25 de abril de 2008

The Juror (parte I)

Demi Moore se veía fantástica en aquella película “The Juror” de hace unos años pero la realidad es bastante menos hollywoodesca y, la verdad, que por más que miré, a Alec Baldwin no lo ví por ningún lado.

Todo ciudadano de los Estados Unidos, mayor de 18 años, tiene la obligación de ser jurado, cuando así se lo requiera la justicia. Eso no quiere decir que la gente dé saltos de alegría cuando le llega la citación, sino que más bien, llega a tribunales pateando piedritas de descontento y frustración. No solo hay que aguantar la pesada espera sino que, además, la tarea requiere una inversión inicial no reembolsable de los gastos de estacionamiento y comidas. Yo no era la excepción y ahí llegue, con la almohada pegada a mi cachete, a la hora intempestiva de las ocho de la madrugada, a pasar las estrictas medidas de seguridad del edificio (dígase de un morocho medio dormido, diciéndole piropos a la chica de la limpieza; mirando para cualquier lado, menos al monitor del escáner).

Seríamos algo más de cien personas sentadas en una sala de espera engalanada en el mismo estilo deprimente que usan los decoradores de edificios públicos alrededor del mundo. Paredes grises, sillas con asientos rosas y auténtico olor a humedad. Varios televisores y un pequeño barcito se empeñaban en entretenernos, pero yo me calcé mi Ipod, saqué mi novela y me acomodé lo mejor posible para amainar la espera. Cada cierto tiempo, entraba un oficial del juzgado a llevarse veinte o treinta personas, a las que asignaba un juez y una sala. Desparecían y nunca más los volvíamos a ver; era como el cuento de los diez indiecitos. A las cuatro de la tarde, hartura mediante, quedábamos pocos; nos mirábamos las caras ya con cierto aire de complicidad, mirando el reloj y pensando alegremente que el destino nos había saltado en el conteo. Minutos más tarde, un oficial del cuarto piso vino a buscar treinta personas y allí estaba yo, número uno.

La bajada al cuarto piso, donde se ventilan casos penales, fue un cambio de aire interesante. Las paredes seguían siendo grises y la alfombra rosada (que manía con el rosa) pero la gente era variopinta y multicolor. Delante de mí, en el medio del pasillo, suspiraba nervioso un hombre de unos cuarenta años, quien, en un intento por parecer respetable (imagino que ante el juez), se había revestido de traje negro con rayas blancas, el que, sumado a la gomina y la colita; la cadena de oro en el pecho y la chiva diminuta en forma de “U” que le rodeaba la mandíbula, le daba un aspecto de “padrino” caribeño. Estaba rodeado de hombres que lo abrazaban y con los que se apretaban ruidosamente las manos. El conjunto lucía de colores verdes, corbatas con flamencos, oro, zapatos puntudos, chivitas multiformes y ese moreno que nada tiene que ver con el color original de la piel sino con el exceso de sol, de una vida al aire libre.


(continuará...)

22 de abril de 2008

Un fin de semana en paz


No puedo creer que tenemos este lugar a cuarenta minutos de casa y nunca vamos. ¡Y es gratis!

El domingo lo dedicamos a descansar, tomar sol y disfrutar de nosotros.

Nos vino bien para calentar el corazón y reponer fuerzas.







Sigo teniendo un aguijón clavado en el pecho y ya sé que no se va a quitar pero, por lo menos, cada día duele menos. Respiro hondo. Ommm...

18 de abril de 2008

¿Vamos a reirnos?

No me gusta llorar. La gente que me conoce sabe que a mi me gusta reir mucho y en voz alta. Tengo la risa floja y me vino en los genes, junto con las uñas largas y los dientes torcidos. Sólo lloro cuando es estrictamente necesario. Llorar es como tomar alcohol; en pequeñas dosis, puede ser relajante pero a la tercera copa de tequila quedás toda mareada y con las piernas flojas. El día siguiente es aún peor, porque te duele la cabeza, tenés los ojos hinchados y el ánimo por los suelos. Tanto más aguda es la resaca, cuanto mayor haya sido la ingesta etílica o más larga haya sido la gimoteada.

Así que hoy, mientras mi cuerpo y mi alma van juntando los pedacitos desparramados, busco la sonrisa como los niños buscan la Coca-Cola, con lujuria en los ojos e impaciencia en el corazón.

Y en ese ejercicio me encontraba, cuando me topé con esta joya: “Manual de mujeres en el cual se contienen muchas y diversas recetas muy buenas”. Según la editora, “Tratado práctico de las actividades de las mujeres de alto rango en el ámbito familiar, esta obra contiene numerosas recetas de medicina, cocina y cosmética que constituyen una sólida aportación a los estudios sobre la condición femenina en la historia, especialmente en lo que se refiere a la vida cotidiana y la imagen del cuerpo en los siglos XV y XVI.”. La abundancia de ingredientes desconocidos en la actualidad es curiosa “para una onza de solimán tomad dos ochavas de azogue”, “una cuarta de encienso, y otra de almástiga, y una balausta” y me pregunto donde comprarían estas cogotudas damas la “sangre de dragón”, necesaria como agua de rostro. Pero lo más interesante es la heterogeneidad del manual, que sirve tanto para soldar vidrio, como para curar muelas o para hacer tortas de pechugas de gallinas. Desde luego, mujeres hacendosas eran las de antes.

Por lo pronto, estoy preparando esta receta, que tanta falta me hace:

Para la flaqueza del corazón

Tomad una gallina y matadla. Y luego como la matéis, desolladla, y tiradle todo lo graso, y hacedla pedazos. Y ponedla en una alquitara de vidrio. Y poned con ella cuatro adarmes de nuez moscada, y otros cuatro de canela y de clavos y jengibre cada dos adarmes. Todas estas especias molidas. Y tapad la alquitara con masa, y ponedla al fuego. Y sacad el agua de ella hasta que se espese. Y como se espese, quitar el receptáculo. Y dad esta agua al que estuviere enfermo y sanará.


Gallina no voy a conseguir (y mucho menos la quiero ver viva, rayando mis pisos de madera con sus patas mugrientas), pero tengo un pollo desollado y despedazado en el freezer, orgánico y bien limpito, que seguro será lo mismo, ¿no?


PD: se aceptan hoy historias cómicas; serán admitidas anécdotas, cuentos de Jaimito, chistes tontos, cortos, largos, historias de Landrisina, canciones de Les Luthiers, noticias insólitas, posts irónicos, cuentos verdes, rojos, blancos. Chistes racistas y humor negro no son bienvenidos y serán castigados apropiadamente con el botón de “delete”.


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16 de abril de 2008

Mis expectativas eran bajas… hasta que vi esos hermosos embriones en la pantalla

Lloré hasta que me dolieron las pestañas; abracé a O. hasta que se me entumecieron los dedos; y sus costillas. Y la misma tarde del negativo llamé a tres clínicas. Me pregunto ahora por qué. Me pregunto si es aún el deseo perentorio de quedar embarazada o la rabieta de una estudiante a la que le fue mal en un exámen, y piensa probarles a todos que ella puede hacerlo mejor, estudiar más, ser más aplicada y sacarse un diez.

Odio al destino que me obliga a hacer cosas que detesto como llorar, ponerme inyecciones o tener paciencia.

El tiempo es traidor. No sólo nos aparece con una arruga de regalo en el momento más inesperado, sino que licua los recuerdos y amaina las emociones. Aquella garra; esa determinación de no aceptar un no por respuesta, ya no está ahí. Y es que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. El viernes le decía a O., con la cabeza apoyada en su regazo y los ojos cerrados:

- Quiero que todo esto se acabe. Me da igual cómo, sólo quiero que se acabe de una vez.
- Pero dale… si ya tenemos otra vez un plan a seguir (haciendo referencia a las nuevas clínicas con las que hablé; pobre ángel, sabe que yo necesito siempre un “plan” para mantener el equilibrio en la vida)

El problema es que ningún plan funciona para parar el dolor. Aún si decidiéramos no hacer más tratamientos, aún queda asumir la decisión de vivir sin hijos. Dolor. O la de adoptar, cuando toda mi piel se rebela. Dolor. Visto lo visto, sigamos con los tratamientos hasta que el dolor de seguir sea mayor que el de parar. Nunca lo hubiera creído, pero cada vez estoy más cerca de ese punto.


PD: mirando mi blog hacia atrás, hace exactamente un año, un 17 de abril, recibía el negativo de mi sexto FIV; y escribía algo que hoy sigue teniendo la misma validez “Y no hay ninguna razón por la cual tengamos que estar metidos en este chiquero; ni “todas las cosas suceden por algo”, ni “será el designio de Dios”, ni “me tengo que dejar llevar por el Universo”. Estas cosas suceden porque a veces una va caminando por la calle y se encuentra un billete y otras muchas, sin darnos cuenta, pisamos mierda.”.

PD2: Casi tan horribles son esas frases como las de aquellas que, quedando embarazadas en su segunda IA, dicen “¿vieron que se puede? Tengan paciencia que a todas, al final, les llega…”. No, mi niña, algunas mujeres nunca van a tener tu suerte y la paciencia, de poco sirve.



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11 de abril de 2008

Negativo

Como siempre. Estoy tan cansada de luchar contra leones invisibles...
Al final, siempre se levanta el emperador en el coliseo, alza su brazo derecho y señala el suelo con su pulgar.
Esperaba este resultado desde ayer asi que ya llevo unas horas llorando, para adelantar tiempo. Curiosamente, y en contra de mi naturaleza, tengo mas tristeza que rabia.
Estoy muy cansada...


PD: se que tengo memes y premios dando alguna vuelta por ahi y agradezco infinitamente que se acuerden de mi, pero voy a declinar por el momento; he estado algo enfrascada ultimamente y no tengo la cabeza para pensar...

8 de abril de 2008

La ansiedad se disfraza de hambre

Tengo una pila de síntomas que creo se ajustan a un posible embarazo, aunque también puede ser Mal de Chagas o Fiebre Amarilla: sueño, dolor de cabeza, apatía, acidez estomacal, inflamación, hambre y constipación. En el fondo, la parte lógica de mi cerebro me dice que todos esos síntomas se deben a la progesterona o a las altas dosis de estrógeno con que me desayuno. La parte emocional, por otro lado, está hecha un buñuelo y prefiere no opinar.

