO "TODOS SOMOS DIFERENTES"

"La ASAMBLEA JUVENIL DE DERECHOS CIVILES, en colaboración con la FUNDACIÓN DE DERECHOS CIVILES, y el Instituto de la Juventud, INJUVE, convocan la XIII edición del Concurso "TODOS SOMOS DIFERENTES", en las modalidades de cuento, relato hiperbreve y fotografía. Su objetivo es distinguir aquellas creaciones originales que conjuguen la calidad artística con una especial sensibilidad y capacidad de comunicación y denuncia de realidades racistas o de intolerancia."

Me acaban de notificar que he sido finalista en la modalidad de relato hiperbreve, entre más de dos mil concursantes, y que el mismo será publicado en un libro recopilatorio de próxima edicion. Este es el relato:

LA CARTA

Doña Francisca se sienta cerca de la ventana, por donde entra el sol de la tarde porteña. Se pone los lentes, mientras entre sus dedos temblorosos se zarandea un sobre que acaba de traer el cartero. Mira la letra y le pasa por encima la mano derecha, con cariño. Son noticias de su nieta, quien se fue a buscar trabajo en Madrid hace apenas unos meses. Por suerte, aún no perdió la buena costumbre de escribir en papel, en una época donde la gente parece tenerle alergia a las oficinas de correos.
Querida abuela: Espero que estés bien y que no te olvides de tomar tus pastillas para la presión. Sabés que con esas cosas no se juega.”
Doña Francisca sonríe al pensar que el tiempo se encarga de cambiar los roles en la vida, mientras recuerda las veces que le habrá cambiado los pañales a esa niña.
Las cosas por acá están bien. Bueno, no están mal, que es un avance.”
La anciana aún no entiende que alguien tan listo como Mariana, con sus estudios de Filosofía y Letras, tuviera que seguir dando tumbos por el mundo, sin poder ganarse el pan, como merecía. Cuando Francisca llegó a Buenos Aires, tenía sólo diecisiete años, estudios primarios y mucho coraje. Es cierto, alguna vez le llamaron “gallega de mierda” como a su nieta le habrán, alguna vez, escupido “sudaca”, aunque lo oculte entre las letras redondas de su carta, pero nadie nunca le había cerrado la puerta en la cara. Trabajó de mucama, niñera y finalmente, se hizo cocinera, lo que fue su gran pasión. Crió a dos hijos, una nieta y caminó siempre con la frente alta de quien no tiene que pedir perdón. ¿Cómo estará tratando a mi niña la España de mis amores? ¿Será tan generoso mi pueblo, como esta tierra extraña lo fue conmigo?
Abue, te quiero mucho y me gustaría que estuvieras más cerca. No he comido aún unos callos como los tuyos. Reza por mí.”
Doña Francisca, cerró la carta en dos y le dió un beso con sus labios agrietados. Sonrió, dejó escapar un lagrimón y comenzó un Padrenuestro.

11 de noviembre de 2008

Semana Trece

Mi hermana y yo somos muy diferentes. Cuando acababa de tener a su niña, le pregunté por qué llevaba un bolso con ositos. Me miró sorprendida y me respondió con ojos obvios: “porque es para los pañales de la beba”. “Pero el bolso lo llevas vos, no ella”. Claro, yo estaba soltera en ese entonces y mi comentario sólo provocó una sonrisa condescendiente.

Ahora estoy casada y con un bebé en camino (si el Destino se sigue olvidando de mi) y sigo sin entender la manía con los osos; animal ciertamente peligroso, dicho sea de paso. También me lastiman los ojos las paredes pintadas de rosa, las guardas con trenes, las cunas con puntillas y las alfombras en forma de corazón. Debe ser algo genético, por parte materna. Mi habitación de niña tenía las paredes de color crema y cubrecamas a rayas rojas y blancas, alabada sea mi madre.

Me gusta la decoración y quisiera que mi Baby respirara un amplio sentido estético desde que llega a casa. Sé que algún día tirará todo lo que le compró su madre y lo sustituirá por sábanas con volados y cortinas con corazones, pero a esa altura ya será hora de mandarla de una patada a la universidad. También sé que, así como yo he vuelto, con los años, a la sopa de mi madre; así volverá el/ella a las frazadas de su infancia. Tengo la habitación de Baby decorada en mi mente y circulan en esas ideas, los colores blanco, amarillo, crema, muebles de madera oscura y sillas Barcelona.

Hace un par de semanas me atrapó una tela de Marimekko llamada Kulke y pensé que sería perfecta para una pared de su habitación. Es exótica, colorida, algo retro y misteriosa. Perfecta combinación. Debido a la Paranoia, no pude animarme a comprarla, hasta que, hace unos días, las estaban liquidando al cincuenta por ciento de su valor en CB2.com ya que les quedaban pocas. No me resistí. Llegó ayer. Mide como un metro de ancho. ¿No es fantástica?



PD: Manolo Blahnik (¿lo recuerdan de Sex and The City?) sacó una línea de zapatos para el verano del 2008 usando estampados de Marimekko.

PD2: a O. le encantó. Le dejo opinar porque tiene buen gusto (después de todo, me eligió a mí). Aunque creo en lo que dice el famoso decorador, Jonathan Adler: “En cuestión de decoración, sólo la esposa puede decidir. A menos que el marido sea gay.”


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5 de noviembre de 2008

Semana Doce

- ¡Mirá como mueve los brazos! ¡Va a ser corredor de Formula 1! - dijo O. mientras veía a Baby retozar alegremente por mi útero, con las manos extendidas.

La técnica de ultrasonidos, quien tenía la difícil tarea de medir el fluído de la nuca de Baby, lo veía brincar en la pantalla y decía, riéndose, “We have a jumper here…” (“Tenemos aquí un saltarín…”). Finalmente, nos tranquilizamos todos, Baby nos dió, el pasado jueves, su hermoso perfil y se pudieron hacer las mediciones correspondientes.

Los métodos de diagnostico prenatales son, aquí, y a diferencia de otros países, casi de rutina y no sólo para las veteranas. La translucencia nucal se hace alrededor de las once semanas pero cada vez es más común realizar los llamados “screenings” secuenciales o integrados. Es decir, además de la translucencia nucal, te hacen análisis de sangre en la semana once y en la semana dieciséis. Luego, calculan conjuntamente los resultados y aparece, mágicamente y con un noventa por ciento de éxito, la probabilidad de que el bebé tenga trastornos cromosomáticos (trisomías, Down, etc). Si los resultados son anormales, se ofrecen como alternativas los métodos de detección más invasivos como el CVS o biopsia de corión, entre las semanas diez y doce o la amniocentesis, alrededor de la semana dieciséis. Ambos tienen casi un cien por cien de exactitud en sus resultados, con la diferencia que el CVS no detecta problemas neurológicos (espina bífida, por ejemplo).

El primer exámen de las once semanas lo pasamos Baby y yo con buenas calificaciones, así que seguiremos estudiando para el siguiente. Si todo sigue bien, no será necesaria la amnio, que me pone algo nerviosa aunque, con un buen médico, el riesgo es mínimo.

En otro orden de cosas, ayer me puso O. mi última inyección de progesterona. Ahora, proveernos de esta hormona ya es tarea de la placenta. Como no recibí ningún discurso de aceptación por parte de Placenta, me pregunto si habrá asumido su cargo sin condiciones…


Pd: la foto quedó algo oscura y, luego de pasar por el escáner, sólo se ve un nublado digno de una noche de invierno…

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29 de octubre de 2008

Semana Once

Tengo algo de dificultad para abotonar las camisas y los pantalones. Como si, últimamente, alguien me hubiera inflado. No es una panza de embarazo decente, sino una especie de hinchazón; tampoco es panza de gorda (a pesar que estoy comiendo como si cargara quintillizos) porque es dura y sin rollos. Hace un par de días me miraba al espejo de perfil y trataba, infructuosamente, de meter la panza para adentro, aguantando la respiración, mientras O. refunfuñaba alrededor, quejándose de mis contorsiones.

- Baby –decía yo, mirándome el ombligo- tu papá me está peleando...
- Baby –contestaba O.- ¡tu mamá te está queriendo aplastar como un matambre!

Y acá seguimos, contando las horas que nos separan para ver a Baby en la translucencia nucal. Mañana a esta hora ya nos habremos saludado desde la pantalla. Mientras tanto, y siendo ésta semana de Halloween, vuelvo a publicar el Conjuro Cuasi-Celta que tan buen resultado me dió el año pasado; a ver si este año embarazamos a unas cuantas más.

Búhos, lechuzas, sapos, endocrinólogos, andrólogos y brujas.
Demonios, diablos, conejas fértiles, espíritus de los ovarios poliquísticos.
Cuervos, abogados, vendedores de Puregon y otros hechizos de la Madre Fértil.
Galenos inútiles hinchados de ganar dinero, agujas subcutáneas.
Mal de ojo, implantación fallida, hiperestimulación ovárica, truenos y rayos.
Ladrido del perro tuerto, semen sin uso y pata del conejo.

Pecadora lengua de baja respondedora casada con hombre viejo.
Infierno de espéculos y murciélagos saltarines, enfermeras insolentes, gata negra preñada y en celo; punciones sin anestesia.
Ovarios inútiles, endometriosis severa, betas negativas, maullar de gato sucio.
Consejos inoportunos de parientes curiosos; ecógrafos y lagartijas.

