Ignorantia iuris non excusat. La ignorancia de la ley no exime su cumplimiento. O dicho de otro modo, una vez que una ley entra en vigor, es obligatoria para todos y nadie puede excusar su cumplimiento, amparándose en la ignorancia de lo prescrito por la norma.
Claro, eso era fácil para Moisés y su gente: diez mandamientos, derechito y al grano. “No matar”. “No levantar falso testimonio ni mentir”. Hasta el más gil del pueblo podía entender premisas tan simples. Se trataba de una constitución en versión twitter. ¿Qué hacemos ahora con la caterva de leyes, decretos, resoluciones, normas, comunicados, memos, estatutos, códigos, ordenanzas, constituciones, reglamentos, edictos, proclamas, dictámenes y directrices que nos regulan? Entiendo que si la eficacia de la norma se dejara en manos del arbitrio individual, tendríamos caos social; pero asumir que cada mañana nos desayunamos todos, legos, frailes y leguleyos, con la última publicación del boletín oficial es basar el orden en premisas del País de las Maravillas.
Si el desconocimiento no puede ser alegado, ¿podría el error constituir el elemento productor de una imposibilidad jurídica? En lo imposible, no hay obligación, decía el paisano…
PD: Perdón por el paréntesis en mi blog maternal pero esta bitácora es como mi vida, tengo todos los roles revueltos.
PD2: Maximiliano bien, gracias pero aún con algo de tos.
Chau Mamá...
Hace 10 años.