Hoy fui a ver a mi hematólogo. Cada vez me cae mejor. Es inteligente, nunca está apurado y me escucha sin interrumpir, que es más de lo que puedo decir de la mayoría de mis interlocutores. No deja de divertirse un poco con mis historias de inyecciones, aeropuertos y médicos de distintas nacionalidades. Me sacaron sangre, entre otras cosas, para ver si el Lovenox (clexane) no me había hecho bajar los glóbulos rojos, efecto secundario frecuente de la heparina. Resulta que todos los niveles son los correctos, o sea que estoy hecha un toro. Y a la vez una vaca, a juzgar por lo que estoy comiendo. Digamos que una especie de hermafrodita de la raza vacuna. La presion arterial estaba algo baja: la máxima no llegaba a nueve, lo que clarifica el tema del sueño y el decaimiento general.

El doc me dijo que me tiene en sus oraciones y que si estoy embarazada, lo vuelva a ver en un mes. Si la BB (bendita beta) sale negativa, debo suspender la medicación y volver en dos semanas. Al salir, le dijo a la enfermera que me diera un turno para el 9 de mayo… Casi lloro por el gesto.

Antes de regresar a la oficina, estuve buscando laboratorios que me puedan dar el resultado de la beta antes de veinticuatro horas, que es lo que tarda mi ginecólogo. Tengo uno medio apalabrado, pero vamos a ver si cumple. Mis sospechas se derivan de que la gente del laboratorio se comportaba de forma algo extraña; me pidieron hablar en voz baja, pagar en efectivo, en billetes pequeños de numeración no correlativa y presentarme a las dos de la matina, sin policía. Me pregunto si me habré metido en el laboratorio correcto.

La beta será en algún momento de esta semana.


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2 de abril de 2008

Estoy en el ojo de un huracan

En Miami, una de nuestras mejores especialidades no son las playas, ni el Art Deco, ni el café cubano, sino los huracanes. Pasan poco más o menos cada veinte años pero, no solo tenemos toda una industria montada alrededor de ellos (cortinas metálicas, vidrios de alto impacto, radios a prueba de agua o linternas sin pilas), sino que cada habitante de la ciudad que lleva ya un tiempito de residencia local se va, de a poco, transformando en experto en el tema.

Las horas que anteceden la llegada de un huracán son, frecuentemente, lo contrario al viejo adagio de “la calma que precede a la tormenta”. Esta es, mas o menos, la escena: hordas de consumidores peleándose, con los ojos salidos de los cuencos, por la ultima botella de agua en el supermercado; llamadas a la compañía aseguradora, quien además de quedarse con un riñón cada año al renovar la póliza, nunca contesta el teléfono; corridas a ultimo momento a la ferretería; instalación de cortinas para huracanes en cada orificio de la casa, hasta que los dedos sangran de poner tuercas; rastreo intenso de documentos importantes, tales como el certificado de matrimonio o la receta del pato a la naranja de la abuela, para meter en bolsas impermeables; búsqueda desesperada de pilas, que siempre resultan ser del tamaño que una no necesita (en mi despensa, guardo una caja de pilas que podría alimentar, fácilmente, el generador de Itaipu, en caso de sequía); finalmente, recuento de comida, bebida, licor, niños y perros, a fin de evitar que ninguno de ellos quede fuera de la casa. Cuando comienza a llegar el huracán, una ya se puede relajar un poco.

Estoy convencida que las FIV se parecen mas a los huracanes que a las tan mentadas montanas rusas. Antes de la transferencia de embriones, todo es ajetreo; inyecciones, medicinas, ultrasonidos, médicos, análisis, ecógrafos, enfermeras, sicólogos, aprendices de brujos, obras sociales, farmacias, salas de espera, biólogos, probetas, óvulos y espermas. Cuando llega el momento mas importante, hacia el cual todo lo demás solo es una preparación, que es la transferencia de embriones, una esta tan cansada que podría dormir arriba de un clavo ardiendo.

Luego viene el centro del huracán; la calma. El huracán es un círculo concéntrico con un agujero en el medio. Las fuerzas centrifugas y ciertos cambios de presión impiden a los vientos entrar en el centro del huracán, por lo que se producen ciertas horas de paz que no pueden nunca ser confundidas con el final de la tormenta, ya que aun queda la mitad del problema por pasar. El ojo del huracán es la beta-espera. Las dos semanas de expectación son un eclipse; una habitación oscura donde nada se sabe, nada se ve y no queda más remedio que cerrar los ojos.

Finalmente, en la antesala de los nuevos vientos, llega nuevamente el doc y luego, la famosa beta, para bien o para mal, cargando su bullicio de emociones.

El mundo medico ha avanzado mucho en el tema de la infertilidad en los últimos diez años, sin embargo la implantación sigue siendo un enigma. Estoy convencida que ese es el gran reto para los próximos diez.

Dadas las condiciones actuales, aquí sigo en tinieblas, queriendo mirar para adentro pero escasa de telescopio, asi que mejor preparo la valija para irme, feliz, a casa.


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31 de marzo de 2008

Segunda fase: mision cumplida

Llegue a la clínica unos quince minutos más temprano de lo señalado y no porque suela ser puntual, sino porque me sentía enjaulada en la habitación de hotel, además de sumar muchos por-las-dudas: por las dudas que el taxi, por las dudas que el tráfico, por las dudas que la clínica.

Llegue con la vejiga llena, como es usual en estos casos, y me ofrecieron asiento. La sala de espera se comenzó a llenar. A los dos minutos, me levante a preguntarle a la recepcionista si sabia algo de mis embriones.

- El doctor le va a explicar todo cuando la llame
- Yo se, pero muero por saber si esta todo bien… - poniendo cara de lastima -
Sonrisa. Llamada al laboratorio. Que amables son los sudafricanos.
- Dicen que aun siguen trabajando en ello.

Se que puedo ser pesada; pero no era yo. Era mi paranoia. Hojeo rápido de La Nación online. A los cinco minutos, salio el doc (en persona! eso seria poco menos que un milagro en Miami) a decirme que el biólogo estaba terminando; que tuviera paciencia. Si eso es lo que me sobra, doc, pensé; ya estoy entrenada.

- Y sabe como van las cosas?
- Se ven bien – dijo con una parca sonrisa

Los minutos iban pasando y la vejiga me mandaba mensajes cada vez mas frecuentes de “y a vos que te pasa que no me llevas al baño?”. Cuarenta y cinco minutos más tarde y con la vejiga a punto de explotar, me llama el doc a su oficina. Sin hablar, da vuelta la pantalla de su computadora y allí estaban, mis tres hermosos embriones. Casi me meo de la alegria.

- Esa foto es de ahora no?
- De hace unos minutos – responde riendo.
- Sobrevivieron tres!
- En realidad, los cuatro, pero el cuarto no es viable – dijo, mostrándome en la siguiente pantalla un embrión de 4-5 células, casi absolutamente fragmentado
- Y que calidad tienen?
- Estos dos son excelentes embriones de ocho células, y este es un buen embrión de siete, algo fragmentado. Estoy muy contento con mi bióloga.
- Dígale que yo también – respondí mirando con cariño la pantalla
- Procedemos?

Vamos a la sala de transferencias, me subo contenta a la camilla y mientras me preparan, les cuento mis aventuras con las inyecciones de progesterona y de cómo decidí finalmente tomar el toro por las astas y dármelas yo, todas las mañanas. Se ríen y abriendo los ojos grandes, me dice el doc, “eso si que es… inusual”. La enfermera me pone el liquido en la panza, helado como siempre, y comienza a girar el ecógrafo sobre el, para guiar la cánula que contiene la preciada carga.

- Auuu… - solté yo, frunciendo el ceño
- Estas bien? – responde la enfermera de la voz dulce, levantando instintivamente el ecógrafo
- Si, si, es solo que estas apretando mi vejiga y no me hago responsable por los resultados…
- Hoy mi tarea aquí va a ser fácil, entonces – añade el doc riendo.

Efectivamente fue fácil. No solo por la vejiga del tamaño de un melón sino porque mis transferencias nunca son complicadas. Adentro y afuera. Ya esta. Hoy fueron unos dos minutos. Algunos segundos mas para que la bióloga confirme que la cánula estaba “clear” y labor cumplida. Veinte minutos de reposo en silencio. Rezos, mantras y visualizaciones, para cumplir con todos y no hacerle un feo a nadie.

De la clínica fui a verla a Vicky que me hizo reposar cuarenta minutos con las agujas puestas, diciendo que esta estudiado que la acupuntura aumenta las probabilidades de éxito a un sesenta por ciento. Sesenta... que hermoso suena. Ya he tenido transferencias de tres embriones antes; solo pido que, por lo menos, uno de los tres siga creciendo. Solo pido, por una vez, estar en el lado positivo de la estadística; en esa minoría que alguna vez, lo logra.




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29 de marzo de 2008

Transmitiendo desde Ciudad del Cabo

Acabo de pasar un par de horas de las tranquilas en una librería que esta cerca del hotel. Me gusta ver libros que normalmente no veo, australianos, africanos, europeos… Me gustan las librerías y el olor a libro nuevo. Habia bastante movimiento de gente; entra un hombre de unos dos metros de altura con un niño de tres años aproximadamente, sobre los hombros, firmemente agarrado de su cabello.

- papa, me puedo bajar? – decía el niño, mientras miraba hacia el suelo desde las alturas
- Mm… no se, que opinas? – contesta el padre mirando distraídamente la contratapa de un libro
- Es que me gustaría…
- Y que vas a hacer cuando estés abajo?
- No se, pero me gusta sentir el suelo

Ya vas a tener tiempo, chiquito, de poner los pies en la tierra; por lo pronto, aprovecha a ver el mundo desde arriba…

El día de ayer comenzó con la visita al doc, que quedo muy contento con mi endometrio de 8 mm. Me dio cita para la transferencia el lunes a las 10:30 AM y me dijo que antes de llegar procederían a la descongelación. Mi paranoia sobre la descongelación y yo seguimos de la mano, pero ya me estoy habituando a ella. Le pregunte al doc si tenia alguna teoría, alguna conjetura al vuelo de por que no funciono la ultima FIV y me contesto “no lo se; esto es infertilidad; algunas veces funciona y otras no”. Que porquería las cartas que me tocan siempre. Estoy en tratativas para cambiar un par de doses que tengo en la mano que recibí esta ronda, por un brillante as de espadas. Las negociaciones avanzan positivamente; creo que llegaremos a tiempo para el lunes.