En las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, los quemaré a todos sin piedad y huirán las brujas en sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas.

Oigan los rugidos que dan los que no pueden dejar de quemarse, quedando nosotras libres de los males de nuestra alma y de toda maldición.

Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, les hago esta llamada: si es verdad que tienen el poder de la Naturaleza, aquí y ahora, los invoco para que los espíritus de la Fertilidad no se despeguen de nuestra casa por muchos años y que a todas las mujeres de vientres vacíos, les lluevan niños con rostro de ángel.”




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24 de octubre de 2008

Lista de Blogs

Si alguien quiere que añada su blog a la lista que figura aquí en el blog, sólo chifle (es decir, déjenme un comentario con la dirección del mismo)

(NOTA: blogs porno y blogs republicanos, por favor, abstenerse)

21 de octubre de 2008

Semana Diez

Todo sigue igual y me gustaría saber si es cierto que aún sigo embarazada. Hablo con Baby por las noches y le pido que me mande alguna señal, pero es sabido que los hijos nunca escuchan a sus madres. El resto de la familia parece ya estar pensando en pañales, mientras O. y yo seguimos bailando la danza de la buena fortuna y quemando ruda para ahuyentar las desgracias. Menos mal que todos viven a seis mil kilómetros de distancia.

Si la vida fuera justa, ésta debería ser, finalmente, nuestra oportunidad de ser padres; pero sé que casi nadie tiene lo que se merece. Alguien dijo que cuando la vida es justa, normalmente es una coincidencia. Si una se fija bien, el Destino casi siempre te da de más o te da de menos, como una cajera que no sabe contar; y si bien muchas veces me ha tocado recibir algún dinerillo extra, otras veces me he quedado con las manos vacías y cara de desconcierto.

Suelo tener bastante suerte. Recuerdo cuando era pequeña, si mis padres ponían algo a sorteo entre mi hermana y yo, me saltaba una sonrisa de satisfacción porque sabía que, inevitablemente, como el número dos le sigue al uno, saldría favorecida en el sorteo. Sin excepción. De todas formas, no confío en el Destino. Sigue siendo desleal y traicionero. Me pregunto por qué, entonces, el sentido de la justicia se encuentra tan enraizado en nuestro corazón. Cada individuo, sin importar raza ni condición social, brama por justicia como si fuera un derecho primario; como si habláramos del derecho a la vida, a la dignidad o a la libertad. Si los individuos ni la sociedad son justos, la vida no lo es y Dios tampoco, ¿a quién le reclamamos tamaña virtud? Ni Platón ni Kant concebían una sociedad sin justicia; Jesús hablaba de una justicia basada en el amor y para Aristóteles, era la virtud perfecta. Y sin embrago, no hay imperativo categórico ni filósofo brillante que nos salve de una pésima mano en la baraja.

Y así como siempre compro el seguro que me ofrece el croupier cuando da vuelta un as en el “black jack”, así sigo buscando yo un poste de donde agarrarme en caso de huracán. Mientras tanto, sigo silbando bajito y mirando al techo distraídamente, para que el Destino no se entere que soy feliz.


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15 de octubre de 2008

Semana Nueve

En realidad fue ayer, pero el día fue muy corto como para incluir un rato de ocio en la computadora. La mañana fue un tanto caótica en la oficina y me pasé la tarde en la sala de espera del ginecólogo/obstetra. Llené muchas planillas y ví pasar muchas panzas redondas. La mayoría de ellas vienen rodeadas de un aura inconfundible, una mezcla de parsimonia con complacencia; como si vivieran en un mundo donde el tiempo fuera un accesorio opcional y las panzas gordas fueran atributos reales. Nunca me gustó ese halo distintivo pero pensé que, ahora que soy socia del club, sería más tolerable. Mmm… no, sigo repeliendo ese tufo. Debe ser, quizá, que sólo tengo nueve semanas…

Aunque el doc me atiende desde hace como diez años, era mi primera visita como embarazada (gracioso y extraño me sigue resultando este calificativo), así que revisamos todo el historial clínico, me recomendó un antiácido, me dió instrucciones para la translucencia nucal y frunció el ceño con la decisión de mi hematólogo de darme Lovenox hasta después del parto.

No me dijo nada que no supiera acerca de las complicaciones de los partos con heparina y me pidió que tenga una consulta con un perinatólogo, especializado en embarazos de alto riesgo, para tener una tercera opinión. Aún es pronto pero, luego de meditarlo bien y en unos meses, decidiremos todos en cónclave, el obstetra, el peri, el hematólogo y nosotros dos, si tenemos un parto normal o lo sacamos al Baby por la oreja derecha. Hey! sin ir mas lejos, ayer me contó O. que ahora operan coágulos cerebrales desde la ingle.

Y me despido con una foto de mi última escultura tallada en calabaza. Si ésto no asusta a mis vecinos, les hablo de cesáreas con anticoagulantes.

10 de octubre de 2008

Ay, cómo crecen los chicos…

En realidad, es el chico o la chica. Tanto el Baby como su madre se encuentran en perfecto estado de salud, muchas gracias.



En la medición, el Baby salió bien crecidito para su edad: ocho semanas y tres días y 1.79 cm. Nos saludó con una sonrisa y con 178 latidos por minuto. Va como una locomotora; ahora me explico por que yo ando, dos por tres, con taquicardia.

Y sueño. Y pérdida de memoria...

¿Les conté que hoy tuve una ecografía?

7 de octubre de 2008

Semana Ocho

Hoy, las hormonas me dieron la peor de las noches. No sólo tuve que levantarme tres veces al baño, sino que casi no pude dormir a causa de las nauseas y la acidez estomacal. ¿Por qué será que todo eso sucede en cuanto apago la luz? Por lo menos, le alegro la vida a O., que ve en mis desventuras, un embarazo más real.

Mi padre, que es un hombre muy sabio, dice que el miedo es libre, así que cada cual tiene el que quiere. Cuando una recién vio a su Baby en la pantalla y se trajo una foto de souvenir, es fácil creer en los milagros. Con el paso de los días, las imágenes se van desdibujando y la alegría va cediendo paso a la duda. Por último, la duda se transforma en miedo y una no sabe si está verdaderamente gestando algo, y de ser cierto, si ese algo en lugar de parecerse a una propaganda de Johnson, no se asemejara más a uno de los personajes de Diane Arbus.

Y cada cual maneja su miedo como le da la gana, debería ser la última parte del dicho de mi padre. O. prefiere no hablar del tema, no soñar ni mirar más adelante de sus próximas veinticuatro horas. Si la ansiedad ataca, se enfrasca en su trabajo o se va al gimnasio, pero si le hablo de Bugaboo o de niñeras, le sube la presión a doscientos veinte.

Yo, por otra parte, prefiero no mirar al miedo a la cara. Sé que esta ahí, como un elefante pintado de verde, adentro del dormitorio, imposible de ignorar; pero miro para otro lado y navego por Google buscando ropa de embarazada, carritos de bebe y colegios. Ya tengo, en mi mente desvelada, su habitación decorada y la decisión de rodearlo de un ambiente orgánico, libre de tintes y hedores tóxicos y pesticidas, por lo menos, durante su primer año. Sé la escuela donde lo llevaremos a aprender natación, cuando tenga seis meses, y tengo una pila de libros sobre embarazo y recién nacidos. Y si la Catástrofe llega, que me quiten lo bailao.

Mi madre me dice: “no te quejes; en mi época, no sabías nada hasta que nacía…”. Y yo pienso que, en su época, hubiera abierto un agujero por el ombligo, para instalar un telescopio.



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30 de septiembre de 2008

Semana Siete

Que lo parió. Recién empiezo y ya estoy en la semana siete. No sé quien les enseñó matemática a los médicos.

La falta de vómitos apropiada me hace sentir menos embarazada. Ya sé que me levanto al baño dos veces por noche, tengo una acidez estomacal que no se me va en todo el día (mucho menos con las pizzas y helados que se me antojan últimamente, aun yendo en contra de mi dieta orgánica y natural), que puedo oler una banana a quinientos metros, que me da por llorar cuando veo el Dow Jones bajar más de quinientos puntos y que mis pechos parecen el mapa de carreteras de la Florida. Ahí, en el centro, señora, ese círculo marrón, que se va agrandando cada día, es el Lago Okeechobee; y esa carretera azul que pasa por el costado de mi lola derecha, es la Interestatal Noventa y Cinco. Pero, ¿como sé si mi Baby está bien? ¿Como sé si su corazón sigue latiendo con fuerza y ritmo o si algún cataclismo ha sucedido y todo ésto no es más que una fantasía?

Tengo asumido que la preocupación ya no acaba más. Hoy es la reproducción celular, mañana será esa tos que suena feo o la vuelta a casa, el sábado por la noche; pero después de haber vivido lo que nosotros hemos vivido, se me debe perdonar si me uno a la tropa de Santo Tomás, bajo el lema “ver para creer”. Y yo no veo.

Me temo que me esperan nueve meses de los largos.



