31 de julio de 2008

Bloggers Choice Awards

Me anoté para el premio 2008 de Bloggers Choice Awards, en la categoría de Best Foreign Language Blog. Es una pavada porque hay miles y los que ganan siempre hablan de política, tecnología o chusmerío de famosos... Pero, ¿no sería lindo que se viera la infertilidad como un tema popular?
En fin, el que tenga un rato libre y me quiera añadir un voto, verán el botón a la izquierda de la página.

Y sigamos con lo nuestro...

28 de julio de 2008

Mi Angel y yo

Mi relación sinuosa con Dios es ya por todos bien conocida. No puedo negar su existencia, ya que, entre otras cosas, me quedaría sin alguien a quien echarle las culpas de todos mis males, pero no dejamos pasar ambos la oportunidad de alimentar una falta de simpatía mutua. Y si ya aceptar la existencia de un ser invisible, omnipotente, omnipresente y perfecto es un salto al vacío, ni hablemos de la iglesia, formada por seres humanos, por ende, sumamente imperfectos. Si alguien supuso alguna vez que era buena idea juntar a un puñado de hombres, ponerles un vestido largo y hacerlos responsables de reglamentar nuestro espíritu, es que, sinceramente Dios no tiene una buena agencia de relaciones públicas. Si esa institución, en su conjunto, ha ido desde la tortura a la Inquisición, la pederastia y el machismo, ¿con qué autoridad moral puede guiar mi alma? ¿A mí, cuyo peor pecado deber haber consistido en haberle robado el chupetín del recreo a mi compañera de banco?

Sin embargo y hablando de seres etéreos, los que me caen bien son los ángeles, en especial, los de la guarda. Me gusta la idea de sentirme protegida por seres invisibles que ni comen ni duermen y tienen sólo ojos para mí. Su presencia, aunque imaginaria, me tranquiliza. Sospecho que lo que hace a los ángeles de la guarda seres tan queridos es que no juzgan, no amenazan, no imponen; les da igual si un día le sacaste la lengua a tu vecina o si te pasaste la noche jugando al póker; no te abandonan si cometiste un error ni te recriminan haber congelado embriones; no asustan a los niños con el infierno ni se rasgan las vestiduras si escuchan una mala palabra. Siguen ahí. Impertérritos. Estoicos.

Yo suelo hablar con mi ángel por las noches, para que me proteja de los malos sueños; o cuando quiero paz; o cuando necesito enviar energía a un ser querido. Mi ángel no es la dulce cara de un querubín flotando entre nubes doradas y tocando el violín. No, mi ángel es alto y fornido; tiene el pelo largo, una espada al cinto y, a pesar de sus ojos dulces, pocas veces sonríe. Creo que es, más bien, un arcángel. Puestos a imaginar un guardaespaldas, lo prefiero audaz y decidido, que frágil y etéreo.

Y que nadie venga ahora a pincharme el globo y decirme que los ángeles no existen, que son una mera sombra de mi imaginación o una representación de la divinidad de mi persona. Porque ya estoy cansada de depender de mi persona. De mis aciertos y mis errores. Que sea El, quien arregle mis entuertos. Que sea otro el que se ocupe de resolver problemas, mientras yo duermo.



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20 de julio de 2008

¿Qué más querés?

“Te acompaño al médico, tomo mis vitaminas, hago ejercicio, no fumo, te escucho, ¿qué más querés?”. Se defendía O. ante mis acusaciones de que el tratamiento no parece ser su prioridad más alta, después de no haber ido a hacerse unos análisis el viernes. Reproches, a todas luces, infundados e improcedentes. Lo reconozco.

¿Qué más quiero? No lo sé. Quiero no hacer más tratamientos; no tener que pensar siquiera en protocolos y análisis de sangre; quiero no desear lo inalcanzable y quiero ser feliz. ¿Qué no me podés dar todo eso, aunque quieras? Lo sé. Y no, no pienso que por eso seas un mal esposo. De hecho, sigo sosteniendo que en la categoría maridos, y aun sin experiencia previa, sos lo mejorcito que he visto en el mercado. Con diferencia. (Excepto, claro, mi padre, que es perfecto). ¿Y por qué me la agarro con vos? Porque estás a mano, tal vez. Y esto recién empieza. Aún sigo tomando pastillas anticonceptivas; no quiero imaginar en lo que me convertiré cuando empiece con las inyecciones.

Ahora que lo pienso, creo que las sesiones de hipnosis no me han hecho mucho efecto. Tendré, probablemente, que perseverar.

Al día siguiente, en clara represalia, O. me chocó el auto. Que fue accidental, dice él; y yo digo que le creo. Aunque más no sea por el hecho de que mi marido podría hacer cualquier cosa a propósito, excepto rayar su BMW…

16 de julio de 2008

Día de Opinión

El título de mi nuevo blog sigue sin convencerme, pero ya me acostumbraré. De los muchos que dieron vueltas estos días, mi favorito era “Dana, la Bataclana”. Pero si bien sonaba estupendo, me abstuve de usarlo, al pensar que llegaría a tener un ejército de lectores frustrados, que habrían llegado a mi blog pensando ver señoritas revoleando los tobillos desnudos al viento, o sus alternativas modernas mas explícitas.

Pero no me pasé por acá para hablar de bataclanas esta mañana. Y sé que me voy a apartar de mis temas cotidianos.

Viví unos años en España, donde encontraba que era muy difícil ser políticamente correcta. Excepto que hablara de las probabilidades de lluvia, el potencial de ofender a mi interlocutor era muy grande. Viviendo en Madrid, una no tenía derecho a hablar de los problemas madrileños (sin que quiera ahora insinuar que existe alguno), siendo extranjera; ni mucho menos, hablar de otras regiones de España, donde ni siquiera estaba compartiendo las tareas cotidianas. Cada región, y me atrevería a decir, cada pueblo, en España, se auto-abastece de su propio chauvinismo y es así como los mallorquines se ríen de lo poco trabajadores que dicen ser los madrileños; los catalanes dicen que Mallorca es un pueblo de campesinos y todos se ríen de Lepe.

