28 de noviembre de 2007

Todo va bien

Ciudad del Cabo se esta transformando en una de mis ciudades favoritas. Buenas playas, ambiente cosmopolita, excelentes vinos, menus sofisticados, montanas, naturaleza... que mas se puede pedir? El otro dia le dije a O. "yo podria vivir aca".

Ya terminaron las visitas a la clinica, estoy en mi tercer dia de incubadora con dos preciosos embriones que hace dos dias tenian ocho celulas; al dia de hoy, quien sabe. Me quedaron cuatro mas en el congelador; le dijimos al doc que volveriamos por el hermanito para el mundial de futbol.

Ayer fue mi cumpleanos, y aunque estuve en cama hasta la noche, fue un dia muy especial. O. se levanto temprano y con el pretexto de ir a comprar algo, me trajo un hermoso ramo de rosas multicolores que aun tengo sobre mi mesita del hotel, despues me trajo torta y turron (le habia echado el ojo unos dias antes). Comimos entre risas, besos y leyendo los mensajes de familia y amigos en mi Blackberry.

Hoy comenzare a levantarme a ratos y a partir de manana vida normal, segun el doc. (Risas por detras del telon; y mas risas). Como si algo hubiera de "normal" en todo este circo de medicos y en necesitar un ejercito de especialistas para lograr que un bendito embrion se quede pegado donde debe. Eso si, si quedo embarazada, voy a poder asegurar que mi hijo fue "sin pecado concebido"...

15 de noviembre de 2007

Me ausento unos días, pero por una buena causa

Hay algunas razones que me podrían hacer pensar que este tratamiento no puede ser diferente a los otros. Y sin embargo, estoy tranquila. Tampoco puedo caer, bochornosamente, en el pecado de arrogancia y simplicidad en que caen las inexpertas, diciendo que “esta vez seguro que va a funcionar”, que “tengo el presentimiento que ahora si se nos va a dar”, que “los signos y los planetas se están alineando para que me embarace” o que “si me pongo el calzón al revés, doy tres vueltas en círculo en sentido contrario al reloj, me quedo sin respirar diez minutos y la luna llena aparece detrás de las nubes, entonces todo va a andar bien.” Eso es para principiantes y a mí hace rato que me colgaron el cartel de “pro”, muy a pesar de mis apetencias.

Miro al pasado sin arrepentimientos y al futuro sin impertinencia. Si alguna migaja de petulancia adolescente y argentina me quedaba, la infertilidad se encargó de quitármela de un sopapo. No me queda nada de orgullo, de impaciencia, de vanidad ni de inocencia; y ello, paradójicamente, me hace más libre. No estoy atada a los caprichos de mi voluntad y mis deseos, ni me dejo llevar por la férrea decisión de cumplir mis sueños a rajatabla, aún sabiendo que remar contra corriente nunca le trajo nada bueno a nadie; y si no, que se lo pregunten a los salmones. Ya comprendí que al Destino no le importa lo que quiera ni lo que merezca. Por mi parte, cumplo con colgar un cartel de mi útero, justo arriba del endometrio, que diga “Implantarse aquí” para dar un poco de sentido de dirección a algún embrión despistado.

Creo que por primera vez, me dejo ir con la corriente. Ya remé, tomé impulso y ahora me encuentro sentada arriba del barco, tomada de la mano de O., mirando el gorgoteo del agua y las lagartijas de la orilla. No sé dónde acaba el río pero me quedé sin remos y sólo me queda tirarme panza arriba y ver pasar las nubes. Después de todo, el día sigue estando soleado y acá sentadita, oliendo el perfume de los jazmines bajo el abrazo de O., tampoco se está tan mal.


PD: Dejo este blog por unos días. Si me es posible, mandaré alguna señal de humo desde Ciudad del Cabo y a la vuelta, seguimos con nuestras historias de cada día.



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9 de noviembre de 2007

¿Quién se quiere llamar Yosemattifa?

Cuando estábamos haciendo nuestro primer FIV en Argentina, hace más de una vida, compré un libro que listaba nombres de hombre y de mujer y que debo tener aún por ahí tirado, detrás de algún estante polvoriento. Me gustaba leerlo, cerrar los ojos e imaginarme si ése era o no el nombre de mi hijo. Pobre ilusa aquella que una vez fui; quien pensaba que la medicina y mi buena suerte todo lo podían. De todas formas y aun después de tantos años de infertilidad, seguimos jugando con nombres, en nuestros ratos libres. Por alguna razón desconocida, tenemos más opciones de hembra que de varón y con el pasar del tiempo, hemos ido descartando algunos y reviviendo a otros como “Julia”, “Sofía”, “Gabriela”, “Maximiliano” o “Valeria”.