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26 de septiembre de 2008

Tengo foto

En mi vida, las mejores noticias suelen ir precedidas de catástrofes en miniatura de alguna clase. Choqué, por ejemplo, camino a la iglesia, el día de mi casamiento. Y mientras se acumulaba la gente a ver qué pasaba, yo asomaba el pescuezo por la ventanilla del asiento de atrás, cuidando de no arrugar mi vestido ni deshojar mi ramo. O sea que, cuando esta mañana, al llegar a la clínica nos dijeron que la que hace las ecografías no había podido ir a trabajar porque a su madre le diagnosticaron cáncer; que tenían que pasarme a otro día o mandarme a otra clínica y cuando en esa otra clínica nos hicieron esperar más de una hora, yo sabía que algo bueno estaba por venir…



Latidos por minuto: 117.

Hay un segundo saco gestacional… pero no se pudo ver embrión. El doc dijo que puede ser que venga rezagado, porque es muy temprano aún o que, directamente, no ha llegado a desarrollarse. Recomienda otra ecografía en dos semanas para ver como va.

Estoy flotando a unos diez centímetros del suelo. ¡Que fotogénico es mi niño!


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23 de septiembre de 2008

Prometo que es el ultimo



La linea de embarazo (la de la izquierda) se sigue "robando" tinta de la de al lado asi que todo parece seguir su rumbo...

No lo entiendo como un reflejo de mi Paranoia sino como un sistema de comunicacion que hemos desarrollado con mi Baby: yo hago pis en un palito; el me manda dos rayas, indicando que las cosas van bien y todos contentos.

22 de septiembre de 2008

Síntomas de embarazo

Poca cosa, a decir verdad, si me comparo con las embarazadas de las películas, que se la pasan de cabeza en el inodoro, explotando corpiños y poniéndole cara de asquito a la corvina a la vasca.

Para las que venimos de FIV, además, la mayor parte de los síntomas se deben a la pila de hormonas con que nos desayunamos cada día, en especial la progesterona inyectable. Durante los días anteriores a la beta, rastrillé San Google por entero para tratar de encontrar alguna pista que me dijera si levantarme a la noche al baño se debía a la progesterona o a la HcG. No encontré muchos síntomas desasociados de la progesterona. Así que ésto es lo que recopilé de mi experiencia, por ahora, enumerando el elenco por orden de aparición:

- Sangrado de implantación: dicen que solo un tercio de las mujeres lo experimentan, entre los días 6 y 10 de la concepción. Considerando que yo siempre quedo del lado negativo de la estadística, no pensaba tener el gusto de encontrármelo. Al día siguiente de la transferencia y reposando obedientemente en la cama (“que tus pies no toquen el suelo en 3 días, excepto para comer e ir al baño” diría la enfermera) noté unas gotas marrones en el papel higiénico. Toda emocionada, le mande un e-mail a la enfermera, que me pinchó rápidamente el globo, diciendo que era normal después de las transferencias tener algún tipo de flujo oscuro. Con el rabo entre las piernas, seguí durmiendo lo necesario y exactamente siete días después de la transferencia, volví a ver, esta vez a lo largo del día, algunas gotas aquí y allá de color marrón oscuro. Estoy convencida que alguna de ellas fueron de implantación; aunque no sé cuáles, ya que fueron muy separadas en el tiempo.

- Aumento de la temperatura: dos o tres días antes de la beta empecé a tener unos sofocones dignos de vieja menopáusica. Iban y venían. Especialmente a la noche, cuando tiraba al suelo todas las mantas (para alegría de mi marido) y no paraba de transpirar, a pesar del aire acondicionado. Yo, que siempre tengo las manos a la temperatura de los almendrados, pasaba el día con mis dedos templados como ventana al sol. A tal punto fue el cambio, que O. me dijo un par de veces, tocándome la cara, “¿por que no te medís la temperatura?; me parece que tenés fiebre”.

- Paseos al baño: empezaron los paseos nocturnos antes de la beta. Hace diez días que no puedo tener un sueño natural y reparador de, digamos, nueve o diez horas. Cada cinco horas, suena un despertador en la vejiga que me ordena levantarme e ir al baño. Zzzzz…

- Olores: curiosamente, sólo me molestan últimamente algunos perfumes, que, en otro momento, ni siquiera hubiera notado. Nunca fui muy buena con el olfato.

- Gases: Mm… en fin, sin querer entrar en temas escatológicos en el blog, es algo molesto y socialmente, levemente incómodo…

- Acidez de estómago: después de comer; o cuando tengo el estómago vacío. Estuvo peor los primeros días; ahora va mejorando; supongo que se debe a que me fijo más en qué como y en tener algo en la barriga cada tres o cuatro horas.

También están el sueño, cansancio y la lentitud de pensamientos pero sé que se deben a los inyectables. Últimamente, tengo el estómago “raro”, poca hambre y mucha sed. Hay algo que me tiene desconcertada y que probablemente no tenga nada que ver con embarazo pero que nació al mismo tiempo: los calambres. Especialmente en los pies pero a veces, también, en la manos. San Google no se pronuncia al respecto, a menos que una este en el último trimestre y los calambres sean en las pantorrillas. Asumí que era escasez de electrolitos (sodio, potasio, etc.) y alguna gente recomienda, para eso, Gatorade. Como me niego a ingerir tamaña cantidad de azúcar inútil, opto por mi jugo de verduras Knudsen, que triplican los valores de electrolitos, es orgánico y está lleno de otros nutrientes. Eso lo aprendí a lo largo de mis variadas punciones, cuando las enfermeras insisten en meterte Gatorade hasta por la nariz, para evitar la hiperestimulación. Parece que los calambres van mejorando.

Sigo impaciente esperado los vómitos que me prometieron.


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19 de septiembre de 2008

Mmm... sí, todavía están ahí...



Como verán, la línea de HcG está mucho más fuerte que el lunes pero la de "control" o referencia está muy débil. Fuerte ataque de Paranoia. ¿Hice mal es test? ¿Está fallado? ¿Será que las líneas están al revés?

O: Hacete otro, mejor
Yo: No tengo mas pis
O: Uff... Bueno, lo hacemos de nuevo mañana...

Como mañana (la orina de la mañana es la mejor) está muy lejos, llamé al servicio de atención al cliente de First Response (la marca del test) y, después de descartar que la caja estuviera vencida, que no estaba tomando medicamentos y que no había dejado el palito cuatro horas y media en la orina, me dijeron (atención) que cuando la hormona HcG está muy, muy alta, "roba" tinta de donde puede, empezando por la línea de al lado, o sea, la de control... ¡¡Chan!!!

Definitivamente, con los hijos, no se gana para sustos...

16 de septiembre de 2008

Segunda beta

Para quienes esperan una reflexión profunda acerca de las virtudes de la perseverancia, los azares del destino o la puta suerte que, al final, tuvimos, lamento desilusionarlos. Mis neuronas están trabajando de forma espasmódica y hacen sólo lo posible por mantenerme mínimamente lucida en la oficina. El nivel de conversaciones con O., por otra parte, va más o menos así:

O.: “a ver, mirame”
Yo (dándome vuelta): “que pasa?”
O.: “me parece que tenés cara de embarazada”
Yo: “jua, jua, jua”

Lo que, claramente, demuestra que nuestro nivel de estupidez va in crescendo.

Pero bueno, basta de intrigas. Beta de hoy: 1.662

(Nota: para las neófitas y mis amigas de la vida real, que parece que a sus hijos se los trajeron los Reyes Magos, a juzgar por su nivel de conocimiento del sistema reproductivo: los niveles de HcG (beta) se tienen que duplicar cada 2 o 3 días para indicar un embarazo viable; técnicamente, dicen que lo normal es un 60% cada dos días)

Estoy empezando a respirar un poco mejor, pero ya me voy corriendo a comprar unas cuantas cajas más de Evatest porque me dijeron que el próximo paso es la ecografía, el viernes de la semana que viene. ¿¿¿DIEZ DIAS SIN NOTICIAS???



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15 de septiembre de 2008

La foto me salió movida

pero la idea general se entiende...

(la Paranoia estaba haciendo estragos y necesitaba algo para aplacarla)

12 de septiembre de 2008

Tanto va el cántaro a la fuente...

dice el dicho, que al final se rompe...

Beta del dia de la fecha: 397
Tratamientos: 9
Lagrimas derramadas: 1.529.368
Embarazo: no tiene precio

10 de septiembre de 2008

Sobre las transferencias

Nos gustó mucho nuestra nueva clínica y hasta O., que normalmente no juzga a los docs, me dijo: “es el médico que más me gusta de todos los que hemos tenido”. Y no han sido pocos.

Las fertilizaciones in vitro, como, supongo, todos los procedimientos médicos de alta complejidad, se suspenden entre la habilidad técnica y la Mano del Destino. Como la última es impredecible y dos por tres, nos da una cachetada, sólo nos queda afinar la puntería con la primera. La diferencia entre el éxito y el fracaso está, a veces, en los pequeños detalles. Un buen médico lo sabe y uno mediocre, si lo sabe, no le importa.