La que aquí relata, aún estando totalmente adaptada a mi entorno y reírme de los mismos chistes con los amigos españoles que todavía conservo (incluso hablaba de “tú” y me abstuve durante mucho tiempo de llamar “gallego” a alguien de, por ejemplo, Asturias), me limitaba a mirar, leer y escuchar cuando se tocaban temas de política, historia o bombas. De forma tácita, asumíamos mi imposibilidad de tocar temas controvertidos sin haber, por lo menos, vivido la historia local desde que andaba en triciclo. Parecía ser una cuestión de respeto; como si estuvieran velando a un muerto y yo, sin conocerlo, sólo pudiera murmurar, con los ojos bajos, “era tan bueno…”.

Pero la cuestión se complicó más. Cuando viajaba a Argentina, tampoco podía opinar mucho sin que me miraran con el entrecejo fruncido porque… ¡ya no vivía allí! Además, eran los años noventa, el Internet aún no había llegado a la calle y mi único contacto con la realidad del país era comprar un diario La Nación obsoleto, con tres o cuatro días de antigüedad, enfrente de la Plaza España de Madrid, para lo cual tenía que desplazarme una vez por semana desde el Barrio de Salamanca, en subte, en un viaje de, por lo menos, media hora y dos trasbordos. Es decir, no estaba muy actualizada que digamos. Y en Argentina, si te descuidas un par de semanas, te cambian el gabinete o el mismísimo presidente.

Así que ahí estaba yo, presa en el mundo del silencio. El loro barranquero, según O., sin poder opinar en ningún hemisferio. Luego me di cuenta que el mismo fenómeno se repetía en los sucesivos países donde me tocó vivir, por lo que comencé a desarrollar, casi sin querer, una franca habilidad, que aún conservo, para desviar las conversaciones hacia temas poco conflictivos tales como el nombre de los huracanes, la extraordinaria gramática de Borges o el sabor del café de Colombia.

Pero luego, pasaron los años... Llegó La Edad. Refrescante y liberadora. Llegó el momento en que te importa un pepino que decís o dónde lo hacés y te das cuenta, además, que nadie se desgarra las vestiduras.

Toda esta introducción vino a cuento para explicar por qué hoy me meto en camisa de once varas. Hoy es un día importante en mi país; se va a decidir si gana la sensatez o los discursos anacrónicos de hace treinta años y las maniobras pérfidas destinadas a que el gobierno robe del bolsillo de unos cuantos (sin importar quiénes son) más del ochenta por ciento de las ganancias de un trabajo duro y honrado.


Este blog está a favor del campo.



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14 de julio de 2008

Sigo buscando la cigueña

El asunto queda así: ¿Dónde está la cigueña? sigue en pie. Más calmado, sobrellevando los altibajos de mis emociones y hablando de aquello que nos define (o de lo que no). No esperen un recuento exhaustivo de mis inyecciones pero sí espero, algún día, contar uno a uno los pañales que cambie (¡con fotos!).

Como segundo experimento, ¡¡ya abrí un segundo blog!! Que emoción. Me siento la casa matriz abriendo su primera sucursal. Su nombre es Recuerdos de Viaje. Comenzaré con historias, reales o no, donde se prima el elemento viaje y luego veremos a dónde me lleva el teclado. Tardé mucho en encontrar un nombre (los mejores ya están tomados; que lo parió, cómo escribe la gente) hasta que decidí que nada se escribe con sangre. Recién estamos en maniobras de pre-apertura y aún faltan links y otras florituras pero las puertas ya están abiertas para quien me quiera visitar.

Gracias por estar ahí y nos seguimos viendo...

8 de julio de 2008

A veces, me ataca la ansiedad

Ya tengo mi turno en tres semanas con el hematólogo para que me recete el néctar milagroso de la heparina y están a punto de llegar mis medicinas por correo. No obstante, en mi empeño por reducir la ansiedad y los miedos que me rondan, sólo busco motivos para alejarme de la infertilidad.

La voz de Brian Weiss me guía en una relajación profunda por las tardes e insisto en mantenerme en actitud zen, pero el ladrido insomne de mis recelos no me deja en paz. ¿Qué he de hacer con este blog? Es como decía la Walsh “porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy…”. Aunque la coraza es grande, a veces cede. A medida que van pasando los días y me acerco a mi tratamiento, van disminuyendo mis ganas de hablar de él. Lo que es más, no tengo ningún deseo de que nadie comente sobre él. No puedo más que poner el corazón en cada post, porque no sé hacerlo de otra manera, pero ¿qué pasa si me lo apachurran? No estoy en una época fuerte donde la espada de mi teclado es suficiente para defender la bravura de mis hazañas.

Sé que la gente que me rodea es mágicamente compasiva; que me escucha con oídos generosamente dulces y que, en el pasado, han sido el bastón que necesité para seguir caminando, pero Internet es muy grande y, a veces, oscuro. Basta que exista la posibilidad de que tan sólo una sola persona me hable de pérdidas, de estadísticas o de edad madura para que las manos me empiecen a transpirar mientras escribo. Y no se supone que el blog me tenga que provocar ansiedad.

No sé si “necesito” escribir, como dicen por ahí los galardonados; pero puedo decir que me gusta mezclar las letras y que si pudiera, sería lo único que haría en mi vida. Y así nació este blog, un poco para ponerle cara a mis emociones y otro tanto, para despuntar el vicio de la escritura, que tan abandonado tenía. Podría contar muchas cosas y sin embargo, ¿de qué puede hablar alguien en un blog de infertilidad sino es de infertilidad?