Parece que este juego inofensivo esta a punto de ser restringido por Chávez, en Venezuela, a juzgar por su último impulso de ley, que limitará, de ser aprobado, los nombres de recién nacidos a una lista de cien.

En un país donde con frecuencia hay que pedirle a quien te da la mano que te repita su nombre, la idea no es de las más descabelladas que he oído en Venezuela. Pedirle a un hijo que soporte durante toda su vida nombres tales como John Kennedy, Hiroshima o Usnavy va mucho más allá de cualquier deber filial de obediencia. En Argentina, y salvo que las cosas hayan cambiado mucho en mi ausencia, se consagra la libertad de elección del nombre pero se imponen ciertas restricciones, que evitan que el nombre sea malsonante, ridículo o contrario a las costumbres, frente a las cuales nadie se rasga las vestiduras.

En un almuerzo distendido que tuve con dos abogados de Caracas, ambos no cesaron de comentar jocosamente las últimas ocurrencias del primer mandatario y con tono de preocupación, el contenido de la pretendida reforma a la constitución, en la cual no es sorpresa que Chávez apunta a un modelo socialista y totalitario, donde se crea, además de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial ya existentes, el Poder Popular; se elimina la autonomía del Banco Central; se eliminan los “latifundios”; se dan facultades extraordinarias al presidente que incluyen la eliminación del derecho a la información y a la debida defensa en caso de necesidad y se permite la reelección indefinida del mismo. Con tono de horror y sorna hablaron sobre el rumor de proyecto de ley, por el cual la patria potestad de todo niño mayor a tres años pasaría al estado venezolano; rumor que nadie ha confirmado a la fecha y que probablemente sea sólo el fruto de una imaginación asustada.

Cuando saqué el tema de la famosa lista de los cien nombres, ambos se silenciaron sobre el arroz con mariscos y uno de ellos dijo, revoleando lentamente un camaron con el tenedor, “bueno, esa sí es una buena idea…”. Y se largaron a contar cómo la hija de una amiga fue bautizada con una combinación del nombre de sus cuatro tías (palabra que recuerdo como “Yomalauni” o sonido similar) o de cómo alguna gente opta por utilizar sus propios nombres pero deletreados de forma inversa; por ejemplo, si el padre se llama Angel, la hija se llama “Legna” o si la madre se llama Yolanda, la hija se llama “Adnaloy”.

De ahí a “Toro Sentado” o “Gata Maullando al Sureste”, sólo queda un paso. No habrá nada de eso penado en la Convención de los Derechos del Niño?



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5 de noviembre de 2007

Parece que no me muero, después de todo

Y resultó que finalmente no me voy a morir. Por el momento. Aún tengo que pasar por trescientos cincuenta y cinco tratamientos médicos más, antes de verlo a San Pedro, incluyendo lavaje de intestinos, cirugía estética (no porque la necesite, obviamente) e implante de cabello (con el que estoy perdiendo con las inyecciones hormonales, ya estoy pidiendo presupuestos). No sea que por mí, vaya a entrar en recesión la economía del país, ya que es bien sabido que cuando los médicos ganan poco, dejan de comprar yates, mansiones en la playa, Ferraris y nos estancamos todos. Es una gran responsabilidad tener sobre los hombros el mantenimiento del sistema de salud mundial.

La radióloga que miró mi pecho a través del ecógrafo dijo que “qué lástima que no están acá mis estudiantes, porque lo que veo en la pantalla es de libro de texto”. No sé si eso es un piropo en el extraño lenguaje de hospital pero al menos me confirmó que no hay aneurisma. Y no me voy a morir. O tal vez sí, pero sólo si me agarra una de esas manifestaciones estudiantiles que hay ahora en Caracas y que ví hoy al llegar a mi hotel. Creo que no quieren la reforma a la constitución. O están a favor de la propiedad privada. O no les alcanza la leche. O se quejan porque nunca clasifican para el mundial de fútbol; no sé exactamente, pero se ven bien enojados.

Aún no tengo los resultados del análisis de sangre de la dos-dedos pero si logró sacarme algo, un día de éstos les cuento por dónde anda mi colesterol. Mientras tanto, llegaron la colorada y los remedios casi al mismo tiempo así que ahora sí, entramos en la cuenta regresiva.




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31 de octubre de 2007

Conjuro cuasi-celta de Halloween


Me dió la idea Ahoravaaserquesi hace unos días, me puse mi sombrero negro de pico y aquí voy:

Búhos, lechuzas, sapos, endocrinólogos, andrólogos y brujas.
Demonios, diablos, conejas fértiles, espíritus de los ovarios poliquísticos.
Cuervos, abogados, vendedores de Puregon y otros hechizos de la Madre Fértil.
Galenos inútiles hinchados de ganar dinero, agujas subcutáneas.
Mal de ojo, implantación fallida, hiperestimulación ovárica, truenos y rayos.
Ladrido del perro tuerto, semen sin uso y pata del conejo.