Cuando estudiaba Derecho, yo sabía, en mi clase, quien iba a ser un buen abogado, quién iba a ser un charlatán, un mediocre, un teórico o un brillante jurista. Pero todos recibimos nuestro título por igual. Con los médicos pasa lo mismo, y después nos toca a nosotros separar el grano de la paja; tarea ciertamente difícil, porque hay muchas variables que ayudan a esconder la verdad, como la fama y los consultorios decorados por diseñadores de moda. Debería existir un organismo internacional que puntuara a los profesionales, como a los tenistas, en base a sus éxitos y sus fracasos. Si querés ir atenderte con Nadal, ya sabés donde encontrarlo; si el número dos igual te va bien, a lo mejor conseguís turno antes. Simple.

Entre esos pequeños detalles, normalmente menospreciados por los médicos, se encuentra la transferencia de embriones. Está ampliamente documentado que una transferencia dolorosa y con contracciones reduce drásticamente las posibilidades de implantación. Tanto nuestro doc como el biólogo dieron al momento de la transferencia un respeto solemne y una delicadeza que nunca habíamos visto antes. El doc noss repitió más de una vez que ellos se iban a tomar todo el tiempo necesario. También nos dijo que siempre utilizan el método del catéter doble: un catéter flexible que llega hasta la entrada del endometrio y actúa de soporte (se llama catéter guía); y otro etéreo, delgado como un cabello y flexible como un fideo al dente, que transporta la preciada carga embrionaria, por dentro del primero, y que llega, guiado por ultrasonido desde la pantalla, hasta el fondo de la capa intermedia del endometrio. La idea es agarrar el útero desprevenido y que no se entere que está recibiendo un elemento extraño. De esa forma, con sigilo, alevosía y nocturnidad, depositamos los embriones en su casa para que sigan creciendo, sin despertar ningún cancerbero uterino.

Los buenos acupunturistas tienen también un protocolo pre y post transferencia para relajar el útero y prevenir contracciones. Y aunque esta vez no recibí acupuntura, la sustituí por un regio Valium de 5mg, generosamente recetado por mi doc.

La alerta lectora Majito me pasó ayer este estudio que precisamente habla de las ventajas de la utilización de catéteres flexibles, en lugar de rígidos. Hay muchos otros científicos que estudian la posición del catéter, el movimiento del mismo, hasta que punto debe llegar el catéter guía y su relación con las tasas de embarazo. Usar ultrasonido o ecografía durante la transferencia parece que también mejora el panorama.

En fin, que por lo que nos cobran, tenemos derecho a exigir, entre otras cosas, que se prevean y traten de evitar las transferencias difíciles; aunque algunos médicos digan que “da igual”. Si yo fuera un embrión indeciso, preferiría entrar en una casa tranquila que en un acolchado en medio de un terremoto.



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8 de septiembre de 2008

Para las heparinosas

Tengo un secreto…
Excepto un hematoma grande, del día en que tuve la mala suerte de cazar una venita en el camino, mi panza tiene un aspecto bastante decente en cuanto a moretones se trata. Apenas un enrojecimiento en el lugar de cada inyección y casi nada de inflamación.



Hay varias cosas que ayudan, como usar los costados y no el centro de la barriga; pinchar con decisión y en ángulo perfecto de noventa grados; no frotar el lugar de la aplicación y dejar un algodón con alcohol hasta que termine de sangrar el pinchazo. Pero el gran secreto se llama ARNICA.

Me la recomendó una cosmetóloga, hace un tiempo, para moretones en general, y es maravillosa. La aplico dos veces al día en forma de tintura, pero es más común encontrarla en forma de crema, en farmacias o tiendas naturistas.


PD: la redondez del centro se la achaco a las hormonas, pero sospecho que se debe, en mayor medida, a la engullida masiva durante las vacaciones. Comí como para mantener un oso hibernando y gasté menos calorías que una tortuga en estado meditativo.



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3 de septiembre de 2008

Dia sin viento

El dia es soleado en esta ciudad de clima templado. Al menos asi se ve por la ventana...

O. me atiborra de comida que se va derechito a los gluteos, como reserva energetica, por si algun dia se me ocurre gastarla.

Ayer a la tarde, un dia despues de transferir redondos blastocistos, tuve unas gotas de descarga vaginal marron... La imaginacion vuela...

Hoy nos mudamos a un precioso hotel en Laguna Beach, al lado del mar. Si no puedo calzarme la bikini y lucir mis hermosos hematomas de la panza, al menos sacare fotos del atardecer en el mar.

2 de septiembre de 2008

Por ahora, todo bien

Tres lindos embriones en mi endometrio gordito con diez milimetros, no esta nada mal. El optimismo es siempre cauto, asi que solo falta esperar y seguir con las relajaciones. Ommm.

Mientras tanto, me despido con una muestra de la fauna local...



28 de agosto de 2008

22 de agosto de 2008

20 de agosto de 2008

Las agujas sospechosas

Desde una Ciudad de México con nubes, a un Miami con tormenta tropical, transcurrió mi día de ayer. No es bueno viajar con agujas en el bolso de mano, aprendí; en algunos aeropuertos te miran con ceños fruncidos y ojos entrecerrados. “¿Es usted diabética?”. No, soy infértil. ¿Cómo le explico a usted lo que significa un tratamiento de infertilidad? Supongo que usted no querrá saber de mis noches de desvelo, mi estómago con moretones heparinescos, mi panza hinchada, mis protocolos, mis ganas simultáneas y contradictorias de acabar con todo y de seguir peleando, mi cansancio de progesterona o mis múltiples ultrasonidos. Asumo que tampoco le interesa saber cómo se mezcla un Repronex, cómo se carga una lapicera de Follistim o lo ridículamente cara que es esa jeringa pre-cargada de Lovenox que usted revolea en estos momentos entre sus dedos. No, mejor busco un lenguaje que me haga comprensible. “Tengo problemas de coagulación; debo inyectarme cada cierto tiempo y nunca he tenido problemas en viajar con mi medicación”.

- Si no tiene la receta del médico, tenemos que facturar su valija. Pero ya este vuelo está cerrado, por lo que debería esperar el próximo vuelo.

Iban en serio. Próximo vuelo de regreso a casa, en un lado de la balanza. Una jeringa extra de heparina, del otro.

- Tome, tírela

Qué poco duelen las cosas cuando las paga otro. Si mi seguro médico pagara mis tratamientos como paga mi Lovenox, creo que seguiría probando unos quince años más.



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12 de agosto de 2008

¿A quién se parece el nene?

Alguna gente es fácil de llevar. Son felices con poco. Lo mismo les da una pizza con jamón que con rabanitos; levantarse a las diez que a las doce; disfrutan del sol y de los días nublados y van al cine a ver cualquier película. Como yo. Simplicidad. Minimalismo.

Hay otra gente, como O., que es de muy alto mantenimiento. No pueden comer comida recalentada; sólo pueden ir a la playa por la mañana; tienen que usar una marca determinada de bronceador para que el sol no los ampolle; les dan asco los maníes de los bares, donde todo el mundo mete las manos; sólo pueden leer libros que sean inmaculadamente nuevos y usan lentes polarizados.

Mi hijo, aun antes de ser concebido, ya tiene alrededor todo un ejército de especialistas, médicos occidentales y chinos, masajista y astrólogo; ha logrado agotar la energía de sus padres, reservada para el próximo lustro y ha consumido una pequeña fortuna, capaz de servir de dote a la hija de un faraón.

Las cartas del Destino, evidentemente, ya están echadas. Ya sé por qué lado de la familia tienen más peso los genes…


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7 de agosto de 2008

Me estoy haciendo hippie

En el arte de la guerra, lo primero es conocer al enemigo. Y es así como me dediqué, durante muchos años, a aprender sobre esta plaga que no me dejaba dormir. Leí hasta quedarme sin pestañas; aprendí sus jugadas, sus tácticas; me adelante a sus movimientos y estudié sus puntos débiles y fuertes. Todo con un solo objetivo: conquistar.

Estoy segura que Sun Tzu no la habría tenido tan clara si en vez de soldados del otro lado, hubiera tenido que diseñar una estrategia contra la infertilidad. La cuestión es que, por el momento, el enemigo me ha derrotado sin asco.

Sigo con mis sesiones de hipnosis y la psico está totalmente convencida que tengo que apartarme del mundo de la infertilidad como de la sarna. Basta de libros, de foros, de temperaturas, visualizaciones y de huir de las embarazadas como si estuvieran apestadas. Hubo un tiempo para eso y ese tiempo ya pasó. “Quiero que te hagas una experta en relajación”, me dice. Sí, doc, ya me habían dicho antes que me relaje, pero no funciona. Créame. “Quiero que te tomes unos minutos varias veces al día para bajar las revoluciones de tu mente pensante. Y algo te garantizo: cuando estás relajada, no podés estar nerviosa, preocupada, con miedo o ansiedad. Son incompatibles.” Bueno, visto de esa manera, más me vale fumarme un buen porro todas las mañanas. “Querer embarazarse, cuando no se puede, es como querer dormirse cuando se tiene insomnio. Entre más una se esfuerza, más se aleja del objetivo.” ¿Pero no era que en la vida, todo se consigue con esfuerzo? “No tenés ninguna razón médica para no quedar embarazada; el cuerpo de una mujer lleva acumulada la historia y el instinto para saber qué hacer. Sólo tenés que tomar distancia del proceso, seguir las instrucciones del médico y dejar que el cuerpo tome las riendas.”

