Maxi tiene pocas fotos de su estancia en cuidados intensivos. Entiendo, como ya me lo han dicho, que también es una parte de su vida, pero no soy muy amiga de celebrar los momentos difíciles. Escucho vagamente todas esas ideas progresistas de que son dichos momentos los que ayudan a crecer, que la vida tiene todas las caras de una moneda y que decidimos antes de nacer, aquella vida que queremos; luego, doy media vuelta, echo en una hoguera todas las lágrimas y salgo buscando el carnaval carioca más cercano. No nací para heroína ni para escribir tangos.
Me pasa algo parecido con la puta infertilidad. Se que está ahí; que es parte de la caricatura con la que me tocó nacer, así como mis dientes torcidos o mi habilidad para retener líquidos, y sin embargo, prefiero no mirarla más de frente. Aún no me recupero del susto que me dió cuando salió del armario por primera vez y de todas las veces subsiguientes en las que me hizo llorar. Sigo, con orgullo ajeno, la lucha de muchas mujeres con coraje, pero evito verme envuelta en ese torbellino feroz, gambeteando foros, artículos de prensa o libros recomendados. La vida es corta y ese tipo de heridas son de cicatrización lenta. Algunas de quienes me leen, sabrán de qué hablo.
Prometo que volveré un día no muy lejano, cuando la cicatriz de la cesárea sea más llamativa que aquellas otras del corazón y haré de porrista para todas aquellas mujeres que necesitan un empujón para seguir caminando. Porque somos del mismo club y puedo imaginar lo que pasa por sus corazones. Y porque estas espaldas pueden ayudar a cargar el peso del camino.
Mientras tanto, me sigo asomando con incredulidad por encima de la cuna y saco toneladas de fotos de Maxi al despertar, con dos sonrisas de oreja a oreja. La mía y la suya.
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6 de julio de 2009
Si fuera música, sería una samba
30 de junio de 2009
N.I.C.U.
Estoy tratando de hacer una especie de diario (o más bien, epopeya) del primer año de vida de mi hijo, con éxito, hasta ahora, dudoso. Aqui va un extracto.
N.I.C.U. (Neonatal Intensive Care Unit) Por sus siglas en inglés: Unidad Neonatal de Cuidados INtensivos
Las incubadoras no son para corazones débiles. Y no me refiero al músculo del plano físico, sino a ese órgano que se conecta directamente con el alma. Con sus treinta y tres semanas de gestación, Maximiliano tuvo que aguantar pinchazos, luces, ruidos, monitores, cardiólogos, ultrasonidos, sueros, terapistas y el régimen militar de un ejército de enfermeras disciplinadas y con pocas contemplaciones. Eficientes y severas. Dedicadas a salvar vidas y con poco tiempo para las relaciones sociales. Maxi no tenía ninguna complicación física, por lo que, a falta de mayor distracción, se dedicaba a engordar sin tapujos. Miraba adormilado desde adentro de su burbuja de cristal y, a juzgar por su ceño fruncido, parecía empeñado en tratar de darle sentido a este mundo tan agitado que lo rodeaba. Yo lo miraba desde afuera y le cantaba canciones de cuna en mi cabeza, en silencio y con los labios cerrados. La incubadora se abría sólo cada tres horas, para que pudiera cambiarle el pañal, tomar la temperatura y darle la mamadera. Las enfermeras de turno, siempre faltas de manos y ocupadas en casos más graves, donde las alarmas sonaban cada varios minutos porque algún corazón había bajado misteriosamente los latidos o porque algún pequeño, simplemente, había decidido dejar de respirar, me enseñaron desde muy temprano a cuidar de Maxi. Aprendí así a reconocer sus llantos, a absorber sus sonrisas y a medir la temperatura. Aprendí a doblar la parte superior de sus pañales prematuros para evitar que rozaran con el remanente del cordón que lo ataba a su madre. Aprendí que no necesitaba que un monitor me dijera cuantas veces respiraba por minuto o cuanto oxígeno llevaba en la sangre, cuando sus mejillas estaban sonrosadas y los labios, rojos. Supe que un niño con frío esta desganado y que chupar, tragar y respirar es una combinación complicada para alguien tan joven. Aprendí a envolver a Maxi con cariño y dos frazadas ajustadas, hasta convertirlo en un paquete de regalo sin moño.
Las primeras mamaderas traían solo cinco centímetros cúbicos de fórmula y el resto de la comida llegaba en sonda hacia el estómago. Los pechos de su madre, privados de la succión filial y entumecidos de preocupación, disminuían cada día la producción láctea, sin que Maxi pareciera notarlo. Las generalas se encargaban de que consumiera la cantidad exacta de calorías que necesitaba cada día. La primera vez que tuvo una mamadera en la boca, no sabía muy bien que hacer con ella. Fruncía el ceño y lamía la tetina como si fuera un helado de vainilla. El día en que se dió cuenta que chupar era bastante más productivo que lamer, sonrió por primera vez; aún así, la boca se negaba a sostener media hora continua de esfuerzo. Era necesario sostener su mandíbula con el dedo anular, mientras se le daba descansos para que el aire entrara por la nariz. A la media hora, las generalas daban por terminada la tarea y se cerraba de nuevo el telón que nos separaba.
Mientras tanto y ajeno a las ojeras maternas, Maxi coqueteaba con la vecina de la incubadora de al lado; una hermosa niña de 32 semanas a quien sus padres vestían con cintas y moños. Nunca supe si sus intenciones eran serias pero ambos sabían que era un amor fugaz, un flirteo de verano que no podía tener más que efímeras consecuencias.