Pecadora lengua de baja respondedora casada con hombre viejo.
Infierno de espéculos y murciélagos saltarines, enfermeras insolentes, gata negra preñada y en celo; punciones sin anestesia.
Ovarios inútiles, endometriosis severa, betas negativas, maullar de gato sucio.
Consejos inoportunos de parientes curiosos; ecógrafos y lagartijas.

En las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, los quemaré a todos sin piedad y huirán las brujas en sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas.

Oigan los rugidos que dan los que no pueden dejar de quemarse, quedando nosotras libres de los males de nuestra alma y de toda maldición.

Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, les hago esta llamada: si es verdad que tienen el poder de la Naturaleza, aquí y ahora, los invoco para que los espíritus de la Fertilidad no se despeguen de nuestra casa por muchos años y que a todas las mujeres de vientres vacíos, les lluevan niños con rostro de ángel
.”

26 de octubre de 2007

¿Necesitaré una clínica de rehabilitación?

Es evidente que el período de rehabilitación de las drogas para la fertilidad es más largo de lo que pensaba. Haber sacado turno con un médico clínico para hacerme un chequeo general no puede ser otra cosa más que un agudo Síndrome de Abstinencia.

Resultó que parece que tengo unos latidos algo extraños, cosa que puede ser síntoma de aneurisma en la aorta (que puede provocar derrame y muerte instantánea) o una muestra de que simplemente soy una persona de latidos estentóreos. No tiene aún muy claro cuál de las dos opciones es la correcta. Por lo demás, todo bien. Por lo menos, hasta que vea los resultados de los análisis.

Ayer fui con mi orden médica a sacarme sangre a un laboratorio que queda cerca de mi oficina. Tercer piso de un edificio dudoso en el que O. ni siquiera hubiera puesto el pie; con mucho sentido común, por supuesto. En mi caso, mi sentido práctico venció fácilmente a mi instinto de buscar otro laboratorio más lejos. Mientras esperaba en la sala casi vacía, miraba tranquilamente mi receta, sabiendo que tardarían un buen rato en llamarme. Decidí, en un momento de inspiración médica, agregar un par de análisis a la orden médica, justo arriba de la firma del doctor. Una pareja de argentinos, desde la pared de enfrente me miraban con caras de aburrido asombro. Al fin y al cabo, la sangre es mía. Puedo imaginar la cara del médico cuando le manden los resultados de la vitamina B12 y el acido fólico a continuación de los triglicéridos.

Me hace pasar adentro una cubana muy simpática con guantes de látex quien, entre cháchara y conversación, me pide una serie de datos personales; hablamos del clima, como es de rigor en estos casos, y me pregunta si me asustan o no las agujas. Fíjese usted que me son totalmente irrelevantes, sobre todo cuando las enfermeras tienen buena mano, como seguramente usted tendrá, digo yo en un miserable intento de adular a mi verdugo. Mientras arremango mi brazo izquierdo, la enfermera se saca sus guantes para tirarlos a la basura y ponerse unos nuevos. Ahí veo, con horror, que su mano derecha (no la zurda, sino su mano mas competente) sólo tiene dos dedos. No los guantes, la mano. Sólo se movía el pulgar y uno de los del medio, que no me atrevería a identificar por el nombre. Pobre mujer, dije para mis adentros, pensando en mí. No tengo nada en contra de incorporar al mercado laboral a alguien con una discapacidad tan mínima, excepto cuando su trabajo incluye insertar un elemento altamente punzante en mis venas. Alertas rojas nuevamente en todos mis sistemas básicos de supervivencia pero ya la suerte estaba echada. Cerré los ojos, miré por la ventana a través de los techos de la cercana Calle Ocho y me encomendé al Supremo.

Creo que ya he tenido suficiente adrenalina por el momento. Con ésto y un par de antibióticos más para la infección urinaria, ya satisfago mi necesidad médica hasta arrancar el ciclo el mes que viene.


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22 de octubre de 2007

Domingo de madres

Algo bueno tiene que haber en el hecho de tener a la familia a ocho mil kilómetros de distancia. Uno de los beneficios es elegir dónde quiere pasar una el día de la madre. Por ejemplo, en mi casa, acurrucada en el hombro de O. y mirando la última carrera de Fórmula Uno del campeonato, en lugar de en casa de mi hermana, con mis padres y otras tantas personas, haciendo todo el teatro y la alharaca como si el día de la madre fuera el día de la llegada del hombre a la luna o como si no hubiera habido otro día idéntico hace exactamente un año. Nada mejor que una breve llamada por teléfono. Mamá, que tengas feliz día, estoy en un celular y no te escucho bien; te llamo durante la semana. Ya está, pienso con alivio; el mundo de las madres esta allá lejos y yo, feliz, acá, comprándome unos zapatos.