Si me lo hubiera dicho otro, todavía me estaría riendo. Pero quien me hablaba tuvo una hija infértil y una pila de diplomas imponentes colgados de una pared. Soy débil con las figuras de autoridad intelectual (no así con la autoridad derivada de la fuerza o la costumbre) y le creí. Cumplo con puntualidad de monje mis relajaciones diarias, leo novelas de papiros antiguos, me fui con O. a ver una película de aventuras (¡en tres dimensiones!) y entro a mi oficina cada mañana con una flor en el pelo, silbando canciones de los Bee Gees.

No sé si la relajación servirá para algo, pero esto de no pensar en la infertilidad me está gustando. Un día de estos, los sorprendo a todos y me declaro fértil.


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31 de julio de 2008

Bloggers Choice Awards

Me anoté para el premio 2008 de Bloggers Choice Awards, en la categoría de Best Foreign Language Blog. Es una pavada porque hay miles y los que ganan siempre hablan de política, tecnología o chusmerío de famosos... Pero, ¿no sería lindo que se viera la infertilidad como un tema popular?
En fin, el que tenga un rato libre y me quiera añadir un voto, verán el botón a la izquierda de la página.

Y sigamos con lo nuestro...

28 de julio de 2008

Mi Angel y yo

Mi relación sinuosa con Dios es ya por todos bien conocida. No puedo negar su existencia, ya que, entre otras cosas, me quedaría sin alguien a quien echarle las culpas de todos mis males, pero no dejamos pasar ambos la oportunidad de alimentar una falta de simpatía mutua. Y si ya aceptar la existencia de un ser invisible, omnipotente, omnipresente y perfecto es un salto al vacío, ni hablemos de la iglesia, formada por seres humanos, por ende, sumamente imperfectos. Si alguien supuso alguna vez que era buena idea juntar a un puñado de hombres, ponerles un vestido largo y hacerlos responsables de reglamentar nuestro espíritu, es que, sinceramente Dios no tiene una buena agencia de relaciones públicas. Si esa institución, en su conjunto, ha ido desde la tortura a la Inquisición, la pederastia y el machismo, ¿con qué autoridad moral puede guiar mi alma? ¿A mí, cuyo peor pecado deber haber consistido en haberle robado el chupetín del recreo a mi compañera de banco?

Sin embargo y hablando de seres etéreos, los que me caen bien son los ángeles, en especial, los de la guarda. Me gusta la idea de sentirme protegida por seres invisibles que ni comen ni duermen y tienen sólo ojos para mí. Su presencia, aunque imaginaria, me tranquiliza. Sospecho que lo que hace a los ángeles de la guarda seres tan queridos es que no juzgan, no amenazan, no imponen; les da igual si un día le sacaste la lengua a tu vecina o si te pasaste la noche jugando al póker; no te abandonan si cometiste un error ni te recriminan haber congelado embriones; no asustan a los niños con el infierno ni se rasgan las vestiduras si escuchan una mala palabra. Siguen ahí. Impertérritos. Estoicos.

Yo suelo hablar con mi ángel por las noches, para que me proteja de los malos sueños; o cuando quiero paz; o cuando necesito enviar energía a un ser querido. Mi ángel no es la dulce cara de un querubín flotando entre nubes doradas y tocando el violín. No, mi ángel es alto y fornido; tiene el pelo largo, una espada al cinto y, a pesar de sus ojos dulces, pocas veces sonríe. Creo que es, más bien, un arcángel. Puestos a imaginar un guardaespaldas, lo prefiero audaz y decidido, que frágil y etéreo.

Y que nadie venga ahora a pincharme el globo y decirme que los ángeles no existen, que son una mera sombra de mi imaginación o una representación de la divinidad de mi persona. Porque ya estoy cansada de depender de mi persona. De mis aciertos y mis errores. Que sea El, quien arregle mis entuertos. Que sea otro el que se ocupe de resolver problemas, mientras yo duermo.



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20 de julio de 2008

¿Qué más querés?

“Te acompaño al médico, tomo mis vitaminas, hago ejercicio, no fumo, te escucho, ¿qué más querés?”. Se defendía O. ante mis acusaciones de que el tratamiento no parece ser su prioridad más alta, después de no haber ido a hacerse unos análisis el viernes. Reproches, a todas luces, infundados e improcedentes. Lo reconozco.

¿Qué más quiero? No lo sé. Quiero no hacer más tratamientos; no tener que pensar siquiera en protocolos y análisis de sangre; quiero no desear lo inalcanzable y quiero ser feliz. ¿Qué no me podés dar todo eso, aunque quieras? Lo sé. Y no, no pienso que por eso seas un mal esposo. De hecho, sigo sosteniendo que en la categoría maridos, y aun sin experiencia previa, sos lo mejorcito que he visto en el mercado. Con diferencia. (Excepto, claro, mi padre, que es perfecto). ¿Y por qué me la agarro con vos? Porque estás a mano, tal vez. Y esto recién empieza. Aún sigo tomando pastillas anticonceptivas; no quiero imaginar en lo que me convertiré cuando empiece con las inyecciones.

Ahora que lo pienso, creo que las sesiones de hipnosis no me han hecho mucho efecto. Tendré, probablemente, que perseverar.

Al día siguiente, en clara represalia, O. me chocó el auto. Que fue accidental, dice él; y yo digo que le creo. Aunque más no sea por el hecho de que mi marido podría hacer cualquier cosa a propósito, excepto rayar su BMW…

16 de julio de 2008

Día de Opinión

El título de mi nuevo blog sigue sin convencerme, pero ya me acostumbraré. De los muchos que dieron vueltas estos días, mi favorito era “Dana, la Bataclana”. Pero si bien sonaba estupendo, me abstuve de usarlo, al pensar que llegaría a tener un ejército de lectores frustrados, que habrían llegado a mi blog pensando ver señoritas revoleando los tobillos desnudos al viento, o sus alternativas modernas mas explícitas.

Pero no me pasé por acá para hablar de bataclanas esta mañana. Y sé que me voy a apartar de mis temas cotidianos.

Viví unos años en España, donde encontraba que era muy difícil ser políticamente correcta. Excepto que hablara de las probabilidades de lluvia, el potencial de ofender a mi interlocutor era muy grande. Viviendo en Madrid, una no tenía derecho a hablar de los problemas madrileños (sin que quiera ahora insinuar que existe alguno), siendo extranjera; ni mucho menos, hablar de otras regiones de España, donde ni siquiera estaba compartiendo las tareas cotidianas. Cada región, y me atrevería a decir, cada pueblo, en España, se auto-abastece de su propio chauvinismo y es así como los mallorquines se ríen de lo poco trabajadores que dicen ser los madrileños; los catalanes dicen que Mallorca es un pueblo de campesinos y todos se ríen de Lepe.

La que aquí relata, aún estando totalmente adaptada a mi entorno y reírme de los mismos chistes con los amigos españoles que todavía conservo (incluso hablaba de “tú” y me abstuve durante mucho tiempo de llamar “gallego” a alguien de, por ejemplo, Asturias), me limitaba a mirar, leer y escuchar cuando se tocaban temas de política, historia o bombas. De forma tácita, asumíamos mi imposibilidad de tocar temas controvertidos sin haber, por lo menos, vivido la historia local desde que andaba en triciclo. Parecía ser una cuestión de respeto; como si estuvieran velando a un muerto y yo, sin conocerlo, sólo pudiera murmurar, con los ojos bajos, “era tan bueno…”.

Pero la cuestión se complicó más. Cuando viajaba a Argentina, tampoco podía opinar mucho sin que me miraran con el entrecejo fruncido porque… ¡ya no vivía allí! Además, eran los años noventa, el Internet aún no había llegado a la calle y mi único contacto con la realidad del país era comprar un diario La Nación obsoleto, con tres o cuatro días de antigüedad, enfrente de la Plaza España de Madrid, para lo cual tenía que desplazarme una vez por semana desde el Barrio de Salamanca, en subte, en un viaje de, por lo menos, media hora y dos trasbordos. Es decir, no estaba muy actualizada que digamos. Y en Argentina, si te descuidas un par de semanas, te cambian el gabinete o el mismísimo presidente.

Así que ahí estaba yo, presa en el mundo del silencio. El loro barranquero, según O., sin poder opinar en ningún hemisferio. Luego me di cuenta que el mismo fenómeno se repetía en los sucesivos países donde me tocó vivir, por lo que comencé a desarrollar, casi sin querer, una franca habilidad, que aún conservo, para desviar las conversaciones hacia temas poco conflictivos tales como el nombre de los huracanes, la extraordinaria gramática de Borges o el sabor del café de Colombia.

Pero luego, pasaron los años... Llegó La Edad. Refrescante y liberadora. Llegó el momento en que te importa un pepino que decís o dónde lo hacés y te das cuenta, además, que nadie se desgarra las vestiduras.

Toda esta introducción vino a cuento para explicar por qué hoy me meto en camisa de once varas. Hoy es un día importante en mi país; se va a decidir si gana la sensatez o los discursos anacrónicos de hace treinta años y las maniobras pérfidas destinadas a que el gobierno robe del bolsillo de unos cuantos (sin importar quiénes son) más del ochenta por ciento de las ganancias de un trabajo duro y honrado.


Este blog está a favor del campo.