Tengo mucha fe en mi próximo tratamiento y no quiero que nada me la empañe, porque mi experiencia me dice que la fe es de muy difícil adquisición. Quiero mi oportunidad de ser normal, de entrar en la clínica como quien lo hace por primera vez, convencida de que voy quedar embarazada y sabiendo que tener un hijo a los cuarenta y dos, es lo más normal del mundo. Quiero un test de embarazo sin betas; ver las dos rayitas y decirle a O. “vamos a ser padres”. Así. Sin más. Como la gente normal. La del mundo de enfrente.



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1 de julio de 2008

Señales de vida

Me dijeron que descanse y yo ¿qué hice? Descansé.

La supuesta hipnosis fue más bien un ejercicio muy bueno de visualización. Llegar a mi lugar ideal imaginario; una playa paradisiaca, con palmeras y agua templada, relajarme y resolver problemas. Lo interesante fue la charla que tuve con la psico al acabar. Hablamos de la importancia de la relajación y de cómo nuestro subconsciente es capaz de resolver sus propios problemas, con un poco de entrenamiento y dedicación. Me dió un CD de meditación para escuchar en casa, al que aún no le pude echar el diente porque la grabación es tan mala que, en lugar de relajarme, me irrita.

Me dió también deberes, como en la escuela. La primera tarea fue la de alejarme de la computadora; ponerle un candado y cerrar los oídos a las sirenas que me llamaban desde sus foros, sus correos, sus videos, sus blogs, su Google y sus astrólogos. No fue tarea fácil. La psico quiere que disfrute de lo que la vida tiene de fértil y me convenció de que mi continua búsqueda de información sobre la infertilidad, no es más que una manera de querer controlar lo incontrolable y aumentar mi frustración.

La segunda tarea fue más agradable: ir a la playa. La parte más complicada fue encontrar una playa donde fuera posible mantener una cierta intimidad. Llegamos a Key Biscayne y nos instalamos con O. en la playa, el domingo al mediodía, luego de desayunar tranquilamente en Starbucks. Lo que debía hacer era acercarme a la orilla de un mar templado y ver como la corriente arrastraba la arena debajo de mis pies, llevando con ella todos mis problemas. Luego, observar el vaivén de las olas y concentrarme en mi respiración y mis sentidos. El sonido de las gaviotas, el brillo del mar, el olor a sal, la humedad de mis dedos. El objetivo final era grabar imágenes en mi memoria para su uso futuro.

En eso estaba, cuando un helicóptero comenzó a dar vueltas sobre mi cabeza; O. y yo, con el agua por las rodillas, nos miramos extrañados. A los diez minutos comenzaron a llegar guardavidas, camionetas y curiosos, mientras un tiburón de unos dos metros se deslizaba a pocos metros de nuestros pies, buscando su almuerzo, indiferente al revuelo armado en la orilla. La gente le apuntaba con el dedo, se acercaba, corría, sonreía, gritaba. Me hizo acordar a los pobres leones de Africa, que ya ni recuerdan cuando fue la última vez que comieron en privado y sin una docena de flashes fotográficos alrededor, mientras añoran los días en que su fama de bravíos les permitía comerse algún que otro cazador.

El problema que tengo ahora es que mis imágenes relajantes del mar y las gaviotas están seriamente teñidas de helicópteros y tiburones. No creo que sea, precisamente, el tipo de material que la psico quiere que use durante la transferencia…


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20 de junio de 2008

Histerosonograma


Me adelantaron la fecha del histerosonograma y me tuve que presentar esta mañana a las nueve con la vejiga llena. Lo de llevar la vejiga al máximo de su capacidad parece ser una constante en este hermoso camino de la infertilidad. Volví a aspirar el conocido olor a iodo y a sentir el frío crepuscular de una tarde de invierno en Miramar, acostada en la camilla, con mis extremidades inferiores bamboleándose en el aire.

Ya sabía lo que se venía. No sólo San Google y mis amigas virtuales me habían alertado de las maravillas del agua a presión en el útero, sino que la enfermera se preocupó por contarme en detalle cada paso del procedimiento, como si fuera relatando un partido de fútbol. Aunque sin la misma pasión.

Después de la ecografía vaginal, entró el doc. Un tipo bajito, con bigote y cara de siciliano que me saludó sonriente y presuroso. Bajaron la intensidad de la luz, me colocaron el espéculo y me pintaron de iodo. Cerré los ojos y respiré hondo así que nunca ví venir la cánula llena de agua salina. No hacía falta; el útero reemplazó a mi retina y pegó un salto gritando, como antaño, “agua vaaaa”(*). Definitivamente, no es la mejor manera de empezar la mañana, pero debo reconocer que el dolor fue ligero y efímero.

Los pasos posteriores se me desdibujan; creo que entró la cámara, a juzgar por el diálogo entre el doc y la enfermera:

- ¡Fantástico!
- Sí, ¿verdad?
- Ahí a la izquierda; maravilloso
- ¿Y así?
- Esa foto es muy buena

Con los ojos cerrados, no es el tipo de conversación que una suele escuchar por parte del ginecólogo que le tiene a una colocado un espéculo. Por otra parte, siempre supe que era muy fotogénica…



(*)expresión de aviso, adoptada en la Edad Media, para indicar a los viandantes, que desde una casa se iba a vaciar el orinal en plena calle.


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18 de junio de 2008

Hipnosis y FIV

El lunes pasado comencé con pastillas anticonceptivas y ya tenemos los boletos de avión comprados así que se puede decir que todo está en marcha. Llegaremos a Los Angeles el 23 de agosto y desde allí, nos alquilaremos un auto hasta La Jolla. Faltan esos detalles como hotel, auto y mapas, que tanto disfruto afinando y para los cuales aun tengo dos meses disponibles.

Como cambio de médico, incluímos algunas modificaciones al protocolo, cosa que siempre me alegra el día. Además de las consabidas inyecciones, que incluirán la Santa Heparina para mis anticuerpos anticardiolipinas, tendremos una muy alta dosis de ácido fólico (para la homocisteina/MTHFR) y prednisona (quién sabe para qué).