Para acabar el día, estuvimos en casa de unos amigos que nos tenían guardado un rico vino español y la sorpresa de estar esperando el cuarto hijo, concebido en los últimos cinco años. Mientras la Coneja decía que le había venido de sorpresa, yo largué una de mis sonoras carcajadas y le recordé que sus hijos siempre parecen llegar de incógnito. Es posible que te agarren desprevenida una vez, pero no cuatro. Tras tomar lo que restaba de mi copa de vino creo que terminé tomando también su ración, ya que las preñadas no la necesitan, mientras mis neuronas parecían bolas de cristal que chocaban entre sí en silencio.

Y yo que tan contenta estaba con el pulpo a la gallega que me había mandado de almuerzo. Ahora no sé si una ilusión insolente quiere llevarme a pasear por el Cabo de Buena Esperanza en noviembre o si debo ir a comprar un buen quitamanchas, que me quite esa sombra que hay en mi corazón, que no es más que el estigma de mi maldición.



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19 de octubre de 2007

Me suena...

Cada mañana National Geographic me saluda en mi computadora con una foto especial. Esta foto está tomada en algún lugar del Pacífico y muestra un pequeño pez cabezón deambulando entre corales.
No se si yo tendré ideas fijas pero yo juraría que esta imagen es una copia fiel de una inseminacion artificial... (con un alto nivel de estimulación, diría yo, a juzgar por el número de óvulos)

16 de octubre de 2007

Recién llego de Punta Cana

Que los humanos y los chimpancés compartamos el 98% de la secuencia de ADN no me sorprende demasiado y, de hecho explica con claridad el talante, y a veces el porte, de alguna gente que conozco. ¿Qué hay en ese dos por ciento restante? Para empezar y descartando las características anatómicas, el tamaño de la corteza cerebral, que parece influir en el desarrollo del lenguaje, el oído, y el sentido del gusto.

El desarrollo de un complejo sistema de emociones, que va más allá de la alegría, la tristeza, el stress y la depresión parece ser también nuestro sello característico. No soy una persona hartamente emotiva pero maravillo ante la expresión humana. Por eso me gustan los aeropuertos. Las separaciones y los encuentros parecen hacer brotar los sentimientos al desnudo, sin filtro. Los aeropuertos parecen estar llenos de la impaciencia del viajero avezado y cansado; los celos de los viajantes en clase turista al pispear hacia los cómodos sillones del frente del avión; las lágrimas de los que quedan; las risas de los niños; la frustración del que espera; la ilusión del que parte en busca de algo que probablemente haya dejado en casa; el aburrimiento de los retrasos; la cautela de los primerizos y la furia de las cancelaciones, sólo por nombrar unos pocos.

Ahora que las colas son largas y que la seguridad en los aeropuertos exige pasar desnuda y sin marcapasos por los detectores, una tiene que llegar con tiempo a riesgo de perder el vuelo, y el trabajo, en la volada. A pesar de ir cargada con mis tantas chucherías electrónicas, que un día de estos me dejaran electrocutada, ese tiempo me sirve para observar la humanidad, cosa que a veces una olvida, sentada en la oficina, mirando una pantalla y viendo como pasan los barcos por el río de Miami.

Imagino que con el vuelo que me espera de más de veinte horas con sus respectivos transbordos, O. y yo tendremos tiempo de analizar hasta la composición emocional de los pilotos y la estructura física del aeroplano. Bueno, en realidad, O. más que yo, ya que yo en los aviones duermo como santa sin complejos.



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10 de octubre de 2007

Porque entre bueyes no hay cornadas


Poco tengo en común con una mujer que gana y gasta millones al mes; que saborea públicamente sus abrigos de piel y que convierte en oro todo lo que toca. Ahora bien, con una mujer casada a los treinta y pico, que lucha desesperadamente por completar su familia, que visita los consultorios de médicos de fertilidad y que le toca aplicarse inyecciones cada mañana; eso si lo puedo entender. Las mansiones, la ropa de Lagerfeld, los anillos de diamantes, todo eso lo puedo ignorar; el quejido de una infértil, que además, tiene a media humanidad escudriñando a diario cada rincón de su vida y cada bulto de su panza, eso me llega al alma.

No suelo estar muy al día de lo que pasa en Hollywood pero pareciera que últimamente, no hay mayor preocupación en este país que saber si Jennifer López está o no embarazada. Cada vez que abro Internet, miro la tapa de un diario u ojeo las revistas en el supermercado, allí esta ella, con una sonrisa, negando, ocultando, evadiendo. Si en su último FIV se gestó e implantó un bebé, debe haber muchas risas cómplices en su casa; si por el contrario, su fotografiada panza sólo es el resultado de hinchazón hormonal y pinchadas múltiples, como la de todas nosotras, ¡ay, cómo deben doler todas esas notas estúpidas de prensa!