Me coloque la primera inyección de progesterona en una clínica, con una enfermera que me dejo una bola en el trasero y un moretón del tamaño de una manzana. Una deliciosa, de las grandes. Mi bola y yo nos fuimos al Waterfront en un día soleado y calido, donde comí con la encantadora Tertia, una de las bloggers más famosas de Sudáfrica. Hablamos de infertilidad, de sus mellizos, de su libro y su blog. Nunca pensé ser infértil y daría cualquier cosa porque no nos hubiera tocado este camino pero ya que me toco, no dejo de admirar la cantidad de hombres y mujeres valientes que me encuentro a cada paso. Si no fuera porque lucho desesperadamente por salir de este mundo, consideraría un honor pertenecer a el.

De allí, taxi hasta la clínica de Vicky, una acupunturista alemana rápida y eficiente, perdonando la redundancia. Especialista en infertilidad, es una mujer muy ocupada, pero gracias a los buenos oficios de Tertia conseguí que me viera. Creo en la acupuntura y Vicky me dijo que estaba abriendo el canal de la concepcion, palabras mágicas a mis oídos. El lunes tengo que volver después de la transferencia para una sesión que estimule la irrigación sanguínea y calme el útero, evitando cualquier tipo de contracciones derivadas de la transferencia de un elemento extraño al cuerpo. Mientras estaba tirada en la camilla, con las agujas puestas, repetía el mantra de Cala. Nam Myoho Renge Kyo. Me gusta como suena.

Un día muy ocupado, considerando que estoy de semi-vacaciones.

Esta mañana comencé con mi primera inyección de heparina y estoy contenta porque no tengo moretón. Seguí todas las instrucciones al pie de la letra y sobre todo, así como me recalcaron, la de no frotar el lugar de la inyección, después de aplicarla (al revés que la progesterona). Después de ver el estado calamitoso de mi trasero en el espejo, pensé que yo podía hacerlo mejor que la bestia del día anterior. O al menos, no podía hacerlo peor. Tome la aguja, la cargue con el aceite pastoso y la clave en el costado superior izquierdo de mis nalgas (te das vuelta y cuando ya no podes girar mas, ahí es el lugar de la inyección). Intramuscular. Con la zurda. Resultado impecable. Soy una diosa.

Ayer pedí agujas en la clínica para la aplicación de la progesterona y me querían dar unas muy gordas.

- no, estas son de 21G para aspirar el medicamento – le decía a la recepcionista - de esas tengo; yo necesito para la aplicación, por lo menos de 23Gauge.

Como diablos me convertí en experta de agujas y jeringas?


PD: mi notebook no tiene acentos ni esa letra que va después de la “N”, ni ninguna de esas florituras del lenguaje castellano así que sabrán perdonar la desprolijidad…



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24 de marzo de 2008

Ultima Edición

El Miedo suele ser opuesto a la Esperanza; cuando uno retrocede, el otro suele avanzar. Aunque a veces, debo admitir que se van los dos y nos dejan con cara de poker, mirando al aire. Sin embargo, el Optimismo pertenece a una especie rara; un mercenario que a veces se alía con uno y otras veces con el otro. Ya lo he dicho más veces pero mi nivel de optimismo habitual, suele rayar con la estupidez. En cada beta espera me entretengo visualizando a mis niños (siempre son mellizos), viendo la ropa de maternidad de Banana Republic y hasta eligiendo colegios por Internet. Considerando que ésta es la octava vez que hago una transferencia, tengo bien ganado mi derecho a una alta dosis de paranoia y sin embargo, pienso que esta vez, ¿por qué no? pudiera funcionar; congeladitos y todo.

Tengo empezado un escrito sobre una de esas frases que dice la gente y que se ha posicionado en el puesto número uno en el ranking de más irritantes, en mi escala personal. Y no es “¿han pensado en adoptar?”, cosa que nos volvieron a repetir hace una semana, sino “por algo se dan las cosas”. O su versión religiosa, favorita de mi ex-jefe “sólo Diosito sabe por qué hace las cosas”, hasta que un día le dije “a Ese, no lo defiendas” y nunca más volvió a abrir la boca. Quería hablar de lo ofensivas que resultan esas palabras, porque sólo dan dos alternativas: 1.- el mundo es justo y yo merezco que Dios haga lo que está haciendo o 2.- mi sufrimiento es parte del gran plan de un Dios/Universo que usa a los individuos como peones de un atroz juego de ajedrez; donde no importa quien caiga en el camino, mientras el “bien general” se mantenga. Algo así como un maquiavélico “fin justifica los medios” . Si Dios existe, me niego a pensar en un Dios cruel, egoísta o vengativo. Hay hombres torturados en el mundo, niños malformes o que han sido violados; ¿cómo alguien puede siquiera atreverse a decir “todo esto que te sucedió fue por alguna razón”? Pero este fin de semana empecé a leer un libro maravilloso que me recomendó una buena amiga. Está escrito por un rabino a quien le tocó sufrir la enfermedad degenerativa y muerte temprana de su hijo, hecho que lo llevó a replantearse su relación con Dios. Y no necesito ser judía para que este rabino llegue a mi corazón; para que sus palabras tengan cierto sentido para mí. El libro se llama “When Bad Things Happen to Good People” (“Cuando a la Gente Buena le Pasan Cosas Malas”). Es un libro extraordinario que analiza, con lógica, cada argumento que aparece de la mano de vecinos bienintencionados, hasta aplastarlos (a los argumentos, no los vecinos). Una de sus conclusiones sigue sin convencerme pero, finalmente, en los porqués de la vida, todas son preguntas. Me gustaría incorporar algo de su trabajo a mi post así que lo dejo para otro día, con más tiempo.

Por lo pronto, dejo de transmitir desde mi lugar de emisión habitual, sito en la soleada ciudad de Miami. Mi próxima edición será realizada desde la bella Ciudad del Cabo, mientras intento reponerme del cambio de huso horario. Twitter será actualizado, probablemente, más a menudo, ya que para ello sólo necesito mi Blackberry, compañera inseparable.


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23 de marzo de 2008

Video divertido

Video cortesía de Majito.
Y no es la propaganda de una clínica sino de una institución financiera... Aunque no lo crean.

(decidí bajarlo por YouTube porque me resultó imposible cargarlo por Blogger)


http://www.youtube.com/watch?v=fGhj2s4FWTA

20 de marzo de 2008

El retorno del Miedo

Tengo un par de reflexiones que hacer; están en mi lista de pendientes del cerebro, dando vuelta, impacientes, esperando su turno y aunque ya les he prometido que un día de estos, les toca el numerito, resoplan ansiosos con el ceño fruncido desde la sala de espera, mirándome con desconfianza y recelo. Sacan la Blackberry, se entretienen dos segundos con las noticias del día y vuelven a molestar, como locutor de radio AM.

Mientras tanto, dedico toda mi atención al Miedo. El Miedo de una infértil siempre está al acecho; solapado, vigilante, esperando el mejor momento para dar su estocada. Cuanto más conocimientos adquirimos, más inteligente y perceptivo se vuelve. Hace mucho tiempo atrás, sólo tenía un miedo genérico al resultado negativo del próximo tratamiento. Ahora el Miedo sabe que cada tratamiento está compuesto de muchos hitos subsecuentes y le gusta hilar más fino; cada tramo es un exámen que una debe pasar frente al Destino: ¿tendré buena respuesta a los medicamentos? ¿Habrá suficiente cantidad de folículos? ¿Fertilizarán los óvulos? ¿Llegarán al tercer día? ¿Serán los embriones de buena calidad? ¿Implantarán? ¿Tendré, finalmente, una beta positiva?

Después de un tiempo, tanto el Miedo como yo nos empezábamos a aburrir, porque es bien sabido que el Miedo no prospera en la rutina; necesita la sorpresa, la excitación del primer encuentro, el imprevisto, el descontrol. Nos mirábamos la cara con expresión de hastío y más de una vez me atreví a darle una patada en el trasero. Sin embargo, en este nuevo juego de embriones criopreservados que estamos empezando, el desgraciado encontró, finalmente, una nueva cara a esta moneda multifacética de la infertilidad y está de nuevo aquí, presente y mórbido, respirando sobre mi nuca e hinchándose de satisfacción: ¿Cuántos embriones sobrevivirán la descongelación?


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18 de marzo de 2008

Mejor me callo

Hoy tengo pocas ganas de hablar.

Podría hablar de que me llegó la medicación y comencé a tomar mis pastillas de estrógeno hace dos días, para preparar mi mullido endometrio. Pero, a una semana de irme, el hecho resulta casi intrascendente.

También podría hablar de los nuevos pecados que nos ha traído Don Benedicto con los nuevos tiempos y preguntarme si los mismos serán de aplicación retroactiva. Es decir, ¿los traficantes de antaño, ahora viviendo de sus jugosos ahorros para la vejez, tendrían un caso debatible frente al Supremo, mientras que los contaminantes actuales irían derechito a verlo a Satanás? ¿Y Bill Gates podrá zafar de la quemazón ahora que le dejó el primer puesto de riqueza a su amigo, Warren Buffett? ¿O se irán los dos juntos, a pesar de haber donado pilas gigantes de dinero de su riqueza personal a ayudar a los demás? Pero la noticia me da tanta risa, que mis mandíbulas desencajadas entorpecen la visión de mi teclado.

Podría seguir con el interesante tema de las quejas y contarles de aquella vez que estaba realizando una reclamación formal por teléfono al seguro médico de O., y la empleada no quería hablar conmigo, ya que las políticas de privacidad sólo le permitían hablar con el usuario.
- Yo entiendo lo que me dice, pero la carta de queja que usted tiene en sus manos, aunque está firmada por el, la hice y envié yo. Si usted lo llama, él no va a tener idea de lo que le está hablando. Yo le puedo dar cualquier dato de verificación que me pida.
- Pero el sabrá, por lo menos, que existe un reclamo, no?
- No, ese es el punto. En mi casa cada uno tiene distintas tareas; yo me encargo de todo lo que sea documentación, reclamaciones y envíos y mi marido se encarga del presupuesto, bancos y demás temas financieros.
- Vaya… Ustedes –con un sorprendido acento sureño- manejan la familia como si fuera una empresa…
Pero no creo que sea prudente seguir de ánimo quejoso.

