7 de agosto de 2007

El arte de compartir

Katana con este post me hizo pensar en el tema de dar, como y cuando; algo que llevo masticando casi toda mi vida aunque a veces me termina resultando medio chicloso porque no lo acabo de roer. Nunca creí que cada cual tenga que hacer su vida como pueda ni que tenga tampoco la obligación de salvar a todo bien nacido que haya tenido menos suerte que yo. Algo en el medio pareciera ser lo adecuado, como casi siempre.

La India es un país de contrastes muy marcados. Todos los países los tienen en mayor o menor medida (con excepción de Holanda) pero en India te deja pasmada la enorme cantidad de clases sociales, religiosas y castas. He visto gente en la miseria extrema y gente que se iba el fin de semana a bucear en Australia. Como en mi caso andaba con una mochila a cuestas vi más de lo primero que de lo último y a los dos días de llegar la caterva de niños que suele rodear a los turistas ya se había hecho merecedora de todas mis lapiceras, mi gorra, mis chicles y mis caramelos. Cuando ya no queda nada más que regalar y uno ve esos ojos hundidos, esas costillas flacas y esas manos tendidas, se presenta el gran dilema espiritual. Si bien yo viajaba de mochilera, con un presupuesto muy limitado y parando en hoteles de US5 la noche, lo cierto es que podía darme el gusto de irme de vacaciones y siendo sinceros, cualquiera de nosotros, sentados en estos momentos delante de una computadora puede parecer millonario bajo una mirada comparativa.

Dejo de lado en el análisis el hecho de si la persona lo merece o no; si es vago, alcohólico o es accionista mayoritario del cartel Pordioseros Anónimos S.A, tiene cien trabajadores a su cargo, asesores de imagen y recolecta sus ganancias diarias en camiones blindados. Como eso no lo puedo saber y normalmente no hay tiempo para hacer una investigación de antecedentes ni pedir un Veraz, creo que lo fundamental y lo difícil es buscar dentro de la propia alma y decidir, sin influencias externas, que es lo correcto.

Los propios hindúes me dieron algunas respuestas. Una tarde estaba sentada a la sombra de un paredón, esperando que saliera el colectivo cuando veo una mujer de rasgos delicados, que en otro mundo hubiera sido hermosa, pero que en las calles polvorientas de Bombay, con sus ojeras y su sari raído, no podía dejar de mostrar su pobreza. Al acercase alguien a pedirle limosna, la mujer con un gesto cansado y una sonrisa aparto a su niño y le dio una moneda. Quizá esta pobre mujer pensaba más en su karma que en sus necesidades y me pareció un gesto muy humano. Me di cuenta que la decisión no es todo o nada; la pregunta no es “para que dar a uno si hay mil millones sobre los que no puedo hacer nada?” sino “vale la pena compartir con una persona que pide aunque no lo pueda hacer con los otros mil millones?”.

Para mi la respuesta es si. Desde entonces tengo algunas normas de conducta que son consistentes con mis pensamientos y si bien a veces es difícil saber que hacer, por lo menos me sirven de referencia:

- prefiero dar cosas especificas (comida, ropa, gasolina) que dar dinero
- si quien pide es una persona joven, sana, trato de evitarlo (entre otras cosas para que no me de un garrote en la cabeza y me robe lo que no tenia pensado darle)
- si quien pide es un anciano o un discapacitado y tengo cambio suelto, se lo doy.
- con los niños es siempre difícil; verlos y derretirse la billetera como helado al sol es una sola acción; sin embargo, si voy a dar algo, trato de que sea comida o un helado o algo similar ya que el dinero que colectan rara vez va a parar a sus estómagos.

7 comentarios:

Naty dijo...

Estoy 100% de acuerdo con tu post. Muchas veces me pasa que me siento mal por pedir a la vida tantas cosas materiales y a veces me pregunto qué estoy dando yo para merecerme esas cosas. Por eso un día y como un impulso decidí inscribirme en un Servicio de Voluntariado y ahora estoy asesorando gratis en el área de Marketing a esta fundación. No hago todo lo que quisiera, pero me siento más útil.

Besos!!!

ahoravaaserquesi dijo...

HOla Dan, echaba de menos tus lecturas, siempre que escribes algo vas mas allá, me hacen reflexionar...
Vaya en que aventura estás embarcada!!! y no me extraña, con esos precios que teneis por allí, además si es una nueva técnica yo iría hasta la luna por probar si en ingravidez la cosa funciona, (y eso que no me atrae nada la idea de meterme en una nave espacial). Pienso que Suráfrica te aportará algo nuevo en tu vida, no dejes de contarnos como van los preparativos.

Aliane dijo...

Dana, mil gracias por el comentario que hiciste en mi blog!!! vos y varias de las chicas cuyos blogs estuve chusmeando un poco durante este tiempo me animaron a ir dandole forma a mi propio espacio. Así que, a través tuyo, agradezco a todas porque me enriquece mucho leer un poco sobre las experiencias de cada una.
Beso enorme y gracias de nuevo!!
Aliane
www.madredenadie.blogspot.com

Katana dijo...

Dana, yo tambien tengo las mismas normas, a los ninos nunca money, me parece deformante. La verdad verdad, es que casi nunca doy, porque evito bastante las situaciones, otras veces, aunque no juzgo al que pide, porque el que tiene hambre esta en un umbral mas alla del momento adecuado, me siento muy invadida y actuo automata en un gesto que indica un no, casi sin mirar a los ojos. Otras veces se trata de un anciando o de alguien que me inspira respeto y doy, a veces bien, segun lo que tenga a mano. Uno ya ha tenido que aprender a lidiar con esto porque, como dice Ruben Blades, "aqui en el subde, olor a meao y a perfume". El que pide no tiene nada que perder y estira la mano en un gesto mecanico didiendo un verso que muchas veces sale frio de lo repetido y casi nunca espera nada porque andamos anestesiados por estas selvas de cemento. Yo les doy dinero a ellos y ellos me dan el recuerdo constante de que no hay garantias, porque al final que tengo yo que no tengan ellos, cual es la diferencia,desde el punto de vista humano digo. Quien soy yo para estar mejor, no soy mejor que ellos, entonces, por que yo si y ellos no, y hasta cuando yo si?/

Cala dijo...

Hola Dana! Hace un tiempo leía algo que este post me trajo de nuevo a mi mente: sé que no puedo cambiar el mundo pero SÍ puedo hacer algo para comenzar a cambiarlo. No puedo correr una montaña arrastrándola para ponerla a mi lado pero SÍ puedo con una cucharita comenzar a mudarla... se comprende? va a llevar su tiempo, nadie sabe cuánto tiempo poseo y quizás en eso reside nuestra existencia...
Un beso grande y me encantó tu determinación para modificar la radicación de aires de tratamientos!!! Aplauso, medalla y beso!!!

Doctor dijo...

Mmmmm... curioso punto de vista... :)

Doctor,
Crítico de Blogs

Dana dijo...

Doctor, curioso tu blog. Me pregunto como habras llegado a parar a un blog de infertilidad...
Te animaras a criticarme?

Besos.

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