Esta es mi carta de apoyo a JLo:

Estimada Jennifer:

No sé en realidad que me impulsa a escribir esta carta que nunca leerás. No espero respuesta, ni una foto ni un autógrafo sino que vengo a ofrecer una cálida mano de apoyo. De una mujer otra. De una mujer con problemas para concebir a otra.

Jamás he escrito una carta a alguien desconocido y ni siquiera estoy muy al día de lo que pasa en Hollywood; quizá no lo hubiera hecho sino fuera porque cada vez que abro alguna revista y leo que tú o alguien allegado a tu entorno tiene que desmentir rumores de embarazo, se me da vuelta el estómago. Este camino es lo suficientemente duro así como es; tosco, áspero, inagotable, como para tener que llevarlo con los faroles de la luz pública. Mis respetos por la gracia con que lo atraviesas.

Tengo cuarenta y un años, soy abogada, me casé hace seis años con el amor de mi vida y desde entonces estamos buscando un hijo que no encuentra el camino para venir. Comenzamos con muchos de los estudios con los que seguramente ya seas familiar; hemos pasado por seis fallidas fertilizaciones in vitro, inseminaciones, ultrasonidos, pergonal, follistim, lupron, HcG, repronex, exámenes hormonales, exámenes de sangre, exámenes genéticos, ICSIs, histeroscopia, eliminación de fibromas, inyecciones intramusculares de progesterona, cancelación de ciclo, embarazo químico, ausencia de fertilización, betas negativos, betas bajos, reposo, dieta, visualización y aun así, el bebé no llega. La casa sigue pulcramente ordenada y silenciosa, y las manos parecen cerrarse en el aire en cada intento. A veces me canso de todo este teatro, de esta puesta en escena, de esta preparación inútil para alguien que nunca llega; de poner mi corazón a la intemperie una y otra vez para que le den un par de martillazos y me lo manden de vuelta para reparación.

Y sin embargo, esta es una lucha que aunque cansadora, es imposible de abandonar por voluntad propia. Porque olvidar la idea de tener un hijo es más doloroso que las inyecciones, las desilusiones y el dolor en el pecho. Y porque sé que algún dia llegará el éxito.

“Si te postras diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas;
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.”
[Almafuerte]

Quisiera que perdonaras mi intromisión; mi carta indiscreta a ese rincón privado de emociones pero si los rumores de tu próximo IVF son ciertos, solo quería que supieras que somos muchas las que estamos en este barco y que estás en buena compañía. Quería desearte un tratamiento en paz y un niño que sin duda será hermoso.

Que Dios te bendiga
.”

Si alguien la ve, se la hacen llegar?



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9 de octubre de 2007

Los resultados de mi anterior encuesta son curiosos. De cien respuestas, casi la mitad dijeron que no pararían de hacer FIVs hasta tener un hijo; tanto más interesante es la respuesta por cuanto yo no aclaré en la pregunta que debían asumir que los fondos eran ilimitados. Es decir, la pregunta apuntaba más al lado emocional de cuánto estarían dispuestos a aguantar a pesar de los pinchazos, las hinchazones, la presión social, la pareja y todas esas cuestiones, sin importar el tema económico. Cuánto puede resisir el entramado del que está hecho el alma? Aparentemente y a juzgar por esta pequeña encuesta, el tejido es bastante resistente.

En preparacion a mi próximo aterrizaje, les dejo acá un nuevo cuestionario; esta vez abierto, ya que admite la opción de "Others/Otros". Nuevas ideas son siempre bienvenidas...

3 de octubre de 2007

Buscando buen “karma” en Sudáfrica

Este es mi último proyecto. Para que nadie piense que sólo estoy pensando en jirafas, les voy a contar quien es Mel y su trabajo en Bosom Buddies.

Mel es una extraordinaria joven sudafricana quien, en su entrenamiento como partera (en realidad, ella es una “doula”, quienes van un poco más allá y proveen también apoyo emocional), encontró humillantes diferencias entre las clínicas públicas y las privadas para las mujeres que daban a luz. Resumiendo lo que ella misma relata en su sitio de Internet, estas mujeres africanas llegan a los hospitales estatales en taxi, solas, a punto de dar a luz y con mucho miedo. Gas y epidurales normalmente no existen. No hay privacidad ni dignidad. Luego se van, en taxi, con su bebé a cuestas, sin ropas y sin una manta que cubrirlo, a las villas de donde vinieron.

En su experiencia, en las clínicas privadas, por el contrario, les regalan a las madres bolsas de cosas para su bebé que ni siquiera necesitan.