Les podría contar que está quemándose el último leño en el hogar; que soy muy pobre hoy; que por una sonrisa doy todo lo que soy, porque estoy solo y tengo miedo… Uy, no, ésa era de Serrat.

Y como no tengo nada que contar, mejor me callo.


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13 de marzo de 2008

Ataque en el supermercado


O. siempre dice que le hubiera gustado ser juez. No es por el status, ni por evitar el pago de impuestos, sino por esa incontenible tendencia a regular la vida de los demás, cuando se dejan. No sé como le hubiera ido como magistrado, pero de lo que estoy segura es que hubiera sido un excelente abogado litigante. Es astuto, inteligente, irritantemente perfeccionista, nunca se queda callado y responde con rapidez a las provocaciones.

El domingo pasado paseábamos nuestro carrito por un supermercado gigantesco, mayorista; de esos que te obligan a comprar veinticinco ingentes frascos de aceitunas con carozo, en lugar de una pequeña lata de aceitunas españolas, rellenas con anchoa, como a mí me gustan. Pero dada la familia numerosa que tenemos en casa, se ve claramente la necesidad que tenemos de comprar ahí. Creo que aún tengo en casa un rollo de papel higiénico que compré en el año 1995.

Cuando una cae un fin de semana, no hay más remedio que zambullirse entre oleadas de individuos que se van moviendo por los pasillos como autómatas, en sentido contrario a las manecillas del reloj. Desde que se pone el pie en la puerta de entrada, una debe seguir avanzando a través de las góndolas cargadas de ofertas y ser lo suficientemente rápida como para ir llenando el carrito, sin detener los pies. Frenar es impensable; tampoco es posible la marcha atrás. Es un camino sin retorno y con una única salida: la caja. La primera vez que entré, fui a buscar pollo, aceite y atún y salí con lo único que pude alcanzar: arroz, salmón, aceitunas y jabón para la ropa. Con el tiempo, fui afinando la estrategia.

Iba una morocha atrás mío con el celular colgado de la oreja, riéndose y mirando al horizonte. Dos pequeños toques de su carrito en mis tobillos fueron más que suficientes para hacerme dar vuelta con el ceño fruncido. Podía haber tenido la cara pintada de verde que la fulana no se hubiera enterado, tan entretenida parecía estar la conversación telefónica. Miré hacia abajo y como era de esperarse, su carrito estaba vacío; obviamente, no se puede comprar ahí si una no está suficientemente concentrada y vigilante en la tarea.

El tercer toque fue más fuerte y solté un agudo “ouch”. Me dí vuelta con cara de enano envenenado y la mujer se apresuró a decir, sin sacar el celular de adentro de su tímpano y sin demasiada convicción, “I’m sorry”. Le dí la espalda, levanté mi mano derecha en actitud de “estoy bien pero no me molestes” y me alejé rengueando exageradamente.

O. se dió cuenta de la situación cuando me escuchó chillar y como tigre protector, frenó en seco, arqueó las cejas y se dió vuelta, listo para saltar sobre la yugular del agresor. Con los ojos entrecerrados y a pesar de mi mirada que le suplicaba que lo dejara pasar, le dijo, áspero:

- Debería tener mas cuidado.
- Ya le dije que lo sentía…

Yo escuchaba la conversación mirando hacia las baldosas, entre las ofertas del queso brie. Tiré despacito de la manga de O. para llevármelo hacia la zona de los vinos blancos, pero la falta de arrepentimiento sincero de la ofensora no hacía más que exacerbar a mi media naranja.

- Tal vez si se sacara el teléfono del oído, pudiera fijarse mejor en lo que hace.
- ¿Perdón? – dijo la atropelladora, con sonrisa irónica – Ya le pedí disculpas, ¿qué más quiere que haga?
- ¡Que maneje con cuidado, para que no atropelle a la gente! –dijo O. mirándola de frente, y parando así, riesgosamente, el tráfico.

A esa altura, yo ya estaba, arrastrada por el gentío, cerca del agua embotellada y miraba la escena de media distancia. O. se acercaba con la sonrisa de la labor educativa cumplida, y yo lo miraba con una mezcla de interrogación y risa. Como me conoce, hizo lo que hace siempre cuando quiere que me calle, me dió un abrazo de oso y me dijo:

- ¡alguien le tiene que decir las cosas! Seguro que cuando va manejando con el auto, hace lo mismo…

Héroe o Comandante en Jefe?


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11 de marzo de 2008

Seguimos con los temas de sangre

Definitivamente no entiendo a los médicos. De cosas insignificantes hacen a veces una telenovela, mientras que desechan con un simple gesto de muñeca otras cosas que, desde mi humilde silla de paciente, me parecen extraordinariamente importantes.

Por cuarta vez ayer, en los últimos tres años, los resultados de los análisis de sangre me dicen que los anticuerpos anticardiolipidos IGm están altos, incluso tomando aspirina infantil. El hematólogo dice que eso significa que tengo una propensión algo más alta que la gente “normal” para tener coágulos sanguíneos, hecho que, según él, no es un problema hasta que el embarazo no está establecido. No tengo SAF. No tengo ninguna enfermedad; tan sólo una simple, insignificante, trivial, anodina “anormalidad” que, simplemente, puede impedir la correcta irrigación sanguínea en determinadas áreas de mi cuerpo, incluyendo pero no limitado al útero.

Como siempre que el sentido común médico me falla, recurro a Google, que me muestra una enorme cantidad de estudios donde, no sólo se establece con bastante autoridad que los anticuerpos anticardiolipidos son uno de los factores más importantes en los casos de abortos recurrentes, sino que además se cree que pudieran interferir en la implantación y la división celular durante la embriogenesis.

Este artículo, uno de muchos, está sacado de una publicación médica de una agencia de gobierno (y es por todos sabidos que los gobiernos nunca mienten). Se titula “Anticuerpos Anticardiolipidos inducen a la pérdida del embarazo mediante el deterioro de la implantación embrionaria” o algo así. Concluyen diciendo que los anticuerpos reaccionan directamente sobre la pre-implantación de los embriones. El estudio está hecho sobre ratonas pero, obviamente, a esta altura no nos podemos poner de animo separatista. Para quien aún tenga sus dudas, éste está hecho sobre mujeres y también es financiado por el gobierno. “Pacientes con embarazos bioquímicos o sin embarazos tenían anticuerpos anticardiolipidos en un 20% y 16.2%, comparado con el 5.6% en pacientes con embarazo clínico”, concluyendo que estos anticuerpos “pueden jugar un rol en la implantación del embrión y en la perdida post-implantatoria temprana”. ¿Que más necesitamos saber? Como es costumbre por parte del gobierno, también tienen estadísticas, estudios y dictámenes que opinan exactamente lo contrario. Así nos dejan a todos contentos.

¿Qué son los anticuerpos anticardiolipidos(o anticardiolipina)? “Los anticuerpos antifosfolípidos son un grupo de autoanticuerpos dirigidos contra complejos específicos de glucoproteínas (en general, asociados a células) y fosfolípidos aniónicos.” “Los anticuerpos antifosfolípidos pueden dividirse en dos grupos generales: anticuerpos anticardiolipina y anticoagulantes lúpicos.”

Finalmente, le planté frente al hematólogo y le imploré humildemente que sigamos adelante con el plan de la heparina, a lo que accedió amablemente, diciendo que me quiere ayudar a que no me quede con la duda. Así que derechito fui a la farmacia con mi flamante receta y ¿lo mejor de todo? La costosa medicación está cubierta por mi seguro médico. ¡Al fin tenía que meterles algun gol!



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6 de marzo de 2008

Día 1 del ciclo

Ya estoy en cuenta regresiva. Ayer fue mi día uno del ciclo y me apliqué la inyección de Lupron. Conversación con O. en el baño, mientras yo abría la caja del medicamento:

- ojalá tuviera diez dólares por cada inyección que me he puesto – dije yo, con un suspiro.
- yo ojalá tuviera un hijo por cada cien… - susurró, sombrío, O., quien ya está de este tema hasta la altura del gorro.

Que fácil que es ir a un ciclo de congelados; sin mucha esperanza pero también sin demasiadas complicaciones. Una sola inyección, nada de controles día por medio, ni análisis de sangre, ni dosis reguladas, ni enfermeras insensibles, ni ultrasonidos, ni moretones, ni stress. Si hubiera sabido, habría producido más huevos en mis FIVs anteriores, digo yo, en un arrebato de obvia ironía. Sólo una inyección subcutánea, pastillas de estrógeno que comienzan el día 15 de marzo, un control de endometrio el 28 de marzo y transferencia el día 31, si los vientos soplan a favor.

Sólo veinte días quedan para el despegue y el optimismo del gobierno es cauto.



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4 de marzo de 2008

Más noticias

Reuters. Enviado Especial.

El Mundo Fértil sigue enviando noticias a través de nuestros enviados especiales.

El laboratorio encargado del procesamiento del material especial enviado por mi ginecólogo, luego de utilizar las técnicas de biopsia endometrial y cultivo, ha indicado que los niveles encontrados se encuentran dentro de los parámetros considerados normales.

Cierta famosa curandera de la Provincia de Buenos Aires ha indicado días atrás a la madre de mi esposo, que este último se encuentra ya libre de toda maldición, no así mi estimada menda que sigue, citando textualmente, “cortada”. El novedoso tratamiento con el que debo continuar incluye algunas hierbas como ruta graveolens y rosmarinus officinalis, más conocidas vulgarmente como “ruda” y “romero”.

Volviendo a las crisis internas, el periodo de menstruación esperado desde hace cuatro días, aún no se ha hecho notar. Los ministros a cargo analizan varias posibles explicaciones aunque se descarta la presencia de embarazo, dadas las bajas temperaturas corporales y un test realizado en horas tempranas. Si bien este hecho resulta sumamente atípico y definitivamente retrasa los planes para poner en marcha el programa de fertilización, el gobierno local se encuentra calmo y no ha anunciado aún un plan de acción.


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3 de marzo de 2008

Ensayan un nuevo método para hacer fertilización asistida

Por: THE GUARDIAN. ESPECIAL

Gran Bretaña lanzó ayer la primera prueba en el mundo de un tratamiento de fertilidad que aspira a ser más natural que la fertilización in vitro (FIV) tradicional.

Este tratamiento, bautizado in vivo development (IVD) o desarrollo en vivo, apunta a eliminar la probeta del proceso al permitir que los óvulos fertilizados se desarrollen en el vientre de la madre, en lugar de en el laboratorio.