Otra innovación por parte de quien suscribe surgió la semana pasada, charlando amigablemente con una psicóloga cuya hija tiene, según sus palabras, “un niño de heparina”. Me preguntó si estaría abierta a considerar hipnosis para mejorar las probabilidades de éxito en el tratamiento y ante los ojos divertidos de O., le dije que sí. Por supuesto que estoy abierta. Durante todos estos años he ido logrando tener mi sistema reproductivo abierto, la barriga abierta, la boca abierta y el corazón abierto, no necesariamente en ese orden. ¿Por qué no habría de tener abierto también mi subconsciente? A mí me suena como el paso mas lógico.

Me dijo la doc que sus palabras pueden ayudan a visualizar un resultado ideal y a la vez, expulsar obstáculos subconscientes al embarazo. Alguna gente recuerda posteriormente la sesión, otra no, pero en cualquier caso, los resultados son los mismos. También ha aplicado técnicas similares con el dolor en el parto, con resultados, según ella, sorprendentes.

No hay mucha información en español sobre el tema pero esta página me resultó de lo más interesante y destaco la frase “cuanto más tiempo una pareja ha estado intentando concebir, le es menos probable concebir tanto espontáneamente como con ayuda técnica". Cuanta verdad en tan pocas letras.

Si a todos esos beneficios le añado que sus visitas están cubiertas por mi seguro médico, estoy en la gloria. De más esta decir que tengo un turno con ella para comenzar sesiones el día 23 de junio. Me pregunto si seré capaz de dejarme llevar…



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13 de junio de 2008

Un mundo sin razas

Estaba a punto de pasar un tupido velo al tema que ocupó los tres últimos posts pero, como siempre, la vida se interpone y nos da letra. Solo hay que estar mínimamente atentos.

Esta mañana me levanté con el ojo izquierdo completamente rojo. Descarto la posibilidad de que O. me haya dado un sopapo por la noche porque, aunque siempre se puede aprovechar del hecho de que tengo sueño de oso en pleno período de hibernación, creo que me tiene un cierto aprecio. Como ya es la tercera vez que me pasa en el último mes, decidí ir al oculista.

Después de descartar alergias y problemas de presión, el doc me preguntó, mientras me dilataba las pupilas: “¿Estás tomando algún tipo de anticoagulante?”. Sonreí, suspiré profundo y pensé que la infertilidad ya empezaba a explotarme por todos los ángulos de mi vida.

- Sí, aspirina de bebé, vitamina E y recientemente, Lovenox.
- ¿Lovenox?
- Es un anticoagulante; heparina de bajo peso molecular.
- Ahá… - con la mandíbula semi-abierta y apuntándome con una luz azul intensa en el ojo - ¿y eso por qué?
- Porque estaba haciendo un tratamiento de fertilidad – dije, mientras el lagrimón me caía por la mejilla, más que por el recuerdo del resultado del mismo, por la fastidiosa luz que no dejaba de achicharrarme la pupila.
- ¡Oh! – apartando la silla, para mirarme bien – parece que últimamente todo el mundo está en eso. Los hijos de unos amigos acaban de tener mellizos por medio de un tratamiento y están felices.
- Me imagino, –sonrisa forzada- yo también lo estaría.
- Mi sobrina no tuvo suerte y acaban de adoptar dos niños encantadores. Así como me ves – pelo blanco y cara de gringo- ¡Tengo dos sobrinos de ascendencia coreana!

Realmente, las infértiles estamos cambiando el mundo…
¿O fue Angelina la que empezó?


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10 de junio de 2008

Ser o no ser, la eterna duda

Agradezco el pedacito de sabiduría de cada una de ustedes. Absorbo como esponja las historias de quienes pasaron por un proceso de adopción. Las opiniones de quienes no han vivido infertilidad ni adopción no puedo de dejar de pasarlas por un tamiz. Finito como el de la pulpa de la naranja. Frunzo el ceño, levanto la ceja izquierda, en un gesto muy mío, y recibo el comentario con un sabor agrio en la boca, producto de mi corazón retorcido. No deja de asombrarme la facilidad con la que aquellos que tienen su progenie en casa y a buen resguardo, aconsejan la adopción para los demás. Borrando de un plumazo todo mi derecho al pataleo, a tener miedo, a llorar mi luto por los hijos nunca abrazados. Si total es lo mismo.

Tampoco me sirve el argumento de que la adopción es la ecuación perfecta: madre sin hijo se acopla perfectamente a hijo sin madre. Madre sin hijos tiene muchas alternativas e hijo sin madre puede ser adoptado por madre con o sin hijos. En el horóscopo chino soy serpiente de metal. Me dijeron lo que saben de esas cosas que mi lengua corta más rápido que el acero. Como además soy genéticamente tozuda, sólo basta que me quieran llevar de las riendas para la derecha para que tranque el paso y gire hacia el lado contrario. Como los burros. Alguna vez, alguien se atrevió a insinuar de forma algo insistente, para mi gusto, que tendría que considerar la adopción como una alternativa y todo lo que consiguió de mí fue un “o sea que, encima que no puedo tener hijos, ¿tengo que criar los de los demás?”. La cara que se le quedo fue de póster. Casi llevo mi cámara para perpetuar el momento. Lo sé, la respuesta correcta es “no son hijos de otros, sino hijos de nadie…”. Pero algunas veces hay que poner los puntos sobre las íes y otras veces hay que añadir también las diéresis.

Aún tengo muchas dudas sobre el tema pero estoy empezando a pensar que quizá, posiblemente, sea un escenario potencialmente satisfactorio. Descarto la adopción doméstica porque se lleva demasiado bien con todos mis miedos pero miro con curiosidad la adopción internacional. Procesos breves, trato inexistente con la mujer que los trae al mundo, adopción definitiva. Sé que en el fondo de mi encrespado corazón, aceptar la adopción hoy sería conformarme, elegir el menos malo de los mundos. Pero sospecho que puedo sentir de otra manera, si el tipo de adopción hace que pueda espantar mis recelos. Por lo pronto, tengo como cinco folletos de distintas agencias (compañías privadas sin fines de lucro) que se dedican a la adopción de niños rusos… Ahí están, nuevitos, sin estrenarse, guiñándome el ojo desde arriba de mi mesa ratona.