Mel decidió cambiar esa situación y si bien la experiencia del parto aún esta fuera de su alcance, con la ayuda de su iglesia, donaciones y algunos voluntarios preparan actualmente unas preciosas bolsas para cada madre y su recién nacido. Las llenan con escarpines, un enterito, un piyama, un sweater, un gorro, una frazada y algunos artículos descartables. También incluyen algunos productos para el bebé, talco, cepillo y pasta de dientes para la madre, unas galletas y una hermosa tarjeta casera. Las bolsas son cosidas por una voluntaria y son repartidas tres veces por semana, llegando en estos momentos al setenta y cinco por ciento de las madres que dan a luz en un hospital de Ciudad del Cabo y teniendo la intención de llegar a la totalidad a fines de este año. Entregan unas cuarenta y cinco bolsas por semana, hablan con las madres y les prestan una cálida mano de la que agarrarse durante unos instantes.



Su trabajo me parece fabuloso así que, tan pronto comencé a preparar nuestro viaje, me puse en contacto con ella con la intención de donar algunos artículos de más necesidad. Necesitan piyamas para recién nacidos y enteritos; también aceptan ropa de segunda mano, así que, la semana que viene y contra todas las ironías del destino ¡iré a comprar ropa de bebé!. También tengo pensado circular un e-mail por mi oficina (y la de O., si se puede) para recolectar la mayor cantidad de ropa infantil posible. Estoy muy entusiasmada con este proyecto.


(PD: Mel es la rubia que sostiene a ese niño con tanta dulzura)

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1 de octubre de 2007

Cómo van mis planes de viaje

Otro mes que ya se fue y menos días que quedan para mi tratamiento. Mi mente ya está en cuenta regresiva. Esa vez no voy a transmitir cada aguja y cada ultrasonido en vivo y en directo desde los confines de este blog, no sólo porque estaré a miles de kilómetros de casa y con poco acceso a una computadora sino porque además soy supersticiosa y pienso que al mantener, por primera vez, un perfil bajo, voy a conseguir engañar al Destino al no ponerlo sobre alerta de mis intenciones. Resumiré la aventura a mi regreso.

Ya tenemos los boletos comprados, con escala en Londres. Aún no se cómo voy a entretener a O., quien duerme poco en los aviones (y si no tiene nada que hacer, me despierta a mí) pero por lo pronto me acabo de comprar un chirimbolo fantástico que permite cargar todos los aparatos electrónicos (dígase de mi Ipod, Nintendo, Blackberry y demás mata-tiempos) a través del enchufe para auriculares que tienen los asientos del avión, ideal para estos vuelos inacabables en aviones que no tienen enchufes eléctricos.

También encontré y reserve un hotel precioso para hospedarnos durante la primera semana. Está algo alejado del mundo turístico, cerca de la clínica, tiene algo así como tres hectáreas de jardines y un spa que es justo lo que me recetó el médico para descansar del largo viaje y de las burbujeantes hormonas. Los días restantes, Dios dirá. Le dejaré a O. que elija un barrio que le guste, seguramente al lado del mar. Cualquiera diría que en su vida pasada fue marinero…

Estoy ahora en una tarea difícil que es la búsqueda de un buen safari. Dado que no paramos en Johannesburgo, donde parecen estar casi todas las reservas, ni puedo tomar píldoras para la malaria, por razones obvias y debemos estar sujetos a los horarios de la clínica, eso me deja como alternativa única, una reserva cercana a Ciudad del Cabo, en un ambiente libre de malaria y que tenga una buena recepción para los celulares. Definición demasiado parecida a un zoológico para mi gusto. Seguiré buscando.

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27 de septiembre de 2007

Por qué desaparecí unos días

Hay algo de lascivo y decadente en el tiramisú. Esa crema espumosa con sabor a café derritiéndose entre el paladar y la lengua; la embriagada y húmeda firmeza del bizcocho que sobrevive milagrosamente al ímpetu de la crema y cuando ya una piensa que está en el cielo, aparece ese toque de cacao flotando en el aire para rematar la faena. Un buen tiramisú es una obra de arte.

Acabo de pasar un fin de semana con O. y sus hermanos en la Riviera Maya, en México. No sé si será la arena blanca, suave y templada al tacto de los pies; el ronroneo constante de un mar color verde o la variada cocina, pero traigo los sentidos a flor de piel. O debe ser, más bien, el tequila.



Lo único que me sobra es mucho sueño y algunos kilos que encontré por ahí. Mis cuñados me están matando lentamente...





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20 de septiembre de 2007



Porque me has dado muchas satisfacciones en este año, desde que naciste: "Happy Birthday, blog!!

17 de septiembre de 2007

Busco un spray para monstruos

Estoy leyendo “Cartas a un joven novelista” de Vargas Llosa. Está bien escrito, aunque es demasiado genérico y se parece un poco al que fue escrito sobre poesía por Rainer María Rilke.