La prueba durará un año, incluirá a clínicas de fertilidad de Nottingham y otros sitios de Europa y tiene lugar luego de una exitosa prueba piloto de pequeña escala realizada en Bélgica. Según los investigadores que abogan por esta nueva forma de fertilizar, esta nueva técnica conducirá seguramente a obtener embriones de mejor calidad, es decir, con menor cantidad de anormalidades.

"Si podemos reemplazar al laboratorio por el vientre materno en un 90 por ciento del proceso de fertilización asistida, ésta ingresará en una nueva era" comentó Simon Fishel, que dirigirá la rama británica de este experimento en el Grupo CARE, en las clínicas de fertilidad de Nottingham.

En el proceso de fertilización in vitro normal, los óvulos son fertilizados junto con el esperma y luego se los deja crecer en una placa de Petri (un cristal) que contiene sustancias químicas y nutrientes que simulan las condiciones biológicas del aparato reproductor femenino.

El nuevo tratamiento reemplaza a esa placa de Petri casi por completo. Con esta nueva técnica, cada óvulo fertilizado es insertado en una cápsula de silicona perforada de menos de 1 milímetro de ancho, que es introducida en la mujer a través del cuello del útero. Para hacerlo, se utiliza una sonda o cánula similar de un grosor mínimo. Los agujeros de la cápsula permiten que las hormonas y otras sustancias del vientre materno rodeen al embrión mientras crece. Días después, la cápsula es retirada para que el embrión pueda implantarse de manera natural.


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29 de febrero de 2008

Sentencia en CE

Ana, una querida y alerta lectora, me envió esta noticia para compartir.

Es un consuelo saber que en alguna parte del mundo no somos vistas como parias; la Comunidad Europea siempre lleva la delantera en ciertos aspectos relacionados a la protección de las personas, la privacidad, la situación laboral. Hurra por ellos.

Otro punto que me llama la atención es que para los tribunales, y contrariamente a lo que nos dicen los docs, el embarazo comienza en el momento de la transferencia de embriones. Nada de betas, ni esperas, ni inyecciones de progesterona, ni ver si se duplican los valores, ni bioquímicos, ni niveles de estradiol, ni dos rayitas en un palito de plástico. Que hermoso sería vivir en un mundo tan simple...

Sin embargo, la noticia me genera muchos interrogantes. Me pregunto, para empezar, la más obvia de las cuestiones: ¿por qué una empresa querría despedir a una mujer cuyos embriones están a punto de ser transferidos? A esa altura, la mujer ya salió veinticinco veces de la oficina, en horario de trabajo, para ponerse, pies en el aire, en la oficina del doc; se tuvo que inyectar en el baño algún día que se retrasaron las medicinas; llegaba tarde, andaba de un humor de perros y ladraba cada vez que le decían buen día; tenía la panza hinchada y pocas ganas de arreglarse por la mañanas, y el día de la anestesia, había insultado a la esposa de su jefe. Una vez que todo eso se acaba, que la mujer entra en un periodo de paz precaria y se incorpora nuevamente a la vida con una luz de esperanza en sus ojos, ¿la despiden? No sólo no es justo sino, digo yo, incomprensible.

¿Que piensan?

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26 de febrero de 2008

Educación temprana

Hay varias de mis amigas por la computadora que están empezando (o luchando en el medio de) un tratamiento de fertilización asistido. Hay mujeres que me leen, que están a punto o acaban de tener transferencias embrionarias.

A ellas les recuerdo que no debe ser fácil ser embrión. Hay que utilizar enormes cantidades de energía para multiplicarse, desarrollarse, generar hormonas, incorporarse a un nuevo trabajo y encima, entre toda la maraña del útero, buscar vivienda. Si en el mundo exterior, con muchos más recursos, celulares, asistentes, parientes, vecinos e Internet, es difícil sobrevivir; imagínense lo que será para una diminuta entidad con acceso limitado a la informacion y sin brújula. No es extraño entonces que, algunas veces, se confundan y quieran anidar en, digamos, los pulmones; a pesar de nuestras insistentes explicaciones acerca del sistema reproductivo femenino y el uso de cada órgano.

Para todas ellas y a fin de ayudar a sus pobres y desorientados embriones, les dejo este sencillo regalo para ser colocado apropiadamente en sus respectivos endometrios:

22 de febrero de 2008

Yo, la de la sangre licuada

Resulta que soy mas pesimista de lo que imaginaba, porque no fue ni remotamente difícil hacerme los estudios con mi ginecólogo, ni convencer al hematólogo.

Hablé con la enfermera de mi ginecólogo para hacerme los cultivos y la biopsia y me preguntó, “cuándo podés venir?”. Yo que estaba armada hasta los dientes de razones por las cuales necesitaba que me hicieran los estudios, me tuve que tragar los sables encendidos. Fue tan rápido todo que no tuve ni tiempo para quejarme del mordiscón de la biopsia. Mejor dicho, que te saquen un trozo del endometrio no es la mejor manera de empezar el día y deje constancia de ello, pataleando y clavando mis dientes apropiadamente en el sillón del consultorio de mi doc; para lo que no tuve tiempo, fue para consultar con San Google y saber si me iba a doler o no, así que me cazaron por sorpresa, como potro en la yerra. En fin, ya está y ahora hay que esperar dos semanas para saber los resultados.

Con el hematólogo, la cita fue interesante. El doc es una eminencia, da clases, ha publicado una pila de papeles casi tan grande como mi expediente médico y se especializa en reproducción, así que le tengo confianza. Es un hindú serio y que no anda con muchas vueltas. Me gustan así los médicos, serios, eruditos y con experiencia; los simpáticos y que me quieren complacer, me empalagan tanto como un vendedor de tiempo compartido. Me escuchó sin pestañear el alegato que llevaba preparado acerca de por qué mi otro médico piensa que debemos darle una oportunidad a la heparina y de cómo yo estoy de acuerdo (principalmente, porque no tengo otra cosa que probar). Sonrió levemente, se miró las manos y me dijo que no soy la primera en solicitarlo; que a veces intentan con heparina en los casos en que hay varias pérdidas de embarazo o múltiples fracasos de fertilizaciones asistidas sin razón aparente (creo que con siete intentos, ya puedo aspirar a esta última clasificación). También me confirmó que el tema de la implantación es un misterio para la ciencia médica; van a tientas, con ojos vendados, por el viejo método de la prueba y el error.

- Quiero que sepas que no hay una razón médica para aplicar Lovenox (heparina de bajo peso molecular), porque si así fuera, ya lo habríamos usado antes.
- Lo entiendo.
- Y también que entiendas que la heparina te va licuar la sangre de forma importante, por lo que cualquier herida va a sangrar de forma descontrolada.
- Lo tendré en cuenta… - dije yo, con el estómago dando saltos y la cara descompuesta.
- No te podés lastimar bajo ningún concepto. No corras, no andes en bicicleta; si tenés un accidente, te tienen que llevar de inmediato a una sala de emergencia.

A esa altura, los músculos de mis piernas tenían la textura de la mayonesa y un frío hálito bajaba por mi columna. A pesar de lo mucho que lucho contra ella, tengo una ligera tendencia hacia la torpeza y mi ávida imaginación me mostraba caída en un aeropuerto, alrededor de un charco de sangre. Ya les contaré otro día por qué este escenario no es tan surrealista como podría parecer.

Antes de irme, pregunté “entiendo que ésta puede no ser la solución a mis problemas, pero en otros casos que lo han intentado, ¿ha funcionado?”. Me miró a los ojos y me dijo “a veces, sí”. Eso es todo lo que necesito. A veces, sí.

Así que ya estoy casi lista para ir a buscar a mis congelados. Aún no le he contado nada a mi doc de Sudáfrica de todas mis desventuras con el resto de los médicos del mundo, pero ya me pondré al día con él, cuando llegue a Ciudad del Cabo.

Finalmente, resulta que me estoy atendiendo por un médico belga en Sudáfrica, con ayuda paralela e incógnita de una doctora argentina, y apoyada por un médico hindú, que vive en Miami. ¿Por que será que a esta altura ya nada me sorprende?

Si conocen algún buen medico en Yakarta, déjenme saber, ya que debe ser el único al que no le he dejado algo de dinero.



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19 de febrero de 2008

El camino de la infertilidad es un sacerdocio

Y pensar que cuando empecé con este blog de infertilidad, pensé que me quedaría sin tema a las dos semanas. Pero no, las cosas siempre se complican un poquito más, en esta trama de intriga y suspenso.

Como he dicho más veces, mi síndrome de abstinencia no me deja estar más de un mes sin hablar con un médico, así que en mi rápida visita a Buenos Aires, fui a ver a la Dra. K., muy conocida en ciertos foros de Internet. El aspecto de la sala de espera me llevó treinta años atrás, más o menos los años que tenía la alfombra; pero el lúgubre sitio no oscureció la visita con una profesional detallista y franca. Después de revisar mi largísimo expediente sin apuro, me dijo que le extrañaba que no hubiéramos logrado nunca ningún embarazo, después de tantas transferencias de embriones decentes. No encontraba ninguna razón médica aparente para ello, así como yo no encuentro ninguna razón metafísica tampoco.

Me recomendó que antes de la próxima transferencia de congelados me hiciera una biopsia de endometrio y un cultivo para ureaplasma y clamidia. “Para estar seguras que todo esta bien ahí adentro y no hay infecciones” dijo. El último cultivo era del año 2004 y nunca antes había hecho una biopsia. Pensé en lo complicado que iba a ser convencer a mi ginecólogo en Miami para hacerme un test relacionado con infertilidad, pero me mantuve inmutable.

Segundo, y quizá más importante, leyó detenidamente mis resultados con el hematólogo. Frunció el ceño un par de veces y me preguntó si nunca había estado medicada con anticoagulantes. Le dije que no y que el hematólogo me había dicho que tenía un cierto anticuerpo algo más alto de lo normal pero que eso sólo afectaba a las embarazadas cuando su placenta comienza ya a tomar control, es decir después de la sexta o séptima semana. La doc dijo que, si bien eso es científicamente cierto, lo que inquieta es lo que la ciencia no sabe, y en el terreno de la implantación, parece ser que estamos como en el campo de la energía nuclear antes de que naciera Einstein. Ella piensa que en casos como el mío, pudiera haber alguna falla de implantación debido a insuficiente irrigación sanguínea y me recomienda un dosis de 40 mg de heparina de bajo peso molecular (acá se llama Lovenox). Esa droga es delicada y debe aplicarse con control médico regular, así que me pidió que busque algún doc en Miami que me quiera acompañar en el experimento.

