25 de abril de 2008

The Juror (última parte)

Finalmente, nos hicieron entrar a la sala donde nos esperaba la jueza, el inculpado y los abogados de las partes. El lugar era parecido a como se ve en las películas, pero bastante más pequeño de lo que imaginaba. La jueza en lo alto del estrado; del lado izquierdo se encontraban el abogado del acusado y el propio acusado, vestido con camisa hawaiana de color verde loro; y un poco mas adelante, los abogados del estado (fiscales). A nosotros nos acomodaron en fila en las sillas del jurado, mientras la jueza nos daba la bienvenida. Nos explicó minuciosamente, pero sin pausa, los detalles del supuesto delito de intento de robo (el fulano, aparentemente, había empezado a sacarle los tornillos a la ventana de una casa hasta que lo cachó la policía) y prosiguió con una explicación detallada del procedimiento penal. Volaban palabras y definiciones técnicas, como “duda razonable”, “elementos del delito”, “presunción de inocencia” y yo veía como las caras en blanco de la mayoría de los supuestos jurados denotaba que se habían quedado en el aire, unas veinte paginas atrás. Para matar el aburrimiento, intentaba recordar los apellidos de mis profesores de derecho penal y procesal, pero la memoria me quedaba tan en blanco como el rostro de mis compañeros de banco. Merde. ¿Serán los años?

Con el sonido de la voz de la jueza como cortina musical, miraba con atención al acusado y a los abogados. Y pensaba que quien opina que la belleza no abre puertas y consigue mas rápidamente sus objetivos, miente como cochino o se engaña a sí mismo. Mientras que el acusado, con su cabeza rapada y su gesto sombrío, bajo pero fornido, asustaba hasta a su propio abogado (quien, por otra parte, lucia un traje barato que le colgaba de atrás); los abogados del estado parecían modelos. El letrado líder tenía un asombroso parecido a Dylan McDermott (“The Practice”) y ella era una rubia de más de un metro ochenta, que me hacía acordar a Nikita. Como en las películas los buenos son siempre los lindos, yo ya había sentenciado al morrudo en la primera mirada. Y esa es una de las razones por las cuales, los cristianos de a pie no debemos nunca involucrarnos cuando están de por medio la vida o la libertad de las personas.

Eramos treinta despistados y solo debían quedar siete, así que comenzó el interrogatorio de ambos abogados para descubrir que había detrás de nuestras miradas confusas. O al menos, decantarse por los menos desconcertados o simplemente, los que tenían más resistencia al sueño. Era un concurso de belleza en el que nadie quería ser reina. El juicio se pensaba extender por tres días más, así que los potenciales jurados hacían lo posible por quedar descalificados en el proceso; “yo no entiendo inglés”, “me duele la pata izquierda”, “soy diabética”, “mi religión me lo prohíbe”, “no tengo trabajo”. Los abogados preguntaban sobre la credibilidad de la policía, las veces que habíamos sido víctimas de delitos, la función de los testigos, la factibilidad de diferenciar hechos de opiniones o prueba directa de prueba circunstancial.

Cuando yo les dije que respetaba a la policía de este país y que tenía un buen concepto de ella (un respeto cercano al temor, pero no hay que entrar tampoco en detalles), me saqué de encima al abogado de la defensa, que se retorció en su silla como si le hubieran dado calambres. Cuando el abogado del estado preguntó si pensábamos que estábamos perdiendo el tiempo y si creíamos que los juicios no debieran tener jurados, como en Europa, levanté la mano con gusto. Estoy convencida que un delito no puede ser juzgado por sentido común, que era lo que nos estaban pidiendo. Para empezar, hay gente que no tiene ninguno; hay otros que tienen conceptos diferentes del mismo y lo que es peor, el sentido común nos lleva, muchas veces, a conclusiones erróneas, como pensar que el horizonte es una línea recta. A eso le añadimos que los abogados tardan años en estudiar, dominar e interpretar conceptos complejos como “duda razonable”; es, por lo tanto, a todas luces inconcebible que se pretenda que un lego aprenda a dominar esos conceptos en apenas treinta minutos de charla, a última hora de un día cansado y aburrido. Para rematar, los jurados son normalmente impresionables, ya que están fuera de su elemento natural y ninguno de nosotros puede tener la suficiente experiencia para poder juzgar el carácter de un testigo, saber si miente, si esconde, si exagera; excepto siendo juez o psicólogo. Se lo dije en una versión más resumida, pero creo que ese fue el golpe de gracia para quitarme de encima a ambos abogados e incluso hasta la jueza, quien me miraba con el ceño fruncido.

Nos hicieron salir al terminar el interrogatorio, mientras los abogados se tiraban de las greñas para elegir los mejores candidatos para su equipo. A nuestro regreso a la sala, la jueza se limitó a nombrar rápidamente a los siete elegidos y los demás fuimos despachados con un agradecimiento. Miré hacia atrás mientras salía y ví cómo se iban acomodando los flamantes jurados. Todos serios, cansados; entre ellos, un niño de dieciocho años que aún no había votado nunca, ni tenía carnet de conducir ni, por ley, está autorizado a tomarse una simple cerveza. Me dió pena el morrudo y pensé que nunca quisiera estar sentada en el banco de los acusados.



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3 comentarios:

DEYANIRA dijo...

Terrible...los prejuicios y la sobrevaloración de la imagen es un mal de esta época ( o de otras también) que no tiene fronteras...

Es probable que no te llamen más? jajajajaj

m@rs dijo...

Me parece de terror que personas sin ningun tipo de experiencia juridica puedan decidir el destino de un acusado.
Ya sea por culpable o inocente, no importa. El hecho que lo decidan personas normales como yo, me pone la piel de gallina y a mi tambien me hace pensar a que nunca quisiera ser "el acusado" en US.
He notado que se apuesta mucho sobre "el jurado" y que se juega muchisimo con lo que ellos pensaran de tal o cual testigo.
Apariencias en fin.
Terrible.
Yo sinceramente no tengo demasiada confianza en la objetividad de un juez... ni pensar en la de un jurado formado por personas de la comunidad.

Para vos, toda una experiencia!
Me imagino, te habràs sentido como en una pelicula...
jaja
Muy buen relato!

Anónimo dijo...

Me sacaste las palabras de la boca: "como sabes que un jurado esta apto para serlo"? Loa Americanos a veces me espantan con este sistema de que cualquier ciudadano supuestamente decente (despues tienen encerrada durante 24 años a la hija en el sotano y tienen 7 hijos con ella, como el viejo de Alemania y nadie se entera), pagan sus impuestos y demas tienen el sentido comun y la habilidad para tomar decisiones sobre la vida de los demas en base a un par de datos y de situaciones, que en algunos casos deben ser medio espeluznantes (yo no sabria que catzo hacer)
Es como de pelicula realmente!!! Te felicito por tu speech!
Besos
Majito

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