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14 de julio de 2008

Sigo buscando la cigueña

El asunto queda así: ¿Dónde está la cigueña? sigue en pie. Más calmado, sobrellevando los altibajos de mis emociones y hablando de aquello que nos define (o de lo que no). No esperen un recuento exhaustivo de mis inyecciones pero sí espero, algún día, contar uno a uno los pañales que cambie (¡con fotos!).

Como segundo experimento, ¡¡ya abrí un segundo blog!! Que emoción. Me siento la casa matriz abriendo su primera sucursal. Su nombre es Recuerdos de Viaje. Comenzaré con historias, reales o no, donde se prima el elemento viaje y luego veremos a dónde me lleva el teclado. Tardé mucho en encontrar un nombre (los mejores ya están tomados; que lo parió, cómo escribe la gente) hasta que decidí que nada se escribe con sangre. Recién estamos en maniobras de pre-apertura y aún faltan links y otras florituras pero las puertas ya están abiertas para quien me quiera visitar.

Gracias por estar ahí y nos seguimos viendo...

8 de julio de 2008

A veces, me ataca la ansiedad

Ya tengo mi turno en tres semanas con el hematólogo para que me recete el néctar milagroso de la heparina y están a punto de llegar mis medicinas por correo. No obstante, en mi empeño por reducir la ansiedad y los miedos que me rondan, sólo busco motivos para alejarme de la infertilidad.

La voz de Brian Weiss me guía en una relajación profunda por las tardes e insisto en mantenerme en actitud zen, pero el ladrido insomne de mis recelos no me deja en paz. ¿Qué he de hacer con este blog? Es como decía la Walsh “porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy…”. Aunque la coraza es grande, a veces cede. A medida que van pasando los días y me acerco a mi tratamiento, van disminuyendo mis ganas de hablar de él. Lo que es más, no tengo ningún deseo de que nadie comente sobre él. No puedo más que poner el corazón en cada post, porque no sé hacerlo de otra manera, pero ¿qué pasa si me lo apachurran? No estoy en una época fuerte donde la espada de mi teclado es suficiente para defender la bravura de mis hazañas.

Sé que la gente que me rodea es mágicamente compasiva; que me escucha con oídos generosamente dulces y que, en el pasado, han sido el bastón que necesité para seguir caminando, pero Internet es muy grande y, a veces, oscuro. Basta que exista la posibilidad de que tan sólo una sola persona me hable de pérdidas, de estadísticas o de edad madura para que las manos me empiecen a transpirar mientras escribo. Y no se supone que el blog me tenga que provocar ansiedad.

No sé si “necesito” escribir, como dicen por ahí los galardonados; pero puedo decir que me gusta mezclar las letras y que si pudiera, sería lo único que haría en mi vida. Y así nació este blog, un poco para ponerle cara a mis emociones y otro tanto, para despuntar el vicio de la escritura, que tan abandonado tenía. Podría contar muchas cosas y sin embargo, ¿de qué puede hablar alguien en un blog de infertilidad sino es de infertilidad?

Tengo mucha fe en mi próximo tratamiento y no quiero que nada me la empañe, porque mi experiencia me dice que la fe es de muy difícil adquisición. Quiero mi oportunidad de ser normal, de entrar en la clínica como quien lo hace por primera vez, convencida de que voy quedar embarazada y sabiendo que tener un hijo a los cuarenta y dos, es lo más normal del mundo. Quiero un test de embarazo sin betas; ver las dos rayitas y decirle a O. “vamos a ser padres”. Así. Sin más. Como la gente normal. La del mundo de enfrente.



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1 de julio de 2008

Señales de vida

Me dijeron que descanse y yo ¿qué hice? Descansé.

La supuesta hipnosis fue más bien un ejercicio muy bueno de visualización. Llegar a mi lugar ideal imaginario; una playa paradisiaca, con palmeras y agua templada, relajarme y resolver problemas. Lo interesante fue la charla que tuve con la psico al acabar. Hablamos de la importancia de la relajación y de cómo nuestro subconsciente es capaz de resolver sus propios problemas, con un poco de entrenamiento y dedicación. Me dió un CD de meditación para escuchar en casa, al que aún no le pude echar el diente porque la grabación es tan mala que, en lugar de relajarme, me irrita.

Me dió también deberes, como en la escuela. La primera tarea fue la de alejarme de la computadora; ponerle un candado y cerrar los oídos a las sirenas que me llamaban desde sus foros, sus correos, sus videos, sus blogs, su Google y sus astrólogos. No fue tarea fácil. La psico quiere que disfrute de lo que la vida tiene de fértil y me convenció de que mi continua búsqueda de información sobre la infertilidad, no es más que una manera de querer controlar lo incontrolable y aumentar mi frustración.

La segunda tarea fue más agradable: ir a la playa. La parte más complicada fue encontrar una playa donde fuera posible mantener una cierta intimidad. Llegamos a Key Biscayne y nos instalamos con O. en la playa, el domingo al mediodía, luego de desayunar tranquilamente en Starbucks. Lo que debía hacer era acercarme a la orilla de un mar templado y ver como la corriente arrastraba la arena debajo de mis pies, llevando con ella todos mis problemas. Luego, observar el vaivén de las olas y concentrarme en mi respiración y mis sentidos. El sonido de las gaviotas, el brillo del mar, el olor a sal, la humedad de mis dedos. El objetivo final era grabar imágenes en mi memoria para su uso futuro.

En eso estaba, cuando un helicóptero comenzó a dar vueltas sobre mi cabeza; O. y yo, con el agua por las rodillas, nos miramos extrañados. A los diez minutos comenzaron a llegar guardavidas, camionetas y curiosos, mientras un tiburón de unos dos metros se deslizaba a pocos metros de nuestros pies, buscando su almuerzo, indiferente al revuelo armado en la orilla. La gente le apuntaba con el dedo, se acercaba, corría, sonreía, gritaba. Me hizo acordar a los pobres leones de Africa, que ya ni recuerdan cuando fue la última vez que comieron en privado y sin una docena de flashes fotográficos alrededor, mientras añoran los días en que su fama de bravíos les permitía comerse algún que otro cazador.

El problema que tengo ahora es que mis imágenes relajantes del mar y las gaviotas están seriamente teñidas de helicópteros y tiburones. No creo que sea, precisamente, el tipo de material que la psico quiere que use durante la transferencia…


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20 de junio de 2008

Histerosonograma


Me adelantaron la fecha del histerosonograma y me tuve que presentar esta mañana a las nueve con la vejiga llena. Lo de llevar la vejiga al máximo de su capacidad parece ser una constante en este hermoso camino de la infertilidad. Volví a aspirar el conocido olor a iodo y a sentir el frío crepuscular de una tarde de invierno en Miramar, acostada en la camilla, con mis extremidades inferiores bamboleándose en el aire.

Ya sabía lo que se venía. No sólo San Google y mis amigas virtuales me habían alertado de las maravillas del agua a presión en el útero, sino que la enfermera se preocupó por contarme en detalle cada paso del procedimiento, como si fuera relatando un partido de fútbol. Aunque sin la misma pasión.

Después de la ecografía vaginal, entró el doc. Un tipo bajito, con bigote y cara de siciliano que me saludó sonriente y presuroso. Bajaron la intensidad de la luz, me colocaron el espéculo y me pintaron de iodo. Cerré los ojos y respiré hondo así que nunca ví venir la cánula llena de agua salina. No hacía falta; el útero reemplazó a mi retina y pegó un salto gritando, como antaño, “agua vaaaa”(*). Definitivamente, no es la mejor manera de empezar la mañana, pero debo reconocer que el dolor fue ligero y efímero.

Los pasos posteriores se me desdibujan; creo que entró la cámara, a juzgar por el diálogo entre el doc y la enfermera:

- ¡Fantástico!
- Sí, ¿verdad?
- Ahí a la izquierda; maravilloso
- ¿Y así?
- Esa foto es muy buena

Con los ojos cerrados, no es el tipo de conversación que una suele escuchar por parte del ginecólogo que le tiene a una colocado un espéculo. Por otra parte, siempre supe que era muy fotogénica…



(*)expresión de aviso, adoptada en la Edad Media, para indicar a los viandantes, que desde una casa se iba a vaciar el orinal en plena calle.


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18 de junio de 2008

Hipnosis y FIV

El lunes pasado comencé con pastillas anticonceptivas y ya tenemos los boletos de avión comprados así que se puede decir que todo está en marcha. Llegaremos a Los Angeles el 23 de agosto y desde allí, nos alquilaremos un auto hasta La Jolla. Faltan esos detalles como hotel, auto y mapas, que tanto disfruto afinando y para los cuales aun tengo dos meses disponibles.

Como cambio de médico, incluímos algunas modificaciones al protocolo, cosa que siempre me alegra el día. Además de las consabidas inyecciones, que incluirán la Santa Heparina para mis anticuerpos anticardiolipinas, tendremos una muy alta dosis de ácido fólico (para la homocisteina/MTHFR) y prednisona (quién sabe para qué).