Hay algunos días en los que hay más humedad que en otros; algunos días más densos, con más nubes, con menos luces. Hoy me da vueltas por la cabeza la parte del libro que dice: “…en eso consiste la autenticidad o sinceridad del novelista: en aceptar sus propios demonios y en servirlos en la medida de sus fuerzas…”. Cuando lo leí, pensé que en eso debe consistir la propia autenticidad, incluso aunque nunca seamos capaces de poner una letra delante de otra.

Que lo tiró, si es difícil aceptar los propios demonios. Para empezar, hay que saber cuáles son. Tenemos demonios que vienen de afuera y que traen unas greñas de lo más variopintas; algunos miran con el ceño fruncido y se parecen al jefe; otros miran con ojos tristes y siempre tienen algo sombrío que decir, como “no me digas que te compraste una computadora Sony; si son de lo peor”; o “mañana se te acaban las vacaciones, ¿no?”; pero los peores son los que parecen ángeles, te toman del hombro, te dicen que admiran tu sentido del humor y te acercan dulcemente al acantilado.

Luego tenemos los demonios que vienen de adentro. Esos suelen ser más poderosos. Son ágiles, se cambian de equipo en la mitad del partido y les da igual si meten goles a favor o en contra. Al final del juego se acurrucan en un rincón del corazón la envidia, el miedo a la vejez, el afán de competencia con los hermanos, los sueños no cumplidos, las lágrimas no derramadas, los amores quebrados y los hijos por venir.

Vivimos gran parte de nuestra vida espantándolos y haciendo como que no los vemos. Aunque se vistan de color turquesa y bailen delante de nuestra pantalla con globos de colores, optamos por ignorar su existencia. No tengo miedo; voy a ser una buena madre; no soy vieja y no me duele el corazón cuando veo una cuna.

Y ahora resulta que no sólo debo abrazarlos, escucharlos, aceptarlos como son, con sus sonrisas retorcidas y sus malos modales a la mesa, sino que además debo servirlos en la medida de mis fuerzas. Tarea ímproba la que se nos impone. En este laborioso camino, las fuerzas cada vez son menos y los desafíos mas grandes.

Dicen que la recompensa es grande; dicen que cuando una es auténtica, el mundo resulta más fácil; dicen que si besamos a nuestros sapos, se convierten en príncipes. Dicen. Los Otros. Los Fértiles.



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13 de septiembre de 2007

Vacuna puesta

Ya me puse la bendita vacuna de la rubeola que estuve esquivando por años. La lista de posibles efectos secundarios es más larga que los beneficios, según el panfleto que me dieron pero todo sea por no estar cortando clavos durante nueve meses (¿vieron que positiva estoy? mi lado cínico esta desternillado de risa en el suelo). Quién diría que esas enfermedades todavía existen.

Por el otro lado del mundo y con seis horas de diferencia horaria, mi coordinadora de FIV me mandó un email un tanto escueto diciendo que me mandaría mi calendario esta semana. Eso fue en respuesta a mi mensaje de histérica paranoica del día anterior donde le preguntaba si no debería ya, quizá, tal vez, perdonando la intromisión y asegurándole que en realidad y en persona, soy bastante buena gente, comenzar a tomar las pastillas anticonceptivas de una vez, caray! Además de la promesa de agenda, me dijo: 1.- que aún me faltan dos ciclos y 2.- que dado que mis ciclos son muy regulares, no me van a dar anticonceptivos (esa es una nueva… bien, bien, me gustan los cambios).

Me voy al aeropuerto a llevar a mis padres. Sniff…


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10 de septiembre de 2007

Novedades de Ciudad del Cabo

Por culpa del Doctor, en cuya casa hubo una discusión sobre el tema hace un tiempo, he decidido subir el nivel gramatical de mi blog. Mi teclado no tiene acentos, ni diéresis, ni eñes, ni el signo de apertura de interrogación y exclamación y, bajo la excusa de ser escritura informal, le voy pegando patadas al diccionario en cada edición de mi bitácora. Tengo un profundo respeto por nuestro idioma y secretamente me jacto de tener un buen dominio del mismo así que, a partir de hoy, me voy a tomar el esfuerzo de dosificar correctamente las comas y corregir manualmente las deficiencias de mi teclado. No pienso llegar al punto de tratar a los e-mail como correos electrónicos y, dada la rapidez con que se hacen las actualizaciones, simpre habrá alguna pifia pero hay una diferencia entre cigüeña y ciguena y eso debiera notarse. La diferencia es aún más evidente en año y España. La niña escritora que llevo dentro se lo merece.