Para aquellas que han decidido adoptar, ¿lo han hecho a pesar de las vacilaciones? ¿O es que nunca tuvieron reparos? ¿Cómo se hace para seguir caminando de la mano de las dudas?


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4 de junio de 2008

Oda a los Miedos

Como es habitual, los comentarios que me dejan siempre me hacen pensar. Gracias.

Mi respuesta a la pregunta número 2 es exceso de Miedo.

Pero eso no basta; necesito conocer a mi enemigo, si quiero combatirlo. Miedo a lo desconocido no es suficiente, es demasiado genérico; pero pedirle el documento de identidad a los Miedos no es tarea fácil. A ver si logro pensar en voz alta con algún tipo de coherencia. Permítanme la honestidad de hablar acerca del lado oscuro de mi corazón sin tener miedo a morir apedreada.

Curiosamente, el miedo a la maternidad (“¿me querrá?”, “¿podré entenderlo?”, “¿sabré poner límites?””) que algunas de ustedes mencionaron, no está en mi lista. Y no porque crea que voy a ser la réplica de Caroline Ingalls sino porque son miedos lejanos. Es como gastarse el premio de la lotería, antes de comprar el boleto. Además, son miedos comunes con la maternidad biológica y como dice siempre mi padre, “si tantos tontos lo hacen, ¿por qué no lo voy a poder hacer yo?”

Me da miedo el tema de salud; los factores hereditarios que una nunca alcanzará a conocer hasta tener el problema delante de las narices. En casa, una sabe, poco más o menos, con lo que se enfrenta o con lo que le puede llover. Si el chico aprende a jugar al póker por dinero a los diez años o frunce la nariz frente a la comida recalentada, sale al padre. Si está en el cuadro de honor del colegio a los cinco años, es que sale, obviamente, a la madre. Sé que nunca hay garantías de nada, pero aceptar tantas incógnitas me crea ansiedad.

No me asusta la falta de amor. Estoy convencida de poder querer a un niño; a cualquier niño. Bueno, casi cualquiera… (tengo dos o tres en mente, con los cuales tendría que hacer un esfuerzo). Pero me pregunto si ese tipo de amor es el mismo que el que una madre tiene por su hijo y que comienza desde el día en que sale la doble rayita en el pipitest. El “bonding” del que hablaba Majito. ¿Puedo amar a mi hijo sabiendo que viene en camino desde un útero ajeno, aún antes de conocerlo? ¿Puedo estar convencida de que ése es MI hijo; y que sólo por razones del destino, vino a parar a mis brazos después del parto?

Otro factor que me eriza los pelos de la nuca es que la adopción, a diferencia del parto, viene de una historia de dolor, que se lleva de por vida, aunque tenga un final feliz. La historia de infortunios de la madre biológica, las adversidades que la llevan a abandonar a su hijo; mi dolor a la pérdida de la conexión genética y mi escasa habilidad de llevar a cabo una de las funciones que, si bien no me define como mujer, es inherente al género; el dolor del hijo rechazado al nacer. Sé que el sufrimiento y la pérdida son parte de la condición humana pero habiendo pasado por tanto dolor, durante tanto tiempo, me pregunto cuánto más de la misma dosis estoy dispuesta a tolerar.

Y eso me lleva a la Madre de todos los Miedos (que nadie mencionó, por lo que debe ser un fantasma de mi alma egocéntrica): la idea de tener un hijo “compartido”. En este país, las adopciones tienden a ser cada día mas abiertas. Los potenciales padres adoptantes tienen que competir entre sí para ganarse los favores de la madre biológica, quien normalmente elige con quien dejar a su hijo. Los lazos no terminan en el nacimiento y dicen quienes saben, que una relación adulta y armoniosa entre las tres partes involucradas, resulta en beneficio de la criatura. Me parece fantástico en los libros de psicología infantil, pero me pregunto diez veces por día si no seré yo quien termine en el diván. Sé que pareciera una reacción infantil pero si mi hijo siente que tiene dos madres, ¿cómo hago para levantarle el dedo índice y decirle “te lo digo yo, que soy tu madre”?

No tengo las respuestas todavía y los cabos siguen sueltos. Si bien pudiera pensarse que esta alternativa es la más práctica, a esta altura de las circunstancias, el corazón es más que una lista de pros y contras. La búsqueda, sin embargo, con paciencia y sin presiones, no es la parte más desagradable de este camino…



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30 de mayo de 2008

Coqueteando con la adopción

O. me conquistó hace como veinte años con su seguridad y sus preciosos ojos azules, de pestañas largas. Yo a él con mi risa y mis piernas largas. Cosa que, en perspectiva, resulta a todas luces injusta ya que, con los años él sigue teniendo sus mismos ojos y a mí las minifaldas ya no me sientan como anillo al dedo...

Sin embargo, y ya hablé antes del tema, mi mayor problema con la adopción no es la imposibilidad de perpetuar la carga hereditaria. Una pareja de amigos madrileños adoptaron a una preciosa niña china hace alrededor de un año. Se quedaron en casa unos días; hablamos del tema. A su partida me dediqué a bucear dentro de mi corazón para ver de dónde viene esa reacción involuntaria de rechazo. Como siempre, en este camino de la infertilidad, estamos obligadas a buscar respuestas sin cesar, a elegir, a razonar cada paso, a luchar con y contra los instintos. Nada viene por inercia. La indolencia nos deja en blanco; sólo avanzamos con esfuerzo consciente y calculado. De acuerdo que eso nos enriquece como personas, aunque hubiera agradecido lecciones algo mas económicas.