Los foros de infertilidad están llenos de heparina y debo confesar que añade un poco de julepe a mi brillante carrera como infértil. Por otra parte, los elementos nuevos me dan la agradable sensación de estar haciendo algo para llegar a un resultado diferente. ¿Será tan peliagudo como dicen, che?



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15 de febrero de 2008

Los taxis de Buenos Aires

Acabo de llegar de Buenos Aires, después de un breve viaje de trabajo, donde pude recordar con una sonrisa el sabor del buen bife y la cara dura de los taxistas.

Los taxistas de Buenos Aires son una raza muy peculiar; muy conversadores, casi siempre simpáticos, algo irónicos; escuchándolos, una diría que ampliamente conocedores de política, economía, sociología y moda; muy temperamentales y usualmente machistas.

El primero que me tocó, hubiera jurado que era pariente de Schumacher. Conducción firme pero agresiva, frenadas secas y el mejor tiempo en pista. Al llegar al hotel, había una señora que, desafortunadamente, no sabía si quería o no estacionar, y avanzaba a paso de hormiga, mientras cogoteaba hacia la derecha. La línea de llegada estaba a la vista del conductor pero la pista bloqueada. El Schummi ni lo dudó; se metió por el costado, dejando un espacio de aproximadamente dos milímetros entre ambos autos y a la vieja con los pelos parados, justo cuando caía la bandera de cuadritos. “Y, señora, si usted no sabe manejar, no es mi culpa.” Dijo el hombre tranquilo, mirando para afuera, en respuesta a la cara espantada de la mujer.

Otro utilizó el viejo truco de los que te quieren pasear, pero necesitan saber si conocés la ciudad, para no quedar tan mal.
- ¿Por dónde quiere que vayamos, por X o por Y?
- Vaya por donde quiera.
- Nooo – responde con una sonrisa – usted me tiene que decir; usted es la pasajera.
- Correcto, y es responsabilidad del conductor llevarme por el camino mas rápido; si usted es incapaz de realizar esa tarea, prefiero buscar a alguien que tenga más información.

El último se llevó el trofeo. Comenzó a hablar cuando aún ni me había subido al auto. Soy muy parca con los desconocidos, hacía calor y no tenía muchas ganas de escuchar hablar de la inflación o del clima, pero el hombre seguía en su monólogo.

- ¿Sabe lo que me dijo hace un rato una pasajera? – pregunta meramente retórica, ya que siguió sin esperar respuesta – Primero me preguntó si podía apagar la radio, porque le molestaba el ruido; al rato me pidió si podía apagar el aire acondicionado, porque le hacía mal el frío. ¡Con el calor que hace! Al final le terminé preguntando “Oiga, ¿no quiere que también le apague el motor, ya que estamos?”


(PD: y como no puedo con mi genio, en un rato libre, fui también a ver a una doctora, pero eso queda para otro día…)

(PD2: antes que me digan nada, sé que la palabra “cogotear” no existe, pero es tan grafica, que me tomé una licencia…)


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14 de febrero de 2008

Happy Valentine!!

Premio Arte y Pico


Este es el premio ARTE Y PICO creado por Eseya y tiene por objeto reconocer la creatividad, el diseño, material interesante y aporte a la comunidad bloggera, sin importar su idioma. Parece una especie de cadena destinada a incrementar las visitas a Eseya, pero me lo mandó mi querida Natiz con unas palabras tan hermosas, que no puedo menos que continuarla.

Un millón de gracias, Natiz, por elegirme. Como te dije en tu blog, sos una verdadera Superpoderosa y estoy segura que si mirás bien por tu telescopio, vas a ver un montón de estrellas matándose por formar parte de tu cielo. Te mando un abrazo.


Las reglas:

1) Se debe elegir a cinco blogs que se consideren sean merecedores de este premio.

2) Cada premio otorgado debe tener el nombre de su autor y el enlace a su blog para que todos lo visiten.

3) Cada blog premiado, debe exhibir el premio y colocar el nombre y enlace al blog de la persona que la ha premiado.

4) Tanto el premiado como la persona que otorga el premio, deben exhibir el enlace de Arte y pico, para que todas sepan el origen de este premio y exhibir estas reglas.


5 blogs...

* Y PARIO KATANA, porque su tristeza no empaña su arte de escribir...

* LOS MESES SE DIVIDEN EN QUINCE DIAS, porque es fuerte como el roble, aunque a veces no quiera...

* SO CLOSE, Tertia is such an amazing woman, full of life, and projects and generosity...

* LOS ARBOLES MUEREN DE PIE, porque la sensibilidad y el sentido del humor de Deyanira nunca la van a dejar morir de pie...

* MIS DIAS FELICES, porque Moni siempre esta ahí, con una palabra de aliento...

Uff... que difícil... ¡Premios a todas y a todos! quienes se levantan cada mañana, a pesar del sueño, del frio, de las inyecciones, de los negativos y de las ganas de llorar; quienes, a pesar de todo, se toman el tiempo de pasar por mi casa y dejarme un saludo...

Abrazos!

11 de febrero de 2008

La infertilidad no tiene edad

Sigo sorprendida con los resultados de la encuesta que aparece a la izquierda de este blog. Después de más de doscientos votos, el setenta por ciento de los lectores corresponde a menores de treinta y cinco años, estando el treinta y tres por ciento en el rango de las personas de veinte a treinta años. Dado que no puedo imaginar que el mundo de las fértiles disfruta de escuchar los quejidos de quienes pateamos piedritas por los rincones cada mes, con cada inyección y cada análisis de sangre, solo puedo concluir que la clásica asuncion de que la infertilidad se debe a las fallas que el tiempo produce en el cuerpo humano, es incorrecta.

Si bien posiblemente haya una correlación entre la edad y la facilidad para producir óvulos y esperma sanos, tal como la hay entre los fumadores y el cáncer de pulmón, no necesariamente todos los fumadores mueren de cáncer ni todos quienes tienen cáncer han sido fumadores empedernidos. Hay casos de endometriosis en niñas de diez años, fallas ováricas prematuras, menopausia precoz; me pregunto si son estos casos un fenómeno actual.

La infertilidad no es novedad de estas épocas; la Biblia, por ejemplo, dice que las tres primeras matriarcas del pueblo judío, Sara, Rebeca y Raquel, lucharon contra la infertilidad. Sara tuvo finalmente su hijo, Isaac, a los noventa y uno; Rebeca, tuvo mellizos después de veinte años de casada y Raquel tuvo dos hijos, también después de muchos años. Y eso que las mujeres en esa época se casaban casi de niñas pero claro, no había inseminaciones, Clomid, Puregon, laparoscopias ni manera de adivinar como andaban las cosas por ahí adentro (ahora que lo pienso, tampoco hemos avanzado tanto, porque la tecnología aun no nos ilumina demasiado). Tampoco había espermogramas, y la historia solo habla de la falta de fertilidad de la mujer.

Pero lo mas peligroso en el mensaje de la Biblia, que aun hoy se encuentra en la mente de muchos, es creer que si se tiene fe y se reza, Dios les dará un hijo, aunque se tenga noventa y un años. Como si el hijo fuera un premio y la familia, un sistema de recompensas. Y me pregunto que clase de dios podría asignar hijos por merito y si así fuera, quien seria merecedor de alguno.

A todos nos llega la infertilidad por sorpresa; somos la excepción y no la regla. Pero nunca hay que olvidar que esa sorpresa se basa en dos falsas premisas: “la naturaleza es perfecta” y “cada cual tiene lo que se merece”. Asumir ambos conceptos podría ser correcto en un mundo ideal, que, hasta donde yo se, aun no ha sido creado. Mientras tanto, es importante no olvidar que el valor del ser humano no se basa en su capacidad para procrear sino en su habilidad para crecer y ser mejor persona.



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7 de febrero de 2008

Calculadora de Embarazo

Esta calculadora te da las posibilidades de embarazo de forma natural... Hay que tomarlo, obviamente, con el valor cientifico de los test de personalidad de la revista Cosmopolitan, pero es curioso que mis oportunidades aumenten en lugar de disminuir, con el paso del tiempo. Es hasta refrescante la idea...

http://www.lainfertilidad.com/default.asp?seccion=77

5 de febrero de 2008

Para las que tienen endometriosis

Este es un servicio a la comunidad. Les paso este artículo que me pareció muy interesante, donde habla acerca de un extracto llamado "Pycnogenol" que parece ayudar a reducir la endometriosis: http://www.medicalnewstoday.com/articles/64791.php (está en inglés pero lo pueden pasar a cualquier pagina web que lo traduzca).

Pycnogenol es un poderoso antioxidante y en el mundo de la infertilidad es conocido por ayudar al esperma en temas de morfología. No tiene efectos secundarios excepto el del bolsillo (es caro).
Soy una entusiasta de los remedios naturales ya que a nosotros nos han servido, así que se los paso.

4 de febrero de 2008

Válvulas de escape

Un día de retraso y ya nace una módica esperanza. De corta vida la sonrisa, porque la blancura del test que me hice esta mañana y el tampón que me coloqué a la tarde, se encargaron de borrármela. En fin, “nunca es triste la verdad; lo que no tiene es remedio…”

A veces me he preguntado si valdría la pena ir a ver a un psicólogo para ventilar todas estas emociones, en lugar de atosigar a mis lectores. Lo último, más barato que lo primero, dicho sea de paso, pero cuando veo en los foros de infertilidad a las mujeres tan contentas con sus psicoanalistas, pienso que quizá debería debatir mis entrañas y revolverlas un poco más, en busca de respuestas, o quizá hacerlo con el sólo objeto de cultivar mi salud mental, como quien cuida sus dientes o sus uñas.

Confieso que la psicología me aburre casi más que ir a misa. No digo que tenga razón; soy seguramente demasiado simple y apuesto que mi cerebro sólo tiene una capa delgada, parecida al manto de una cebolla pero diferenciándose de ésta en que por debajo, no hay nada más que sólida argamasa. Nada de capas ni vericuetos; una simple pista de patinaje.