Otra innovación por parte de quien suscribe surgió la semana pasada, charlando amigablemente con una psicóloga cuya hija tiene, según sus palabras, “un niño de heparina”. Me preguntó si estaría abierta a considerar hipnosis para mejorar las probabilidades de éxito en el tratamiento y ante los ojos divertidos de O., le dije que sí. Por supuesto que estoy abierta. Durante todos estos años he ido logrando tener mi sistema reproductivo abierto, la barriga abierta, la boca abierta y el corazón abierto, no necesariamente en ese orden. ¿Por qué no habría de tener abierto también mi subconsciente? A mí me suena como el paso mas lógico.

Me dijo la doc que sus palabras pueden ayudan a visualizar un resultado ideal y a la vez, expulsar obstáculos subconscientes al embarazo. Alguna gente recuerda posteriormente la sesión, otra no, pero en cualquier caso, los resultados son los mismos. También ha aplicado técnicas similares con el dolor en el parto, con resultados, según ella, sorprendentes.

No hay mucha información en español sobre el tema pero esta página me resultó de lo más interesante y destaco la frase “cuanto más tiempo una pareja ha estado intentando concebir, le es menos probable concebir tanto espontáneamente como con ayuda técnica". Cuanta verdad en tan pocas letras.

Si a todos esos beneficios le añado que sus visitas están cubiertas por mi seguro médico, estoy en la gloria. De más esta decir que tengo un turno con ella para comenzar sesiones el día 23 de junio. Me pregunto si seré capaz de dejarme llevar…



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13 de junio de 2008

Un mundo sin razas

Estaba a punto de pasar un tupido velo al tema que ocupó los tres últimos posts pero, como siempre, la vida se interpone y nos da letra. Solo hay que estar mínimamente atentos.

Esta mañana me levanté con el ojo izquierdo completamente rojo. Descarto la posibilidad de que O. me haya dado un sopapo por la noche porque, aunque siempre se puede aprovechar del hecho de que tengo sueño de oso en pleno período de hibernación, creo que me tiene un cierto aprecio. Como ya es la tercera vez que me pasa en el último mes, decidí ir al oculista.

Después de descartar alergias y problemas de presión, el doc me preguntó, mientras me dilataba las pupilas: “¿Estás tomando algún tipo de anticoagulante?”. Sonreí, suspiré profundo y pensé que la infertilidad ya empezaba a explotarme por todos los ángulos de mi vida.

- Sí, aspirina de bebé, vitamina E y recientemente, Lovenox.
- ¿Lovenox?
- Es un anticoagulante; heparina de bajo peso molecular.
- Ahá… - con la mandíbula semi-abierta y apuntándome con una luz azul intensa en el ojo - ¿y eso por qué?
- Porque estaba haciendo un tratamiento de fertilidad – dije, mientras el lagrimón me caía por la mejilla, más que por el recuerdo del resultado del mismo, por la fastidiosa luz que no dejaba de achicharrarme la pupila.
- ¡Oh! – apartando la silla, para mirarme bien – parece que últimamente todo el mundo está en eso. Los hijos de unos amigos acaban de tener mellizos por medio de un tratamiento y están felices.
- Me imagino, –sonrisa forzada- yo también lo estaría.
- Mi sobrina no tuvo suerte y acaban de adoptar dos niños encantadores. Así como me ves – pelo blanco y cara de gringo- ¡Tengo dos sobrinos de ascendencia coreana!

Realmente, las infértiles estamos cambiando el mundo…
¿O fue Angelina la que empezó?


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10 de junio de 2008

Ser o no ser, la eterna duda

Agradezco el pedacito de sabiduría de cada una de ustedes. Absorbo como esponja las historias de quienes pasaron por un proceso de adopción. Las opiniones de quienes no han vivido infertilidad ni adopción no puedo de dejar de pasarlas por un tamiz. Finito como el de la pulpa de la naranja. Frunzo el ceño, levanto la ceja izquierda, en un gesto muy mío, y recibo el comentario con un sabor agrio en la boca, producto de mi corazón retorcido. No deja de asombrarme la facilidad con la que aquellos que tienen su progenie en casa y a buen resguardo, aconsejan la adopción para los demás. Borrando de un plumazo todo mi derecho al pataleo, a tener miedo, a llorar mi luto por los hijos nunca abrazados. Si total es lo mismo.

Tampoco me sirve el argumento de que la adopción es la ecuación perfecta: madre sin hijo se acopla perfectamente a hijo sin madre. Madre sin hijos tiene muchas alternativas e hijo sin madre puede ser adoptado por madre con o sin hijos. En el horóscopo chino soy serpiente de metal. Me dijeron lo que saben de esas cosas que mi lengua corta más rápido que el acero. Como además soy genéticamente tozuda, sólo basta que me quieran llevar de las riendas para la derecha para que tranque el paso y gire hacia el lado contrario. Como los burros. Alguna vez, alguien se atrevió a insinuar de forma algo insistente, para mi gusto, que tendría que considerar la adopción como una alternativa y todo lo que consiguió de mí fue un “o sea que, encima que no puedo tener hijos, ¿tengo que criar los de los demás?”. La cara que se le quedo fue de póster. Casi llevo mi cámara para perpetuar el momento. Lo sé, la respuesta correcta es “no son hijos de otros, sino hijos de nadie…”. Pero algunas veces hay que poner los puntos sobre las íes y otras veces hay que añadir también las diéresis.

Aún tengo muchas dudas sobre el tema pero estoy empezando a pensar que quizá, posiblemente, sea un escenario potencialmente satisfactorio. Descarto la adopción doméstica porque se lleva demasiado bien con todos mis miedos pero miro con curiosidad la adopción internacional. Procesos breves, trato inexistente con la mujer que los trae al mundo, adopción definitiva. Sé que en el fondo de mi encrespado corazón, aceptar la adopción hoy sería conformarme, elegir el menos malo de los mundos. Pero sospecho que puedo sentir de otra manera, si el tipo de adopción hace que pueda espantar mis recelos. Por lo pronto, tengo como cinco folletos de distintas agencias (compañías privadas sin fines de lucro) que se dedican a la adopción de niños rusos… Ahí están, nuevitos, sin estrenarse, guiñándome el ojo desde arriba de mi mesa ratona.

Para aquellas que han decidido adoptar, ¿lo han hecho a pesar de las vacilaciones? ¿O es que nunca tuvieron reparos? ¿Cómo se hace para seguir caminando de la mano de las dudas?


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4 de junio de 2008

Oda a los Miedos

Como es habitual, los comentarios que me dejan siempre me hacen pensar. Gracias.

Mi respuesta a la pregunta número 2 es exceso de Miedo.

Pero eso no basta; necesito conocer a mi enemigo, si quiero combatirlo. Miedo a lo desconocido no es suficiente, es demasiado genérico; pero pedirle el documento de identidad a los Miedos no es tarea fácil. A ver si logro pensar en voz alta con algún tipo de coherencia. Permítanme la honestidad de hablar acerca del lado oscuro de mi corazón sin tener miedo a morir apedreada.

Curiosamente, el miedo a la maternidad (“¿me querrá?”, “¿podré entenderlo?”, “¿sabré poner límites?””) que algunas de ustedes mencionaron, no está en mi lista. Y no porque crea que voy a ser la réplica de Caroline Ingalls sino porque son miedos lejanos. Es como gastarse el premio de la lotería, antes de comprar el boleto. Además, son miedos comunes con la maternidad biológica y como dice siempre mi padre, “si tantos tontos lo hacen, ¿por qué no lo voy a poder hacer yo?”

Me da miedo el tema de salud; los factores hereditarios que una nunca alcanzará a conocer hasta tener el problema delante de las narices. En casa, una sabe, poco más o menos, con lo que se enfrenta o con lo que le puede llover. Si el chico aprende a jugar al póker por dinero a los diez años o frunce la nariz frente a la comida recalentada, sale al padre. Si está en el cuadro de honor del colegio a los cinco años, es que sale, obviamente, a la madre. Sé que nunca hay garantías de nada, pero aceptar tantas incógnitas me crea ansiedad.

No me asusta la falta de amor. Estoy convencida de poder querer a un niño; a cualquier niño. Bueno, casi cualquiera… (tengo dos o tres en mente, con los cuales tendría que hacer un esfuerzo). Pero me pregunto si ese tipo de amor es el mismo que el que una madre tiene por su hijo y que comienza desde el día en que sale la doble rayita en el pipitest. El “bonding” del que hablaba Majito. ¿Puedo amar a mi hijo sabiendo que viene en camino desde un útero ajeno, aún antes de conocerlo? ¿Puedo estar convencida de que ése es MI hijo; y que sólo por razones del destino, vino a parar a mis brazos después del parto?

Otro factor que me eriza los pelos de la nuca es que la adopción, a diferencia del parto, viene de una historia de dolor, que se lleva de por vida, aunque tenga un final feliz. La historia de infortunios de la madre biológica, las adversidades que la llevan a abandonar a su hijo; mi dolor a la pérdida de la conexión genética y mi escasa habilidad de llevar a cabo una de las funciones que, si bien no me define como mujer, es inherente al género; el dolor del hijo rechazado al nacer. Sé que el sufrimiento y la pérdida son parte de la condición humana pero habiendo pasado por tanto dolor, durante tanto tiempo, me pregunto cuánto más de la misma dosis estoy dispuesta a tolerar.