Y acá van las conclusiones de esta filósofa en alpargatas. Creo que el primer motor en la vida de una persona es el Amor. Y no lo digo en un sentido romántico y sensiblero, adjetivos de los que no soy muy cercana. Es simplemente que el Amor o la falta de él nos afecta profundamente desde el momento que tomamos la primera respiración en este mundo. No digo nada nuevo; cualquier médico o psicólogo puede decir lo mismo. Un enfermo apreciado se recupera más rápido que uno abandonado; un niño querido aprende más rápido que uno olvidado.

El segundo motor que va definiendo nuestros pasos creo que es el Miedo. El Miedo, o la falta de él, es quien nos dice para que lado debemos mirar o que piedras necesitamos esquivar. El miedo físico es primario y fácilmente detectable: palpitaciones, adrenalina y confusión generalizada. El miedo del corazón… ese es más tramposo. El miedo a no ser amados, a ser viejos, a ser pobres, a morir, a no ser aceptado o a fracasar se suele esconder entre los dobleces del alma y sólo se da a conocer en contadas ocasiones. Si una no está muy atenta, se nos disfraza de apatía, de cáncer, de migrañas o de insomnio y lo perdemos de vista. A veces se nos acerca en sueños pero todos sabemos la ligera consistencia con que están tejidas nuestras noches y poco provecho sacamos de nuestros simbólicos encuentros con el subconsciente. Y sin embargo, es sabido que los Miedos mueren con la luz del día, así que un esfuerzo consciente por sacarlos de las tinieblas es definitivamente sano y enriquecedor.

Así que me hice dos preguntas a mí misma:

Pregunta No. 1: “Mí Misma, ¿es preferible vivir un matrimonio feliz sin hijos o adoptar?”. La respuesta no se hizo dudar: depende.

Pregunta No. 2: “Mí Misma, ¿de qué depende: de falta de Amor o exceso de Miedo?” (pregunta de la que deriva, en su caso, la siguiente: “¿Miedo a qué?”)

Y dejo la pregunta picando en el área de gol para quien se atreva a darle una patada. Mi opinión en breve.



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27 de mayo de 2008

Y la cosa venía tranquila

Parecían unos días tranquilos, máxime cuando uno de los dos (y no soy yo) tenía un resfrío cargado de estornudos, capaces de arrancar de cuajo la copa de nuestras palmeras. Pero hoy me despierto con que twitter sigue sin funcionar, una familia de zorros ha decidido fundar su hogar y comenzar una nueva vida debajo del “deck” de nuestro jardín y una pequeña princesa sigue grave en la unidad de cuidados intensivos.

Acerca de twitter no se puede hacer nada más que esperar; acerca de Melanie, sé que la página está en inglés, así que les cuento un resumen. Su madre, Elisa, fue parte de nuestro foro de infertilidad cuando estaban buscando a la tercera niña, Angel, que nació el año pasado. Melanie nació perfecta y hermosa hasta que, unas horas más tarde, una bacteria destrozó sus pulmones; ha vivido todos sus siete años de vida con problemas respiratorios, internada durante demasiadas horas de su vida y sin poder jugar con otros niños ni ir a la escuela, ya que no puede estar expuesta a virus. En fin, el que puede donar algo, que done; al que no puede, le agradecería una oración o un pensamiento positivo hacia ella y su familia. Yo estoy tratando de hacer algo para cumplir uno de sus sueños pero es algo más difícil de lo que esperaba; si el tema avanza, ya les contaré.

Sobre los zorros, lo único digno de destacarse es que, no sólo no pagan alquiler sino que además son los vecinos más ruidosos que tenemos. O. se despierta con los aullidos de los cachorros durante la noche (yo no me despierto ni con un elefante) y alguien de su familia tiene excavada una autopista entre mi casa y la de mis vecinos. Si por lo menos posaran para mi cámara…


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23 de mayo de 2008

El valor de un buen consejo

Todos sabemos lo odiosos que son los consejos no solicitados y cómo la gente disfruta de darlos, más por satisfacción personal que por beneficio ajeno. Sin embargo, las que andamos por Internet también sabemos apreciar los buenos oficios de San Google y de muchos foros o blogs que nos llegan con la palabra justa, en el momento adecuado. Como ya he dicho antes, en este camino he aprendido mucho, pero la mayor parte de esas enseñanzas son tan útiles en esta vida, como saber deshojar una margarita. No creo que me diga San Pedro, el día que le vea la cara, “la verdad que no suelo dar cartas de recomendación, pero con la mano que tenés para poner agujas y la paciencia que tenés con los médicos, te mereces medalla de honor y 2 años menos de purgatorio”.

Sin embargo, hay algunas palabras que me hicieron bien, otras que me ayudaron a centrarme y algunas más que hubiera deseado tener en algún momento de este camino y nunca tuve. Muchas mujeres me escriben e-mails pidiendo consejo y yo, a veces, me debato entre ser totalmente honesta o echar un balde de pintura rosa a mis, a veces, agrios comentarios. Obviamente, opto por lo primero porque no sé cómo hablar con flores y debe ser que la sinceridad está bastante bien cotizada últimamente porque sino, no se explica una como me vuelven a escribir (y sin insultarme).

Para alguien que recién comienza este duro camino le diría que es vital rodearse de un buen equipo de apoyo médico (el mejor especialista en reproducción que puedan, un andrólogo, un hematólogo, un buen laboratorio); que no hablen del tema con aquellos que pueden reprobar sus actos y que nunca pero nunca, descuiden a su pareja empós del sueño maternal. Cada uno lleva el dolor a su modo, pero el sufrimiento es común, el proyecto es de los dos y nadie en el mundo los va a entender y aceptar como lo hacen ellos.