Dos veces fui a terapia, por razones distintas, pero mis experiencias nunca han sido muy fructíferas. La primera fue al acabar de leer el libro “Muchas Vidas, Muchos Sabios”, de Brian Weiss, hace como diez años. Estaba embobada con la idea de las reencarnaciones y ahí salí corriendo a la oficina del autor, en el sur de Miami, para que me hablara de mis fascinantes vidas pasadas. Weiss era un renombrado psiquiatra ya antes de sacar el libro, era jefe del Departamento de Psiquiatría de una conocida clínica de Miami y no tomaba pacientes nuevos. En especial si traían escrito en la frente “Mujer-Aburrida-Buscando-Pasatiempo”. Pero había una doctora de su equipo disponible, cuyos honorarios estaban, además, cubiertos por mi seguro médico, por lo que ahí me planté, dispuesta a aprender las lecciones de mi pasado. La doc me vio venir de lejos y suave pero firmemente, me explicó que las terapias de regresión son herramientas médicas que se utilizan para sanar determinados trastornos mentales pero que si estaba dispuesta a comprometerme a una terapia completa, podíamos ir viendo por el camino cuáles eran mis necesidades.

- ah… -dije, con las cejas arqueadas, en actitud pensativa- ¿Y cómo es una terapia?
- Bueno, empezás contándome tu vida, tus cosas, tu pasado. Por ejemplo, cómo fue tu niñez…
- Ay, mi niñez fantástica; mis padres son divinos, los adoro.
- ¿Y tu trabajo?
- Fenomenal, no me puedo quejar; me respetan, viajo por muchos países, me pagan bien, me gusta lo que hago.
- Muy bien –dijo, con un gesto de impaciencia en su lapicera- A ver si encontramos algo con qué trabajar...
- Usted pregunte nomás, con confianza, que yo le cuento.

Pensé por un segundo en inventar un poco, para no desilusionarla, pero temía meterme en camisa de once varas por lo que así seguimos un rato mientras la mataba del aburrimiento y yo miraba el reloj porque se me iba la hora, la mujer no se decidía a hipnotizarme y por ende, no aparecía ninguna de mis pasadas vidas. No volví mas, a riesgo de que me echaran, y al final nunca supe si alguna vez fui o no una princesa rusa, como me dijo un día una gitana.

La segunda vez fue hace como un año, a otra doc que supuestamente, estaba especializada en infertilidad. Fui toda ilusionada, buscando resolver finalmente los bloqueos que estaban impidiendo embarazarme y salir de ahí con una barriga más grande que un sapo. Hablamos un buen rato cordialmente, me contó los problemas de infertilidad de su hija, le dí algunos consejos y me fui, para no volver. Sospecho que el único bloqueo lo debo tener con el destino, porque me convencí que hablar no resuelve nada. Y si no, que se lo pregunten a los de la ONU...


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31 de enero de 2008

Brujas eran las de antes

Este primero de año mi suegra nos llevó a ver una curandera que, según ella, es maravillosa. Y como buena desahuciada que se precie y dado el magro éxito de la medicina moderna, no me hice mucho de rogar.

La mujer me cayó bien; tenía unos ojos azules de alma clara y hablaba con acento alemán. Vivía en una linda casa, con rejas en el frente y más se parecía a una abuela en día de descanso, que a la bruja Morgana. Era mi primera visita a una curandera y me ilusionaba la idea de encontrarme en una de las páginas de Harry Potter, así debo admitir que su casa limpia y con olor a eucalipto me defraudó un poco al entrar.

No sacó un libro antiguo de tapas negras ni realizó conjuros mágicos. Nos escuchó, tomó su rosario y me miró con sus ojos profundos; lo primero que dijo fue: “vos no tenés problemas para tener hijos”. Lamento desilusionarla, abuela, pero si seis años de infertilidad no califican para la categoría de “problemas”, entonces no sé como definirlo.

Pero como no hay nada mejor para los que ya nos estamos quedando secos de opciones, que escuchar las palabras que una quiere oír, cada vez que mi corazón se cierra con los porcentajes estadísticos de mi próxima transferencia de embriones, yo recuerdo sus palabras y las repito como un mantra.

Alguien me dijo una vez que si no creía, hiciera como si creyera; que el cerebro no nota la diferencia. Así que acá me ven, recitando oraciones y aireando mi casa con ruda e incienso.


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29 de enero de 2008

¿Sirve para algo el pudor?

Varias veces he contado anécdotas de enfermeras y es que después de tantos años de ir al ruedo, si bien el toro se resiste, una termina haciéndose amiga de los banderilleros.

Debo aclarar que tengo un gran respeto por esa profesión, que puede hacer tanta diferencia en el estado físico y emocional de los enfermos, siendo, a la vez, mucho menos valorada que la profesión médica.

En Sudáfrica, me tocó una enfermera de dulce trato; pasados sus cuarenta, calculo, y de voz muy suave, tanto que a veces me costaba oírla. Quizá era el acento pero las voces etéreas y mis oídos torpes no se llevan nunca muy bien. O. dice que soy mas sorda que una tapia pero yo le argumento que, si bien es posible que sea cierto, al menos, duermo como un ángel, mientras el se despierta con el roce de un pañuelo de seda contra el suelo. Debe tener cruza con Doberman. Pero me estoy saliendo del tema.

Después de seis años de camillas y visitas a una docena de ginecólogos, la verdad es que una casi se va sacando los calzones por el pasillo nomás, para ir adelantando tiempo. Después de todo, una está en horas de trabajo y los horarios de los turnos con los médicos son, normalmente, meras estimaciones de recepcionistas alegres, por lo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Muchos ultrasonidos atrás quedaron el pudor o el bochorno.

No es que alguna vez haya tenido mucha cantidad de vergüenza; siempre he pensado que es una emoción inútil ya que no proporciona ningún resultado fructífero, pero un siglo atrás, por ejemplo, buscaba ginecólogos que fueran mujeres. Por otra parte me gusta mi cuerpo; nunca he sentido motivos para avergonzarme de él, excepto, quizá, por su incapacidad evidente de sostener un embrión en su lugar.

En resumen, desnudarme de la cintura para abajo es totalmente irrelevante para mí y es más bien un reflejo automático cada vez que piso un consultorio ginecológico. Normalmente, las imágenes de mis folículos o las instrucciones de alguna enfermera son suficientes para desviar mi atención de la liviandad de ropas y taparse o no deja de ser una prioridad para nadie.

El día de mi última transferencia, la enfermera revoloteaba alrededor mío para que yo me sintiera cómoda y para mantenerme tapada todo el tiempo. Algún comentario al pasar me hizo saber que no sospechaba mi entrenamiento de veterana y me dio pena contradecirla, así que la dejé que hiciera lo que quisiera con las cobijas. Al fin y al cabo, yo tenía cosas más importantes en que fijar mi atención, como por ejemplo cruzar los dedos mientras traían la cánula con mis embriones. Poco faltó para que la enfermera le tapara la vista al doc, en su empeño por tirar de las mantas hacia abajo y no pude menos que sonreir cuando, después de la transferencia, con los ojos cerrados y mientras agarraba fuerte la mano de O., escucho que me dice candorosamente:

“Yo te sigo tapando; es importante mantener la decencia”


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24 de enero de 2008

Preparativos

Ya los preparativos están en marcha. Aún faltan dos meses pero un viaje de esta calaña no se puede preparar en dos días, si una quiere aprovechar buenos precios. Debo admitir que este viaje me está tomando más tiempo que preparar mi boda, cosa que hice (exitosamente, debo aclarar, a juzgar por los comentarios de los comensales) en una semana.

El vuelo será con South African Airways, vía Washington y Johannesburgo; muy largo y aburrido, pero sobreviviré con películas, novela, Ipod y mi habitual tendencia al sueño. El hotel será mi refugio, con sus jardines coloridos y su maravilloso spa. Pienso llevarme la computadora para mantenerme en contacto con mi media naranja o sea que podré ir actualizando el blog e ir transmitiendo en directo, cual guerra del golfo del 2001.

Estaré saliendo el día 24 o 25 de marzo así que en unas semanas más empezaré a tomar pastillas de estradiol, a fin de engordar mi endometrio para recibir a mis chiquitos. Aún estoy a la espera de la receta. Los medicamentos no pueden ser comprados en Estados Unidos, ya que la receta no está firmada por un médico local, con lo cual debo ordenarlos desde una farmacia de Londres que, no sólo tiene un acuerdo con la clínica sudafricana sino que además, tiene precios mas baratos que aquí. Cosas de este negocio internacional de la fertilidad.

El médico chequeará personalmente mi endometrio (no espero sustos, siempre lo tengo bien gordito cuando lo necesito) y si todo está bien, descongelarán los embriones y se transferirán al tercer día. Tengo cuatro esquimalitos, no sé cuantos sobrevivirán al proceso pero es la primera vez que descongelo algo que no sea pollo, o sea que pongo todas mis apuestas a que por lo menos tres se podrán transferir. Las probabilidades de éxito son más bajas en estos casos de criopreservacion, según el doc, pero yo no quiero escuchar hablar de porcentajes. Como decía mi médico de Miami, quien no era amigo de las estadísticas, “todo es relativo; para el que le toca, es un cien por cien; cada caso es distinto”.

En fin, este mes se cumplen seis años desde que dejé de usar pastillas anticonceptivas. Un largo y sinuoso camino hemos recorrido, y a juzgar por el tiempo que está tardando en prepararse, por el dinero que hemos tenido que gastar y por su comportamiento antojadizo (hoy estoy, mañana quien sabe) hasta la fecha, podría asegurar casi con seguridad que este bebé que viene en camino para nosotros, va a ser mujer.


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21 de enero de 2008

El Proceso

Está visto que el proceso de concepción toma tiempo y es más complejo de lo que a una se lo pintan cuando es joven. La mayoría de la gente desconoce que exista un “proceso” y no es sino hasta que una se estira patas para arriba en la camilla del médico una docena de veces, que una se da cuenta que la concepción no es instantánea. Que los planetas no se alinean automáticamente para traer un hijo al mundo. Que estamos metidas en un “proceso”. Que unos hechos deben suceder a otros. Que debemos desarrollar paciencia para activar ciertos mecanismos físicos, mentales, espirituales o vaya una a saber de que medio, que nos permitan avanzar.