Y eso me lleva a la Madre de todos los Miedos (que nadie mencionó, por lo que debe ser un fantasma de mi alma egocéntrica): la idea de tener un hijo “compartido”. En este país, las adopciones tienden a ser cada día mas abiertas. Los potenciales padres adoptantes tienen que competir entre sí para ganarse los favores de la madre biológica, quien normalmente elige con quien dejar a su hijo. Los lazos no terminan en el nacimiento y dicen quienes saben, que una relación adulta y armoniosa entre las tres partes involucradas, resulta en beneficio de la criatura. Me parece fantástico en los libros de psicología infantil, pero me pregunto diez veces por día si no seré yo quien termine en el diván. Sé que pareciera una reacción infantil pero si mi hijo siente que tiene dos madres, ¿cómo hago para levantarle el dedo índice y decirle “te lo digo yo, que soy tu madre”?

No tengo las respuestas todavía y los cabos siguen sueltos. Si bien pudiera pensarse que esta alternativa es la más práctica, a esta altura de las circunstancias, el corazón es más que una lista de pros y contras. La búsqueda, sin embargo, con paciencia y sin presiones, no es la parte más desagradable de este camino…



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30 de mayo de 2008

Coqueteando con la adopción

O. me conquistó hace como veinte años con su seguridad y sus preciosos ojos azules, de pestañas largas. Yo a él con mi risa y mis piernas largas. Cosa que, en perspectiva, resulta a todas luces injusta ya que, con los años él sigue teniendo sus mismos ojos y a mí las minifaldas ya no me sientan como anillo al dedo...

Sin embargo, y ya hablé antes del tema, mi mayor problema con la adopción no es la imposibilidad de perpetuar la carga hereditaria. Una pareja de amigos madrileños adoptaron a una preciosa niña china hace alrededor de un año. Se quedaron en casa unos días; hablamos del tema. A su partida me dediqué a bucear dentro de mi corazón para ver de dónde viene esa reacción involuntaria de rechazo. Como siempre, en este camino de la infertilidad, estamos obligadas a buscar respuestas sin cesar, a elegir, a razonar cada paso, a luchar con y contra los instintos. Nada viene por inercia. La indolencia nos deja en blanco; sólo avanzamos con esfuerzo consciente y calculado. De acuerdo que eso nos enriquece como personas, aunque hubiera agradecido lecciones algo mas económicas.

Y acá van las conclusiones de esta filósofa en alpargatas. Creo que el primer motor en la vida de una persona es el Amor. Y no lo digo en un sentido romántico y sensiblero, adjetivos de los que no soy muy cercana. Es simplemente que el Amor o la falta de él nos afecta profundamente desde el momento que tomamos la primera respiración en este mundo. No digo nada nuevo; cualquier médico o psicólogo puede decir lo mismo. Un enfermo apreciado se recupera más rápido que uno abandonado; un niño querido aprende más rápido que uno olvidado.

El segundo motor que va definiendo nuestros pasos creo que es el Miedo. El Miedo, o la falta de él, es quien nos dice para que lado debemos mirar o que piedras necesitamos esquivar. El miedo físico es primario y fácilmente detectable: palpitaciones, adrenalina y confusión generalizada. El miedo del corazón… ese es más tramposo. El miedo a no ser amados, a ser viejos, a ser pobres, a morir, a no ser aceptado o a fracasar se suele esconder entre los dobleces del alma y sólo se da a conocer en contadas ocasiones. Si una no está muy atenta, se nos disfraza de apatía, de cáncer, de migrañas o de insomnio y lo perdemos de vista. A veces se nos acerca en sueños pero todos sabemos la ligera consistencia con que están tejidas nuestras noches y poco provecho sacamos de nuestros simbólicos encuentros con el subconsciente. Y sin embargo, es sabido que los Miedos mueren con la luz del día, así que un esfuerzo consciente por sacarlos de las tinieblas es definitivamente sano y enriquecedor.

Así que me hice dos preguntas a mí misma:

Pregunta No. 1: “Mí Misma, ¿es preferible vivir un matrimonio feliz sin hijos o adoptar?”. La respuesta no se hizo dudar: depende.

Pregunta No. 2: “Mí Misma, ¿de qué depende: de falta de Amor o exceso de Miedo?” (pregunta de la que deriva, en su caso, la siguiente: “¿Miedo a qué?”)

Y dejo la pregunta picando en el área de gol para quien se atreva a darle una patada. Mi opinión en breve.



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27 de mayo de 2008

Y la cosa venía tranquila

Parecían unos días tranquilos, máxime cuando uno de los dos (y no soy yo) tenía un resfrío cargado de estornudos, capaces de arrancar de cuajo la copa de nuestras palmeras. Pero hoy me despierto con que twitter sigue sin funcionar, una familia de zorros ha decidido fundar su hogar y comenzar una nueva vida debajo del “deck” de nuestro jardín y una pequeña princesa sigue grave en la unidad de cuidados intensivos.

Acerca de twitter no se puede hacer nada más que esperar; acerca de Melanie, sé que la página está en inglés, así que les cuento un resumen. Su madre, Elisa, fue parte de nuestro foro de infertilidad cuando estaban buscando a la tercera niña, Angel, que nació el año pasado. Melanie nació perfecta y hermosa hasta que, unas horas más tarde, una bacteria destrozó sus pulmones; ha vivido todos sus siete años de vida con problemas respiratorios, internada durante demasiadas horas de su vida y sin poder jugar con otros niños ni ir a la escuela, ya que no puede estar expuesta a virus. En fin, el que puede donar algo, que done; al que no puede, le agradecería una oración o un pensamiento positivo hacia ella y su familia. Yo estoy tratando de hacer algo para cumplir uno de sus sueños pero es algo más difícil de lo que esperaba; si el tema avanza, ya les contaré.

Sobre los zorros, lo único digno de destacarse es que, no sólo no pagan alquiler sino que además son los vecinos más ruidosos que tenemos. O. se despierta con los aullidos de los cachorros durante la noche (yo no me despierto ni con un elefante) y alguien de su familia tiene excavada una autopista entre mi casa y la de mis vecinos. Si por lo menos posaran para mi cámara…


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23 de mayo de 2008

El valor de un buen consejo

Todos sabemos lo odiosos que son los consejos no solicitados y cómo la gente disfruta de darlos, más por satisfacción personal que por beneficio ajeno. Sin embargo, las que andamos por Internet también sabemos apreciar los buenos oficios de San Google y de muchos foros o blogs que nos llegan con la palabra justa, en el momento adecuado. Como ya he dicho antes, en este camino he aprendido mucho, pero la mayor parte de esas enseñanzas son tan útiles en esta vida, como saber deshojar una margarita. No creo que me diga San Pedro, el día que le vea la cara, “la verdad que no suelo dar cartas de recomendación, pero con la mano que tenés para poner agujas y la paciencia que tenés con los médicos, te mereces medalla de honor y 2 años menos de purgatorio”.

Sin embargo, hay algunas palabras que me hicieron bien, otras que me ayudaron a centrarme y algunas más que hubiera deseado tener en algún momento de este camino y nunca tuve. Muchas mujeres me escriben e-mails pidiendo consejo y yo, a veces, me debato entre ser totalmente honesta o echar un balde de pintura rosa a mis, a veces, agrios comentarios. Obviamente, opto por lo primero porque no sé cómo hablar con flores y debe ser que la sinceridad está bastante bien cotizada últimamente porque sino, no se explica una como me vuelven a escribir (y sin insultarme).

Para alguien que recién comienza este duro camino le diría que es vital rodearse de un buen equipo de apoyo médico (el mejor especialista en reproducción que puedan, un andrólogo, un hematólogo, un buen laboratorio); que no hablen del tema con aquellos que pueden reprobar sus actos y que nunca pero nunca, descuiden a su pareja empós del sueño maternal. Cada uno lleva el dolor a su modo, pero el sufrimiento es común, el proyecto es de los dos y nadie en el mundo los va a entender y aceptar como lo hacen ellos.

Sin embargo, el mejor consejo que puedo dar a aquellas que pasan por los “años negros”, los de desesperanza perpetua y primeras frustraciones, es que, hagan lo que hagan, sepan que todo va a pasar. Aunque no se vea. Aunque no se crea. Y ya que todo tiene su ritmo, incluso el dolor, y que esos tiempos son distintos de los nuestros, lo menos que podemos hacer es intentar una sonrisa. Aunque sea forzada. La infertilidad, igual que, supongo, todas las enfermedades, son invasivas. Te imponen horas, fechas, tiempos de espera; te inundan de medicamentos, te llevan los médicos a la cama; te hacen sentarte en las posiciones más inesperadas; te hacen tener frío en los hospitales y dormirte a la fuerza en los quirófanos; te empujan, te retienen, te reprimen, te angustian. Y aun, a pesar de todo eso y quizá por eso mismo, es necesario dejar todo a un lado y continuar siendo feliz. Aunque sea tan difícil de ignorar como un elefante pintado de verde y sentado al lado del camino, agitando una bandera roja, es necesario secarse las lágrimas, servirse una generosa copa de Torrontez y sentarse en un buen sillón, mirando el atardecer en buena compañia. Porque la vida es corta. Y no se repite.

¿Cuál es el mejor consejo que pueden pasar, de todas aquellas lecciones aprendidas con la puta infertilidad?


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