Sin embargo, el mejor consejo que puedo dar a aquellas que pasan por los “años negros”, los de desesperanza perpetua y primeras frustraciones, es que, hagan lo que hagan, sepan que todo va a pasar. Aunque no se vea. Aunque no se crea. Y ya que todo tiene su ritmo, incluso el dolor, y que esos tiempos son distintos de los nuestros, lo menos que podemos hacer es intentar una sonrisa. Aunque sea forzada. La infertilidad, igual que, supongo, todas las enfermedades, son invasivas. Te imponen horas, fechas, tiempos de espera; te inundan de medicamentos, te llevan los médicos a la cama; te hacen sentarte en las posiciones más inesperadas; te hacen tener frío en los hospitales y dormirte a la fuerza en los quirófanos; te empujan, te retienen, te reprimen, te angustian. Y aun, a pesar de todo eso y quizá por eso mismo, es necesario dejar todo a un lado y continuar siendo feliz. Aunque sea tan difícil de ignorar como un elefante pintado de verde y sentado al lado del camino, agitando una bandera roja, es necesario secarse las lágrimas, servirse una generosa copa de Torrontez y sentarse en un buen sillón, mirando el atardecer en buena compañia. Porque la vida es corta. Y no se repite.

¿Cuál es el mejor consejo que pueden pasar, de todas aquellas lecciones aprendidas con la puta infertilidad?


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19 de mayo de 2008

Dejarse llevar

Unos amigos nuestros, que estaban de novios en la universidad al mismo tiempo que O. y yo, acaban de cumplir quince años de casados. O. suele flagelarse a sí mismo cuando piensa en todo el tiempo que, según el, perdimos, habiéndonos casado hace sólo siete años. A mí es un tema que no me quita el sueño porque hace mucho tiempo aprendí que la Vida tiene una entidad propia y bien diferenciada de nuestros deseos. Tampoco pierde oportunidad la Vida para dejarnos saber quién es la que manda. Con suerte, a veces, caminamos en paralelo y si los planetas se ponen en línea, hasta nos agarramos de la mano y nos tiramos besitos cariñosos; pero la mayor parte del tiempo luchamos en contramano o nos dejamos llevar, sólo para evitar la fatiga.

Yo me dejé llevar durante muchos años porque sinceramente me daba igual ir para un lado que para otro. Ni el norte tenia un especial atractivo ni el sur me esperaba con los brazos abiertos; tanto me daba dar vueltas para la derecha como para la izquierda, si al final siempre terminaba en el mismo sitio. Y es bastante fácil vivir así, sin expectativas, sin miedo a las sorpresas y con la casa a cuestas como el caracol. Solitario, tal vez, pero escasamente complicado.

En el año 1990 me fui a Madrid a estudiar y cuando acabé no tenía muy claro para donde tenía que ir. Recuerdo que unos meses antes de la graduación, fui a pasar unos días con mi Tía La Monja en la hermosa ciudad de Santander, en la agreste costa norte de España. Su mejor amiga, una monja vasca muy divertida y con energía suficiente para arrastrar ella sola el seminario donde trabajaban, trataba de sumarme a sus filas. Me decía, en un perfecto discurso comercial, “somos una multinacional, te transfieren con frecuencia y tenemos sucursal en Argentina”. Pobre mujer, estaba tirando flores a los cerdos y no se daba por enterada.

Y sin embargo, ahora que sé lo que quiero, tengo la impresión de que no paro de luchar. “Lo encontrarás, cuando menos lo busques” era una de las frases manidas de mi madre cuando yo buscaba algo perdido por la casa. No sé como hacer para no buscar. ¿No tendré suerte y me dará amnesia?


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16 de mayo de 2008

Viernes Negro

Imagen de Dana durante el dia de la fecha:


Imagen de Dana a las cinco de la tarde, casi terminando el dia laboral:


Sábado, te espero impaciente.

13 de mayo de 2008

El Acido Fólico y la Mutación Genética

¿No es un nombre genial para un grupo musical?

En mis últimos estudios hematológicos, parece que con mis altos anticuerpos anticardiolipinas se encontraba mi baja homocisteína, oculta detrás de un sombrero. Como de costumbre, para algunos médicos, este hecho tiene la misma importancia que un estornudo; para otros, si va de la mano de otros trastornos sanguíneos, puede ser la madre de todos los problemas. Entre ellos, esta mi nuevo doc de California, con quien tuve el gusto de tener ayer mi primera consulta telefónica. Después de ver mi extenso expediente y de sorprenderse por el curriculum internacional de mis tratamientos, me dijo que había sido adecuadamente tratada y evaluada hasta la fecha, por lo que no pensaba hacer muchos cambios a mi protocolo. Sin embargo, comenzó a hablarme de la malvada homocisteína y sus vínculos ilícitos con el MTHFR (una mutación genética), el ácido fólico, los coágulos, las vitaminas B y me perdió por el camino, mientras frenéticamente trataba de anotar cada palabra como estudiante aplicada.

San Google sacó chispas en el día de ayer, y hasta me registré en un foro de MTHFR pero si bien la hiperhomocisteinemia parece ser causal de abortos frecuentes, poco y nada encontré sobre baja homocisteína. Los valores normales son de 5 a 12 y yo parezco tener 3. Receta final para el éxito según el doc: hormonas, altísimas dosis de acido fólico (para la homocisteína /MTHFR), Prednisone (otro juguete nuevo y misterioso) y Lovenox (Clexane) para los anticuerpos anticardiolipinas. Una pila de agujas para entrenarse un rato.

Altos niveles de homocisteína imposibilitan los embarazos, los complican o los extinguen. Este tipo de análisis no son rutinarios y una los descubre de casualidad, después de torturar el cerebro de los médicos para que saquen a relucir los más floridos métodos experimentales; millones de personas tendrán, por ejemplo, ataques cardíacos porque sus médicos miden el colesterol pero no la homocisteína, y nunca sabrán la causa. Lo cual confirma mi teoría de que la infertilidad sigue siendo una enfermedad aunque una no tenga diagnóstico. Algún día, en algún momento de la historia, una teoría se convertirá en ley o crecerán los microscopios y nos lloverán las respuestas. Quizá sea algo tarde para mí, pero lo que nos separa de la solución al problema no es mala voluntad ni falta de relajación, sino pura y simple ignorancia. La ciencia llega hasta donde puede y, si bien hoy sabemos mucho más de lo que conocíamos hace diez años, tenemos la mitad de los conocimientos médicos que tendremos en diez años más.