En los esquemas mentales actuales, las tareas a largo plazo son difíciles de digerir. No es que no tengamos paciencia; al fin y al cabo, mal o bien, hemos aguantado el tirón por más de seis años; sin embargo, vivimos en una época en la que no se construyen catedrales ni pirámides, ni ninguna obra milenaria, sino plástico descartable y mensajes instantáneos. La gente se mide por resultados en esta generación, no en la siguiente. Y una esperaría que, analizando el problema, poniendo el esfuerzo suficiente y dirigiendo la energía y los recursos necesarios, el objetivo fuera relativamente sencillo de alcanzar.

Si mi jefe me pide un reporte para el final del día, a mí no se me ocurre decirle que tenga algo más de paciencia, ni que debe tener en cuenta el ritmo natural de las cosas; mi respuesta es “por supuesto”. Y una moviliza lo que sea necesario para que ese maldito reporte esté donde debe estar a última hora. Si tengo alguna alergia que mis médicos no detectan o mi cámera tiene un mensaje de error, voy a San Google y seguro que en alguna parte del mundo, en algún huso horario, tengo la respuesta; de inmediato. No conozco otra manera de resolver problemas. Problema, más esfuerzo, más ingenio es igual a solución. Cuando eso no funciona, estoy desorientada como rata de laboratorio a la que le cambiaron el camino a casa.

Sé que tener un hijo no es igual que un proyecto de trabajo, pero sólo tengo una manera lógica de entender las cosas; y cuando todas las fibras de mi ser me dicen “estoy lista, el entorno es el correcto, ésta es la largada”, no puedo llegar a comprender por qué diablos no quedo embarazada. Eso crea grandes sacudidas de energía en la boca del estómago (los mas verdes dirían “en el tercer chakra”) que no saben para qué lado disparar. Normalmente sale mal dirigida y alguno en el camino se la tiene que comer. Y vuelta a empezar en un proceso tenso, emocional, frustrante y desgastante: pongamos todo el esfuerzo posible en una serie de actividades que pueden resultar inútiles y que requerirán de más tiempo de lo acostumbrado. Nunca he visto un proceso más ineficiente en mi vida y mi mente práctica da vueltas carnero para entenderlo.

Quisiera creer que el mundo tiene universos paralelos o que existen más de tres dimensiones, para que mi esquema mental tuviera más alternativas. Desde un punto de vista físico e intelectual, no creo poder buscar más caminos; sólo me quedar entrar a investigar el mundo espiritual, del que me siento tan ajena y tan atraída a la vez. Quizá si pudiera volver la vista hacia mi alma, en el caso de tener una, pudiera buscar la salida a este laberinto.

Me pregunto con qué ojos hay que mirar o qué lentes hay que ponerse.



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14 de enero de 2008

Al ataque del freezer

Ya estoy planeando mi expedición rescate de congelados a la otra punta del planeta. Décadas atrás, cuando aun existía el romanticismo viajero y se organizaba una travesía de esta envergadura, se necesitaban brazos fuertes, un buen barco, sogas, brújulas, hechizos, comida seca, patas de conejo y mucha pero mucho agua dulce. Ahora, y según National Geographic, sólo es necesario introducir tus datos en las casillas correspondientes y enviar un depósito de $500 para reservar tu espacio en la expedición. Si Magallanes hubiera sabido que era tan fácil, seguro que esperaba unos años para darse la vuelta al mundo.

La cuestión es que con la clínica pasa lo mismo: mándeme el depósito y los retira usted cuando quiera por ventanilla. Los vuelos están tan caros que estoy a punto de pedirles que me los manden a vuelta de correo. De todas formas, hemos decidido que viajaría sola, básicamente porque el hecho es que la incubadora portátil debo ser necesariamente yo (y no es una frase feminista ni quiero dejar plantada mi postura filosófica, sino que es una cuestión de diseño físico), y porque es difícil estar todo el tiempo de “vacaciones” y seguir manteniendo el trabajo. Que yo aún lo conserve es un milagro.

La opción mas barata que he visto hasta ahora incluye viajar en avión charter (puajjj, diría Mafalda) de Martinair, hacer escala en Holanda y dormir allí una noche en el vuelo de ida. Mientras yo entro rápidamente en Google para ver hoteles en Amsterdam, recuerdo una ciudad de gente joven, con sus canales, sus casas altas, gente circulando en bicicleta y muchos puestos de venta de tulipanes. Mientras yo miro distraídamente mi jardín y pienso en lo hermosos que quedarían unos bulbos rojos, ahora que viene la primavera, escucho una voz atrás que dice “¡Yo también quiero ir a la Zona Roja!”. Lo importante es tener claro las prioridades, nada de ir a visitar la casa de Ana Frank o el Museo Van Gogh, el tipo (no digo nombres, pero empieza con O) nunca pisó Amsterdam pero sabe que si algún día va, quiere ir primero a la Zona Roja. Hombres...

Seguiremos mirando ofertas y veremos que pasa. Mientras tanto, me ocupo en poner mi cuerpo a punto para recibir a mis huéspedes, con comida sana, vitaminas, tés, caminatas, masajes uterinos, acupuntura, meditación y otras hierbas. O. se ríe y, mientras yo masajeo entusiastamente mi panza con una mezcla de aceite de castor, alcohol y alcanfor, me dice: “mi amor, con vos, siempre hay alguna cosa rara…”


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9 de enero de 2008

Sobrevivimos las fiestas


Todavía no saqué el árbol de Navidad y ya está empezando a emitir un ligero tufo que no se parece al del pino sino más bien al de un trapo húmedo enrollado y escondido detrás de la puerta desde hace una semana. En mi casa, además de comprar un pino natural cada año y de pasarme más de cuatro horas de orgulloso esfuerzo en su decoración (O. dice que el nuestro es el árbol mas lindo que conoce; acá están las fotos para que vean que no miente), seguimos la tradición argentino-europea de tirar el árbol después de Reyes y como este año cayó en domingo, no me queda más que aguantar su olor y los trescientos millones de agujas verdes que deja caer cada día, hasta el próximo fin de semana, hacia donde quedan relegadas las tareas extraordinarias (definidas como aquellas que no son comer, dormir, bañarse y trabajar).

No dejan de causarme gracia las continuas defensas de los Reyes Magos que andan últimamente por Internet y la verdad es que me caen mejor que el gordo, pero debo reconocer que están perdiendo terreno. Es que contra la maquinaria de Hollywood no hay quien pueda. En Argentina, como somos tan políticamente correctos, recibimos a los cuatro con los brazos abiertos, aunque sospecho que más que por simpatía o tradición, lo hacemos por puro y capitalista interés. Aunque tengas cinco años, nadie es tan tonto como para cerrar la mano y volverle la espalda a cualquier ente que venga cargado con bolsas de juguetes, así se llame Terminator.

En otra de mis tradiciones navideñas, me compré un calendario para el escritorio, de esos que quedan abiertos en forma de triángulo y que te muestran un día a la vez, para que no te empaches. Casi todos los años opto por Mafalda, un clásico; pero este año, imbuida tal vez por los aires de Cambio que tienen en su plataforma TODOS los candidatos presidenciales de este país (si Cambio fuera un postulante, ganaría por varios cuerpos; seguido de Esperanza), pensé que “Yo, Matías”, “Clemente” o algún otro, podría alegrarme las mañanas. Resultó que el kiosquero sólo tenía Mafalda y Maitena.

- ¿Y quién es Maitena? – dije yo, inocentemente
- ¿Maitena? ¡Es muy buena! Es famosa y tiene un libro publicado. – respondió ofendido el kioskero, como si de su hermana se tratara e intentando adivinar dónde había estado yo viviendo en los últimos años, para ostentar tamaña falta de conocimientos.
- Famosa y con libro… - susurré, pasando la mano por encima del plástico que envolvía el calendario, como intentando adivinar su contenido por ósmosis y pensando que esas dos palabras no son, usualmente, ningún indicativo de calidad. Al fin y al cabo, Paris Hilton es famosa y mucho pelagato ha escrito libros.

Estaba en el aeropuerto y no tenía más opción. O. me apuraba. Maitena o Mafalda. Elegí Maitena. Me equivoqué.


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4 de enero de 2008

Las fiestas en verano


Con algún kilo extra, regresamos ayer a la oficina y a un inesperado frío miamense de cuatro grados centígrados.

No sé que manía nos ha dado en Argentina por respetar las tradiciones navideñas de nuestros antepasados europeos, y servir, con cuarenta grados de calor a la sombra, lechón frío con ensalada rusa, arrollado de palmitos y matambre de pollo. De entrada. Para abrir el apetito. Luego, asado y parrillada completa, con budín de pan, papas con perejil y treinta y cuatro clases de ensaladas, especialidad de cada comensal, quienes insisten en “llevar algo para la cena”, incluyendo esa que la tía Chola hace todos los años de zanahoria y manzana, aunque todos le huyan como a la peste. Y por si quedó un poco de hambre, luego vienen la ensalada de frutas (con sidra y trescientas toneladas de azúcar), los turrones, mantecol, maníes con chocolate, garrapiñadas, nueces, almendras y el nunca olvidado pan dulce o “panettone”, parte de nuestra herencia italiana. Ni alquilando un estómago prestado por el día, somos capaces de terminar la comida y no queda más remedio que volver al día siguiente con los mismos platos y bandejas de plástico, a terminar el festín, ya recalentado y con los bordes secos.

Y como si en el juicio final nos fueran a juzgar por la abundancia generada al final de cada año, empezamos a destapar botellas desde que llega el primer invitado; como cortesía y para refrescarlo del acaloramiento de traer puesto los zapatos de vestir y venir arrastrando a sus niños, ataviados de domingo y abrazando una cantidad de explosivos y fuegos artificiales suficiente como para volar la Casa Rosada. Y basta descorchar el primer tinto para que aparezcan las sucesivas y, a veces, coexistentes, botellas de Torrontés, Pinot Noir, champagne, clericó, sangría, fresita, vinos espumantes, dulces, secos, brut, rosados, de moda y de tapa de rosca.

El asunto es que cuando te vas a levantar para brindar, se te duplican los comensales y el brindis se extiende más de la cuenta porque, inexplicablemente, chocar una copa con otra no es tarea tan fácil como se suponía.

Me pregunto si todo el hemisferio sur tendrá costumbres similares, en lugar de limitarse a un pollo con ensalada, como nuestra bikini ordena, o si estas tradiciones serán solo parte de nuestra acostumbrada exageración argentina.


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