Y ahora, a lo que nos interesa y puebla nuestras noches de desvelo. Ya comenzaron los mensajes de la clínica. Ya estoy en contacto con la coordinadora de IVF y un amable Dr. H. que contesta los e-mails al día siguiente (aún no salgo de mi asombro). Revisaron todos mis análisis y me dijeron que todo estaba bien. Debo aclarar que tuve la cortesía de no inundarlos con mis cincuenta y cinco carpetas de historia clínica y de enviarles sólo la información relevante y escueta de nuestros exámenes médicos. Nada de betas siniestras, de túnicas rasgadas ni mucho menos, la direccion de este blog. Tenía miedo de que me dejaran de escribir.

Lo único que me pidieron fue que me vacunara contra la rubeola porque parezco no estar inmunizada. Ya me lo habían pedido aquí hace años pero cuando era joven inexperta y se me daba por correr delante del reloj, no quería ponerme una vacuna que me impidiera embarazarme durante uno o dos meses (según el médico, distintas versiones). A esta altura del partido, es más importante no correr riesgos y seguir la recomendación del médico. Solo voy a esperar a menstruar, para estar segura que no hay embarazo (ja!).¿Es normal que insistan con ésto? Nunca he conocido a nadie con rubeola.

Y me voy porque tengo que completar mi cuadro de Excel número II. Ahora estoy comparando los hoteles de ciudad del Cabo; precio, barrio, vista, categoría… Que les puedo decir, soy obsesivamente organizada (que no es lo mismo que ordenada, a juzgar por el estado de algunos de mis roperos) y lo peor es que lo disfruto.


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5 de septiembre de 2007

Por qué Sudafrica?

No esta mal alejarse un poco del mundo; flotar unos días disfrutando de mi burbuja familiar, llena de alfajores Havanna, asados, playa y películas hasta la madrugada, mientras dure. También hay algo de trabajo, pero solo lo necesario.

Sin embargo, el fondo de mi mente, aquella parte que sobrevive a la continua saturación de comida casera, esta plantado en Ciudad del Cabo.

Y, como me han preguntado muchos, por que Sudáfrica?

Por los leones, por supuesto. Por que otra cosa? No puedo afirmar que las manos del Dr. H., de Cape Fertility Clinic sean tan o mas fértiles que las del Dr. A. en Miami pero un buen safari lo hace todo mas llevadero en esta vida. Y si no, que se lo cuenten a los de National Geographic.

Cuando se ha pasado por seis FIVs, no solo se desencaja la mandíbula y el corazón sino también el bolsillo. Pasamos meses (usando el plural mayestático, porque en realidad podría usar el singular en esta frase) mirando alternativas, pidiendo folletos por correo, hablando por teléfono, participando en foros y llenando cada casilla de un artesanal cuadro comparativo de Excel. No había país que estuviera descartado en esta especie de licitación privada donde el mejor postor se llevaría la obra a ejecutar. Como en los concursos públicos (en aquellos donde no se pagan comisiones), el costo era la principal variable pero el prestigio del contratista y la calidad de los trabajos era primordial. Así, descartamos Asia y Republica Checa, a falta de referencias verificables; varias clínicas de Estados Unidos, por codiciosos y Europa, por… no se… aburrido.

Nos quedaba Buenos Aires y Ciudad del Cabo. Nos gusta Buenos Aires y la posibilidad de ver amigos, familia y comerse una buenas medialunas rellenas con crema pastelera (mis favoritas; el dulce de leche me empalaga) era muy tentadora pero esto


Y esto



Nos terminó convenciendo que necesitábamos unas vacaciones…



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28 de agosto de 2007

Mis padres

Tengo a mis padres de visita, yupppieee!! Me gustaría verlos más cerca, más a menudo. Son solo dos semanas en las que, además de esposa, soy hija; y no hay nada más hermoso que volver a revivir una infancia feliz.

Recuerdo el perfume de mi madre cuando nos sentábamos en la iglesia los domingos; ella, con sus uñas pintadas; papa con su bigote peinado; mi hermana con cara de aburrida y yo, con mis zapatitos blancos recién lustrados, medias caladas y lazo en la cintura (me duraba poco el atuendo); recuerdo las noches de los domingos y los partidos de damas que jugábamos con mi padre, mientras mama preparaba la cena y mi hermana hacia los deberes. Recuerdo el día que mi padre salio al jardín y corto una rama para mostrarme como se hace un injerto, en una clase practica de biología; mucho mas interesante que los dibujos descoyuntados de la maestra. Recuerdo las manos siempre calidas de mi padre y siempre frías de mama; cuando caminar de la mano de ambos era sentirse protegida y arropada por la propia tierra, desde trópico hasta el polo. Recuerdo las incontables noches que paso mama arrodillada al lado de mi cama, poniendo paños calientes a mis continuas infecciones de oído.

Si algún día tengo la suerte de tener un hijo, espero que me quiera tanto como yo a ellos.


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