Por lo pronto, tengo profundos conocimientos científicos relacionados al sistema reproductivo que no sé para qué cuernos me sirven…



PD: una lata de cerveza contiene el diez por ciento del ácido fólico recomendado (en especial para nosotras, las deficientes en homocisteína) por día. Si me tomo diez cervezas por día, ¡soluciono el problema!



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8 de mayo de 2008

Ejercicio para el corazón

Mientras venía para la oficina, empezaron a pasar a los Bee Gees en la radio. No pude evitar sonreir y empezar a cantar “How Deep is Your Love” a todo pulmón desafinado (mi auto es mi burbuja privada y ahí no me tengo que preocupar por los demás).

Así me pasa con casi toda la música de finales de los setenta y ochenta. Conozco las canciones de memoria porque pasé horas cantándolas con amigas, copiando las letras para pasárselas a alguien o simplemente escuchándolas en mi “grabador” (el “walkman” vino más tarde). Algunas de las que leen este blog sabrán de qué hablo. Escucharlas ahora es recordar muchas cosas de mi adolescencia: los intercambios de ropa con mis amigas el día antes de ir a bailar, los paseos en bicicleta, los lentos, los veranos en la playa, los pantalones de raso color bronce, los recitales de Almendra, las escapadas del colegio para tomar sol antes de la fiesta de graduación y tantos muchos recuerdos. Están todos como atados de un hilo; si tiro de uno, vienen los otros detrás.

Tuve una hermosa infancia, una muy divertida adolescencia y en cuanto dedico un segundo a pensar en ello, me lleno de gratitud. En primer lugar, hacia mis padres, quienes, aún al día de hoy, son mi punto de partida; el hierro que nunca se mueve, aunque lo demás se desdibuje. Pero también hacia mis amigos, compañeros de colegio, padres de mis amigos (gracias, Basilio, ¡guárdenos un lugarcito allá arriba para cuando nos toque!), profesores; hacia la Vida y hacia el Repartidor de Suertes.

Así que hoy decidí poner por escrito todas aquellas dichas que me rodean. Para que nunca me olvide, para que nunca me sienta una víctima y para que, como decían el otro día, no sólo me defina por lo que me falta, sino también por todo aquello de lo que tan agradecida estoy.

- Estoy sana, camino, río y respiro sin dificultad alguna. Puedo sentir el sol por las mañanas, caminar descalza en el jardín y bailar frente al espejo durante horas.
- Comparto mi cama y mis días con la persona que más quiero en el mundo.
- Algunos amigos estuvieron en mi vida y pasaron de largo; como el puesto de garrapiñadas, que se va moviendo de una esquina a la otra. Otros siguen firmes, a pesar de los viajes, los huracanes y mis malhumores. Agradezco a todos.
- Tengo unos padres que se quieren y me quieren. Una hermana que siempre está cerca. Esa pequeña familia es la que dió los primeros pasos para que creciera en lo que ahora soy.
- Tengo una orquídea florecida desde hace un mes.
- Vivo en una ciudad que tiene unos trescientos días de sol al año y un mar de aguas templadas.
- Tengo un trabajo tranquilo, bien pagado; donde se me escucha y respeta.
- Tengo una Nikon D200 y un collar de perlas que me llega hasta el ombligo.
- Escribo en un blog donde me acompaña gente maravillosa, con coraje y compasión.

¿Qué cosas tienen para agradecer?


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6 de mayo de 2008

Y el ganador es…

Cuando era chica y veía películas del oeste, siempre me preguntaba como duraban tanto las peleas. Trompada en la mandíbula, caída abrupta en el suelo del saloon y el tipo se levantaba para que le dieran otra. Ahora tengo una idea algo más clara de cómo hacía el vaquero para levantarse y seguir peleando. Nada como la vida para aclararte las dudas.

Así que nosotros nos pusimos las botas de punta, el sombrero de cuero, las pistolas al cinto y salimos de nuevo a pedir cotizaciones en clínicas de fertilidad. Nuevamente uso el plural mayestático, dado que en realidad, la que anda revoleando opciones en Google, foros, e-mails, blogs y teléfono como desquiciada, soy yo. O. es como mi jefe: le gusta mantenerse informado pero no necesita más que un resumen ejecutivo. Hay un dicho en inglés que dice “el diablo está en los detalles” y ahí me regodeo yo con alborozo.

En esta ronda, y sabiendo que quedan pocas, me cuelgo de las estadísticas. No me importa como las clínicas lleguen a ellas, si tienen que rechazar pacientes o recitar un mantra con cada ultrasonido, siempre y cuando me muestren los números más altos de éxito. Y en el recuento cayeron varias alternativas por el camino; entre ellas, la de ir a Buenos Aires, ya que en Argentina no hay un organismo oficial que regule la información estadística de las clínicas y me cuesta mucho fiarme de las campañas publicitarias.

Las tres finalistas se desparraman por la costa oeste del país, lejano pero muy bello, Oregon, Colorado y California. Me gustan los aires del Pacífico, las montañas y ¡Hollywood! También consideré hasta último momento Cornell, en New York, pero finalmente optamos por irnos a California, específicamente a San Diego. Desayunaremos con Clint Eastwood



veremos atardecer juntando caracoles en el mar

y escucharemos a los Beach Boys
mientras paseamos con nuestra tabla de surf.




Si no puedo prever cuando llegará mi hijo, por lo menos le pongo entusiasmo a la organización de mis vacaciones…



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