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24 de junio de 2009
Intentando ser mamá canguro
Así como, a pesar de mis mejores intenciones durante el embarazo, de comprar para mi bebé solo materiales orgánicos, amamantar, tener un embarazo a término y un parto vaginal, del mismo modo me está yendo con mi deseo de ser “mamá canguro”. Es decir, para la merde.
Investigué bastante sobre las mejores mochilas para llevar a mi hijo; descarté la Baby Bjorn (que parece estar de moda) y elegí la Ergo, que parece ser más apropiada para las caderas, columna y genitales de los niños. Lamento decir que Maxi no parece opinar lo mismo, a juzgar por los sonoros berridos de protesta que emite cada vez que intento meterlo adentro. Cuando apenas tenía unas semanas de nacido, lo engañé un día que estaba dormido y logré pasear por mi barrio, pavoneándome con él, en el día de la madre. No parecía estar muy cómodo y pensé que quizá aún era muy pequeño para estar ahí, algo doblado, por lo que guardé la mochila hasta que engordara un poco. Últimamente y en función del tamaño contundente del gordito, lo volví a intentar, pero mis ensayos frustrados sólo generan la furia de Maxi y la risa desmedida de O. y de sus suegros (léase, mis padres, que en este tema, se unen, en coro, al yerno).
También me hubiera gustado llevarlo conmigo en un “sling” (no sé como se dice en español, véase foto) que me parece hermoso, por el contacto constante, y práctico, porque te deja las manos libres y además, menos caluroso. Lo intenté la semana pasada pero me pareció que tenía calor y la cabeza de Maxi no quedaba en una buena posición, acostado y con su pera pegando en el pecho, así que opté por devolverlo. Merde. ¿Otra cosa más a la que deberé renunciar?
¿Estaré haciendo algo mal? ¿Hay por ahí alguna mamá canguro que me quiera iluminar?
Por otra parte, quizá sea este otro tema en el que Maxi tiene la última palabra. Debo reconocer que al muchachito le gusta poco estar envuelto y se encuentra de lo más a gusto paseando despatarrado en el cochecito de bebé, mirando hacia delante, como un rey en su trono de cuero…
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30 de mayo de 2009
Todo sigue bien
He logrado robar unos minutos a mi rutina con Maxi para sentarme en la computadora. Aunque los abuelos están en casa y el muy confianzudo tiene numerosos brazos donde arroparse, yo no me quiero perder muchos minutos fuera de su lado. Ya tengo una bolsa de ropa que no le anda; la mayor parte, ropa de bebes prematuros y se que el tiempo corre. Cuando me mira a los ojos, me enamoro, el tiempo se detiene y me olvido del sueno, las ojeras y el dolor de cuello.
Hoy fuimos al pediatra y le dieron sus vacunas de los dos meses. Se angustio menos que su madre y según el padre (quien a ultimo momento, quería posponer los pinchazos un mes mas), “aguanto como macho”. Hombres…
Peso 3.850 kilos y midió 54 centímetros; un aumento de mas de 1.300 kilos en un mes!!
Tengo tanto que escribir pero, como dicen las comadres, “hay que dormir cuando el bebe duerme” y mi bebe duerme de a ratos cortos, así que yo voy dando cabezazos a lo largo del día. Por suerte, mi madre se encarga de la comida y de dejarme tiempo para siestas de vez en cuando.
A las mujeres les gusta hablar de sus partos. Eso lo descubrí, con espanto, a lo largo de mi embarazo. Creo que no caeré en esa misma tentación pero solo quería resaltar que el obstetra que me atendio en el parto me dijo que tenia un “septo uterino” y, aunque los motivos de que Maxi haya sido prematuro se desconocen, eso pudiera haber sido una causa. Me pregunto: aunque el septo es pequeño y parcial, seria esa la causa del fallo de implantación de tantas transferencias de buenos embriones? Y como, después de histerosalpingografias, histeroscopias, laparoscopia, ultrasonidos, histerogramas y otros “histero" estudios, nunca nadie vio nada?
Quiero sentarme un día, con una mente mas lucida, a contar mi experiencia en la sala de terapia intensiva para bebes. Fueron momentos muy emotivos, que aun tengo estampados en mi corazón. Mientras tanto, me voy a dar de comer a mi hijo…
15 de mayo de 2009
Otra foto
Con un pure de zapallo haciendo las veces de cerebro (todo a causa del sueno, el cansancio y las risas intempestivas), sigo sin poder hilvanar un escrito coherente.
Lo reemplazo con una foto de Maxi, con bigote blanco de leche recien tomada...
PD: y no me digan que no pinta para galan de Hollywood... (dice la madre, chocha)
21 de abril de 2009
Presentacion en Sociedad Virtual
Vieron como algunas mujeres tienen un parto en casa, con una baniadera llena de agua, sahumerios prendidos, una partera esperando con las manos abiertas, velas y musica tibetana? Lo mio fue lo opuesto: dos dias internada con suero, mientras el agua salia de mis entranias, lenta pero perentoriamente; a mi parto (cesarea, por supuesto, nada "natural") asistieron el obstetra, un perinatologo, una neonatologa, un hematologo, un anestesista, ayudante de anestesista y un ejercito de enfermeras.
Llego Maximiliano a las 33 semanas y dos dias. No se que apuro tenia de salir, si de todas formas, se la pasa durmiendo...
Aca se los presento, a las tias (y tios) virtuales.
PD: perdon por las faltas de acentos y "enies"... Estoy escribiendo rapido, en un laptop que no tiene esas florituras
PD: tampoco he podido ver posts, foros, blogs ni ninguna otra actividad que no sea cambiar paniales, lavar ropa y dar mamaderas. De a poco me ire reincorporando, en unos anios, quiza...


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